- Las sequías reducen la generación hidroeléctrica en aproximadamente un 25%, obligando a los sistemas a compensar con plantas térmicas que pueden aumentar los costos de generación y las emisiones de contaminantes, de acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
- En América Latina y el Caribe, donde la hidroelectricidad representa casi la mitad de la matriz eléctrica, la variabilidad hidrológica es un riesgo sistémico subestimado.
- La resiliencia eléctrica ante sequías requiere planificación con escenarios hídricos extremos, portafolios de generación diversificados y atención a los impactos ambientales locales.
A medida que nos preparamos para una nueva temporada de El Niño, una pregunta se vuelve cada vez más relevante: ¿qué ocurre con los sistemas eléctricos cuando una fuente de energía tan importante como el agua escasea?
Para América Latina y el Caribe, donde la generación hidroeléctrica ha sido históricamente uno de los pilares del suministro de energía (el 47% de la matriz eléctrica en los últimos veinte años, según Ember, 2026), la sequía no es solo un fenómeno hidrológico extremo, sino también un choque energético, con ciertas consecuencias.
Cuando bajan los niveles de los embalses y disminuyen los caudales de los ríos, los sistemas eléctricos deben ajustarse para garantizar el suministro. La forma en que lo hacen tiene implicaciones importantes para la confiabilidad del servicio, la asequibilidad, las emisiones de CO₂ y las decisiones de inversión de largo plazo en el sector eléctrico.
En nuestro estudio “Impulsando la energía en tiempos de sequía: el impacto de la escasez de agua en la generación de electricidad” (disponible en inglés) aportamos evidencia rigurosa sobre este desafío. Nuestro análisis se enfoca en Chile, donde la generación hidroeléctrica en los últimos 20 años ha representado el 31% del portafolio de generación del país.
Utilizando datos a nivel de planta, combinados con información hidrológica por cuencas, el estudio analiza cómo las sequías afectan la generación eléctrica. Además, examinamos cómo responden los sistemas cuando cae la producción de plantas hidroeléctricas y qué implicaciones tienen estas respuestas para las emisiones y la inversión a largo plazo.
¿Qué pasa con la generación de electricidad cuando el agua escasea?
Los resultados son claros. Las sequías locales reducen la generación hidroeléctrica en aproximadamente 25%. Se trata de un efecto considerable, que confirma la vulnerabilidad de los sistemas eléctricos frente a la variabilidad hidrológica.
Sin embargo, la historia no termina allí porque los sistemas eléctricos tienen que adaptarse a esta nueva realidad. Cuando disminuye el nivel de generación eléctrica a partir de fuentes hídricas, las plantas térmicas con capacidad disponible aumentan su producción para ayudar a preservar la confiabilidad del sistema en el corto plazo.
Esta respuesta es fundamental. Permite mantener el suministro eléctrico durante períodos de escasez hídrica. Pero también involucra un trade-off importante. El mismo ajuste que protege la confiabilidad del servicio también puede aumentar la contaminación local.
El estudio encuentra que las emisiones de las plantas térmicas con mayor capacidad disponible aumentan cerca de un tercio durante sequías sistémicas, lo que equivale a alrededor de 1,5% de las emisiones anuales en Chile. En otras palabras, la sequía puede generar una doble carga: las zonas afectadas enfrentan escasez de agua y, al mismo tiempo, el sistema eléctrico recurre con mayor intensidad a fuentes de generación más contaminantes.
Implicaciones para América Latina y el Caribe
Esta evidencia es particularmente relevante para nuestra región. En América Latina y el Caribe, la hidroelectricidad sigue siendo una pieza fundamental de la generación eléctrica. Algunos países son especialmente vulnerables: con matrices poco diversificadas, la hidroelectricidad puede llegar a representar más del 50% de su portafolio de generación.
Esto ha sido una ventaja al permitir matrices eléctricas bajas en emisiones, pero también implica una exposición significativa a la variabilidad hidrológica y otros fenómenos climáticos. En las zonas andinas, el norte de Sudamérica y la costa pacífica de Centroamérica, El Niño puede reducir la disponibilidad de agua, aumentar la incertidumbre y obligar a los países a operar sus sistemas eléctricos bajo condiciones de estrés.
La lección de política no es que los países deban abandonar la hidroelectricidad. La hidroelectricidad seguirá desempeñando un papel importante en muchos sistemas eléctricos, especialmente cuando aporta flexibilidad, almacenamiento y generación baja en carbono. La lección es que los sistemas dependientes de la hidrología deben planificar para un futuro en el que la disponibilidad de agua será menos predecible.
Esto requiere avanzar en tres prioridades:
- Incorporar explícitamente el riesgo de sequía extrema, y la variabilidad y los cambios extraordinarios en la hidrología, en las metodologías contenidas en la planificación eléctrica de los países, incluyendo escenarios con choques hídricos más frecuentes y severos.
- Diversificar y aumentar la flexibilidad de los portafolios de generación, promoviendo un sistema tecnológicamente neutral (alineado con la dotación de recursos de cada país y sus objetivos de desarrollo). El objetivo no es prescribir una tecnología específica, sino asegurar que los sistemas cuenten con suficiente flexibilidad para responder a los choques al menor costo ambiental-económico-social posible.
- Considerar los impactos locales de las respuestas del sistema. Cuando las plantas térmicas compensan la caída de la generación hidroeléctrica, los costos ambientales pueden concentrarse en determinadas comunidades. Por ello, la planificación de la resiliencia debe considerar no solo la seguridad del suministro, sino también la contaminación local y sus impactos distributivos.
El Niño nos recuerda que la variabilidad y el cambio de los patrones meteorológicos e hidrológicos no son un riesgo lejano. Para América Latina y el Caribe, el desafío es transformar este riesgo en mejor planificación: construir sistemas capaces de resistir sequías, preservar la confiabilidad del sistema y proteger a hogares y empresas.
Es posible que los sistemas eléctricos se adapten y sean resilientes a las sequías. Pero hacerlo bien requiere anticipar y planificar para minimizar los costos económicos y sociales de este evento climático mediante una política energética coordinada.
Conoce más en nuestra publicación: Powering Through Drought: The Impact of Water Scarcity on Electricity Generation