En el Día Internacional del Trabajador se suelen hacer anuncios o plantear reivindicaciones sobre temas que mejorarían la vida de los trabajadores, tales como aumentos del salario mínimo. Si bien estas iniciativas son relevantes para mejorar el nivel de vida de las personas, en la mayoría de los casos no dejan de ser parchecitos dentro de lo que son las difíciles condiciones laborales de muchos trabajadores de la región. Pero estos alivios no bastan.
Factor Trabajo
Todos sufrimos a la hora de ir a trabajar… Y más aún cuando, para ir a la oficina, dependemos del transporte público... Yo nunca olvidaré mi primer viaje hacia mi lugar de trabajo en uno de los colectivos bolivianos, en las estrechas calles de la capital andina. Al subir al minibús –nunca mejor dicho–, tuve la fortuna de poder tomar asiento. Ni en sueños me hubiese visto capaz de viajar –como tantos otros– agarrado a la puerta o haciendo equilibrios entre los destartalados asientos plegables.
El uso de cupones (vouchers) como herramienta de políticas públicas para incrementar el acceso a ciertos servicios (educación, capacitación laboral, etc.) se ha venido expandiendo en los últimos años, particularmente entre países desarrollados.
Dice la sabiduría popular que nada se puede esperar de quien no tiene hogar. Será por eso que un importante sector de la sociedad vive orientado a la tenencia de un hogar en propiedad, lo que supone en muchos casos un esfuerzo de ahorro que no termina hasta la proximidad de la edad de retiro. ¿Y entonces?
El 16 de marzo de este año cumplí cuatro años como funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A mí no me parece mucho tiempo, pero muchos trabajadores de América Latina tienen que enfrentar a un mercado laboral mucho más inestable. Para dar un ejemplo, la siguiente gráfica muestra la distribución del tiempo que un empleado recientemente contratado permanece en su empresa, usando una base de datos del Instituto Mexicano del Seguro Social. Creo que los resultados sorprenderán—o asustarán—a muchos.
Esta semana se ha publicado el "Panorama de la efectividad en el desarrollo 2013", que anualmente edita el Banco Interamericano de Desarrollo.
En América Latina las mujeres acumulan más años de educación que los hombres, pero acceden a empleos de menor calidad y reciben ingresos laborales más bajos (Ñopo, 2012). Para atacar este problema, las medidas que adoptan los gobiernos suelen centrarse en garantizar mejores oportunidades laborales para las mujeres, con leyes antidiscriminación y programas de formación e inserción laboral focalizados en la población femenina.
¿Cuáles son los factores que pueden contribuir a aumentar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo? El contexto socio-cultural que rodea a las mujeres es un aspecto poco explorado por los economistas a la hora de diseñar políticas públicas con equidad de género. Convencer a las mujeres de las ventajas de trabajar fuera de la casa no alcanza. Muchas veces son los hombres los que no quieren que eso suceda.
La baja cobertura previsional en América Latina y el Caribe se debe, en gran medida, a la incapacidad del mercado laboral de generar empleos formales, empleos que les permitan a los ciudadanos aportar a los sistemas previsionales. De esta incapacidad, ha surgido en la región un nivel significativo de informalidad que ha impactado directamente los niveles de cotización al sistema.