La crisis sin precedentes que ha desatado COVID-19 ha hecho aún más evidente la importancia de saldar la acuciante deuda que venía acumulando la región con su capital humano.
Factor Trabajo
Vivimos en un mundo marcado por la cuarta revolución industrial y el cambio climático, en continua e intensa transformación, hiperconectado, en sociedades más inclusivas y diversas, con el mercado laboral cambiando a un ritmo vertiginoso y variadas formas de aprender.
A menudo, los servicios públicos de empleo no se diseñan con una perspectiva global. Los sistemas que utilizan servicios digitales se van construyendo por trozos y de forma aislada, duplicando e incluso triplicando los requerimientos de información, en lugar de reutilizar los datos que ya tiene la entidad. Además, mantienen muchas de las ineficiencias de procesos propias de los trámites manuales realizados en papel, cuando esa información se encuentra ya en otra base de datos.
Colombia tiene una de las tasas de desempleo más altas de la región, además de una muy alta informalidad laboral. Acceder a empleos de calidad es difícil para muchos colombianos, pero sobre todo para los menos educados, las mujeres, los jóvenes y las minorías étnicas.
Con todo el avance tecnológico que estamos experimentando, solo es cuestión de tiempo para que los servidores públicos se vuelvan irrelevantes… ¿cierto? Así podrían pensar algunas personas al leer los estudios más pesimistas acerca del impacto de la automatización en el empleo. Por ejemplo, el estudio de Frey y Osborne estima que el 47% de los trabajos de Estados Unidos está en riesgo de automatización.
La teoría económica es bastante clara sobre cómo enfrentar las consecuencias de una crisis. Una intervención estatal es necesaria para favorecer el gasto de empresas y hogares, crear actividad económica para las empresas, lo que crea más oportunidades laborales y a su vez mejora el poder adquisitivo de los hogares, permitiendo más gastos. Y así sucesivamente.
La cuarta revolución industrial ha traído consigo un proceso de desarrollo tecnológico e industrial vinculado con tecnologías como la robótica, el internet de las cosas y la conexión de dispositivos, entre otras. De esta manera, al igual que las tres anteriores, esta revolución ha generado una nueva organización de procesos y medios de producción.
¿Se puede conseguir un trabajo de buena calidad en América Latina y el Caribe sin ningún título o credencial? Desafortunadamente, la respuesta es no. El mercado laboral actual sigue dependiendo en gran medida de las credenciales académicas y profesionales formales. Esta dependencia genera un enorme obstáculo para millones de trabajadores informales que adquieren y/o desarrollan habilidades y competencias fuera de las vías de educación formal, y para los migrantes que no tienen cómo acreditarlas.
El mundo del trabajo está experimentando una profunda transformación a raíz de la pandemia del COVID-19. Empresas de todos los tamaños han tenido que migrar a un entorno digital, y es muy común escuchar que “el teletrabajo llegó para quedarse”.
América Latina y el Caribe se encuentra en un proceso acelerado de envejecimiento, por lo que resulta urgente que cada persona esté consciente sobre los retos que enfrentará durante su vejez. Sin embargo, para muchos no es nada sencillo pensar en ello en un contexto de dificultades económicas y con empleos informales.