Los medios de comunicación han estado dedicados en los últimos meses a contarnos cómo el precio del petróleo está bajando: un barril vale ahora menos de la mitad que el año pasado. A ello hay que añadirle la amenaza de que los precios de los minerales sigan cayendo, lo que hace que las perspectivas económicas para América Latina y el Caribe se vean cada día menos halagadoras.
Factor Trabajo
Mejorar las oportunidades de los jóvenes en el mercado laboral es una de las principales asignaturas pendientes de los países de América Latina y el Caribe. Reducir las tasas de desempleo juvenil no es sencillamente un desafío más: se trata de una de las mayores dificultades a las que se debe hacer frente, ya que los jóvenes latinoamericanos afrontan tasas de desempleo tres veces mayores que las de los adultos.
Miles de jóvenes peruanos se movilizaron en las últimas semanas para protestar contra una ley aprobada por el Congreso de la República del Perú. Se trataba de una norma que buscaba promover la contratación formal de los jóvenes y atacar así el severo problema de la informalidad juvenil que afecta al país: actualmente un 80% de los peruanos de 15 a 24 años que tienen un empleo no cuentan con una pensión. Para motivar a las empresas a contratar formalmente y capacitar a los jóvenes, la ley estipulaba el recorte de ciertos derechos laborales.
En los próximos años, las pensiones van a convertirse en un tema candente en América Latina y el Caribe. La mayoría de países de nuestra región van a tener que abordar reformas estructurales de sus sistemas de pensiones.
Si usted está en contra de la inmigración, le invito a hacer conmigo el siguiente ejercicio de empatía. Imagine que nace y crece en un país en el que el ingreso medio de las personas es de apenas 120 dólares al mes. Su vida no es en absoluto fácil: en su día a día tiene que ingeniárselas para poder alimentar a su familia, no dispone de recursos como la luz eléctrica o el agua potable y, por supuesto, no tiene acceso a los centros de salud.
En mi blog anterior ('Superando el límite de los 120 años de edad') llamaba la atención sobre el incremento que se viene produciendo en el número de personas centenarias, pero más allá del aspecto estadístico esta tendencia tiene consecuencias socioeconómicas.
Se asocia habitualmente la productividad a la tecnología: cuanto más modernos y rápidos son los equipos con los que trabajamos, mayor es nuestra producción. Tal afirmación es incorrecta, puesto que omite un aspecto esencial para que las empresas y la economía de un país sean productivas: contar con buenos trabajadores, suficientes en número y bien preparados. En definitiva, ¿de quién depende la producción y el manejo de la tecnología si no es de las personas, de los trabajadores?
Si, como yo, eres fan de la trilogía de películas The Matrix de los hermanos Wachowski, es probable que este dato te cause nerviosismo: según indica un estudio reciente de The Millenium Project, más del 40% de los trabajos actuales desaparecerá en 20 años, reemplazados por robots e inteligencia artificial.
¿Recuerdas lo difícil que fue conseguir tu primer trabajo? ¡Pues imagínate lo complicado que sería si, además, provienes de algún grupo en riesgo de exclusión social –porque eres madre soltera, pobre o indígena– o si no conoces a gente que te ayude! Por eso, diversos países han creado programas de capacitación orientados a facilitar que los colectivos con menos oportunidades puedan encontrar un empleo. Pero, ¿cuáles son los ingredientes necesarios para que estos programas sean eficaces? Creo que hay tres factores que juegan un papel clave para el éxito. 1.
Si tuviéramos que hacer un ranquin de los Servicios Públicos de Empleo, Corea ocuparía, sin duda, uno de los primeros puestos mundiales. Un dato de muestra: los Job Centers (Oficinas de empleo) consiguieron empleo para 1,5 millones de personas con sólo 4.000 funcionarios, mientras que otros países, como Japón, insertaron 1,9 millones de trabajadores con 28 mil funcionarios. Pero ¿cuáles son las claves del éxito del SPE de Corea?