En el BID, estamos comprometidos a apoyar a los países de América Latina y el Caribe en la construcción de sistemas energéticos confiables, asequibles, seguros, sostenibles y resilientes, alineados con sus prioridades de desarrollo y sus recursos naturales.
Nuestro objetivo es ayudar a los países a ampliar las oportunidades de crecimiento, fortalecer la competitividad y mejorar el nivel de vida mediante mejores servicios energéticos, instituciones más sólidas y políticas sectoriales adecuadas.
En este contexto, el BID lidera la elaboración de políticas energéticas, estrategias, lineamientos operativos y programas sectoriales; genera trabajos analíticos, evidencia y productos de conocimiento sobre los principales desafíos del sector; y brinda apoyo técnico especializado a las operaciones y actividades en los países miembros prestatarios.
El sector energético es un pilar fundamental para el desarrollo económico y social de América Latina y el Caribe. La energía sustenta la mayoría de las actividades humanas modernas y constituye un insumo esencial para la producción de bienes y servicios, influyendo directamente en las estructuras de costos, la productividad, la competitividad económica y el costo de vida.
Los países de América Latina y el Caribe cuentan con un perfil energético único: una oferta de energía primaria dominada por combustibles fósiles, junto con la matriz eléctrica más limpia del mundo. Más de dos tercios de la oferta de energía primaria de la región provienen de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón), lo que refleja la importancia que estas fuentes continúan teniendo para sectores como el transporte y la industria. Al mismo tiempo, aproximadamente el 60% de la electricidad se genera a partir de fuentes renovables, principalmente energía hidroeléctrica, complementada cada vez más por energía solar y eólica. Varios países generan la gran mayoría de su electricidad con fuentes renovables, por lo que el promedio regional se sitúa muy por encima del promedio mundial, donde alrededor del 30% de la electricidad proviene de fuentes renovables.
La integración energética regional puede fortalecer la flexibilidad y la confiabilidad de los sistemas eléctricos al permitir que los países compartan recursos, gestionen de manera más eficiente la variabilidad de la generación y se apoyen mutuamente mediante intercambios transfronterizos de electricidad.
El Grupo BID apoya las prioridades de los países promoviendo una cartera energética diversificada que reconoce el papel complementario de las distintas fuentes de energía. Este enfoque fortalece la seguridad energética y la resiliencia, al tiempo que amplía el acceso a servicios energéticos asequibles, confiables y de calidad para reducir la pobreza, promover la inclusión y generar oportunidades.
Si bien la región ha logrado avances importantes en las últimas décadas para ampliar el acceso a la electricidad, especialmente reduciendo la brecha entre zonas urbanas y rurales, el acceso universal sigue siendo un desafío. Cerca de 18 millones de personas aún carecen de electricidad, lo que evidencia la necesidad de cerrar las brechas de última milla con intervenciones focalizadas.
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