“Lo he perdido todo”, dice don Domingo Cú con la voz quebrada y lágrimas en los ojos. El panorama es apocalíptico: todo lo que se ve son escombros de lo que parece una plantación de café. Después del confinamiento ocasionado por el COVID-19, don Domingo tenía puestas sus expectativas en la venta de sus cosechas para recuperar su economía. No obstante, los huracanes Eta e Iota que impactaron a Guatemala en noviembre con tan solo una semana de diferencia hicieron que, así como don Domingo, muchas pequeñas y pequeños agricultores perdieran toda esperanza de reanudar sus ingresos.
Sostenibilidad
La celebración del “Mes del Orgullo” nos recuerda que, si bien se han logrado algunos avances en la protección de los derechos de las poblaciones pertenecientes a las diversidades sexuales y de género, debemos reconocer que aún existen muchos riesgos adicionales a los que se exponen las personas LGBTIQ+ por la discriminación basada en su identidad de género y orientación sexual.
Dado que la infraestructura hoy en día genera el 70% de las emisiones de gas de efecto invernadero a nivel global, se requiere promover una economía de bajo carbono en las próximas décadas para hacer frente a este reto. En Latinoamérica, sin embargo, los niveles del producto Interno bruto (PIB) en inversiones de infraestructura no han igualado los objetivos de crecimiento verde en los últimos años.
Los habitantes de América Latina y el Caribe tienen la fortuna de vivir en una región de gran belleza natural, desde la interminable extensión del Amazonas hasta la cruda soledad de la Patagonia. Nuestra región posee el 40% de la biodiversidad del mundo y alberga siete de los 25 puntos críticos de biodiversidad. Tiene 11 de los 14 biomas terrestres y el segundo sistema de arrecifes más grande del planeta.
Al navegar por las redes sociales o consultar medios de comunicación culturales, económicos o sociopolíticos, habrás notado la creciente referencia a los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG o ESG por sus siglas en inglés) en el mundo corporativo y de las inversiones públicas y privadas. Esta tendencia se puede apreciar, por ejemplo, consultando la popularidad del término de “ESG” en las búsquedas globales de Google durante los últimos 5 años.
El océano cubre más de las tres cuartas partes de la superficie terrestre y desempeña un papel fundamental en la vida de muchas especies, incluida la humana. En términos económicos, la contribución del océano fue valorada por la OCDE (2016) en 1.5 billones de dólares para el año 2010, cifra que podría aumentar a 3 billones en 2030. Si a esto le sumamos los bienes y servicios ecosistémicos asociados a los océanos y zonas costeras del planeta, la contribución total asciende a 2.5 billones de dólares al año (WWF, 2015).
Hoy es el Día Mundial de los Océanos. Además de ser una fuente de alimento, los océanos son esenciales para la vida humana, ya que absorben más del 90% del exceso de calor atmosférico atrapado por los gases de efecto invernadero. Los efectos del cambio climático están alterando no solo los ecosistemas marinos, sino también las personas que dependen de ellos. Según la ONU, el 40% de la población total vive a menos de 100 km de la línea costera.
América Latina y el Caribe posee un patrimonio natural y cultural de extraordinaria riqueza.
Imagina lo que se sentiría perder a un padre, hermano o ser querido, tener que estar en cuarentena o distanciamiento social durante semanas, y luego descubrir que un gran proyecto de obras públicas producirá ruido y contaminación en tu vecindario durante los próximos seis meses. Las restricciones relacionadas con el COVID-19 siguen vigentes en varios países, ya que las infecciones y muertes diarias continúan alcanzando récords a pesar de los esfuerzos de vacunación, y los proyectos de construcción a menudo representan un nivel adicional de estrés que puede dar lugar a quejas y reclamos.
En una situación sin precedentes en la historia del Perú, más de 200,000 personas retornaron a sus ciudades natales en el campo desde ciudades como Lima, Arequipa o Cusco, debido a la situación económica que se produjo por el confinamiento obligatorio para contener la propagación de la COVID-19. La cuarentena decretada por el gobierno entre marzo y junio de 2020 tuvo un impacto casi inmediato en los ingresos de la población.