Es una realidad que, en el contexto de las medidas adoptadas durante la pandemia del COVID-19, el teletrabajo fue un tema central durante 2020 y lo seguirá siendo en 2021. Para quienes ya lo practicábamos, fue pasar de una modalidad opcional y ocasional a una obligatoria y regular.
Factor Trabajo
El Día Internacional de los Trabajadores es una ocasión para conmemorar a las personas que ponen a funcionar el engranaje de nuestras sociedades. Más allá de ser esencial para el funcionamiento de las economías, el trabajo es la base del progreso, la llave que abre las puertas de un futuro mejor. Para muchas mujeres, el trabajo es también una herramienta de superación que les permite abrirse camino en un mundo que históricamente les ha puesto mil y una barreras.
La crisis económica causada por el COVID-19 ha tenido impactos sustanciales en los mercados laborales de América Latina y el Caribe. Se llegaron a perder más de 31 millones de empleos, 8,2 de ellos formales.
La recuperación de la crisis que atraviesa América Latina y el Caribe seguramente no va a ser rápida ni sencilla. No en vano, la región ha recibido un zarpazo histórico en los últimos 14 meses, tanto en el ámbito sanitario como en el económico y, por supuesto, en el laboral. Si bien resulta difícil describir con palabras la magnitud de lo ocurrido, quizá esto se puede explicar con una obviedad: todos, sin excepción, nos hemos visto afectados directa o indirectamente por la pandemia del COVID-19.
Estamos viviendo una crisis sanitaria no conocida por nuestras generaciones que ha devenido también en una importante crisis económica. Ésta es diferente a las últimas que hemos vivido en su origen, pero muy probablemente no sea distinta en sus consecuencias. Ahora bien, una pregunta bastante actual es a qué tipo de “nueva normalidad” queremos volver cuando la actividad económica se recupere.
La crisis generada por el COVID- 19 ha exacerbado los desafíos económicos y sociales en el mundo. La pandemia ha evidenciado el impacto de la desigualdad y la discriminación, así como la vulnerabilidad de ciertos sectores. Una de las poblaciones que se han visto más afectadas en América Latina son las mujeres.
En los últimos años he escuchado varias veces a colegas y amigos hombres comentar que, a pesar de que las empresas donde trabajan les permiten flexibilidad para, por ejemplo, llevar a sus hijos al médico o ir a un acto escolar en “horario de trabajo”, en la práctica esto aún puede ser mal visto por colegas y supervisores. Más aún, es posible que incluso el o la pediatra les pregunten “qué le pasó a su señora”, como si algo debiera haber pasado para que un padre lleve a sus hijos al médico.
El año pasado participé en diversos procesos de entrevistas de trabajo, pero uno de ellos dejó las primeras tres preguntas dando vueltas en mi cabeza por varios días: ¿Cuántos años tienes? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos? Después incluso me preguntaron que si estaba embarazada. ¡Fatal! Esto me hizo cuestionar si en las entrevistas de trabajo nos preguntan lo mismo a las mujeres que a los hombres.
La crisis sanitaria de COVID-19 está provocando una crisis adicional: la crisis del empleo femenino. Y no es solo en América Latina y el Caribe: es un tema mundial. De acuerdo con datos del Observatorio Laboral COVID-19 del BID, la crisis del empleo femenino se manifiesta a voces en varios países de nuestra región.
El primer contagio oficial de COVID-19 en América Latina ocurrió hace justo un año, el 26 de febrero del 2020, en Brasil. Desde entonces, las medidas para enfrentar la pandemia han generado impactos sin precedentes en los mercados laborales de la región, que registraron la mayor pérdida de empleos al final del primer semestre de 2020.