• La energía no solo impulsa la economía, sino que también sostiene el cuidado, la salud, la autonomía y el bienestar de millones de personas.
• La brecha de acceso a energía segura, confiable y asequible limita oportunidades y aumenta las necesidades de cuidado, especialmente en una región que envejece rápidamente.
• Cerrar estas brechas requiere diseñar sistemas energéticos centrados en las personas, que contribuyan a mejorar la calidad de vida y reducir las desigualdades.
La energía suele pensarse en términos de infraestructura, tarifas, generación eléctrica y capacidad de respuesta a una demanda creciente. Hablamos de redes y suministro. Sin embargo, rara vez pensamos en algo mucho más cotidiano: cómo la energía sostiene el cuidado. Hasta que falla.
Un apagón puede significar mucho más que quedarse sin luz. Puede detener el ascensor que una persona mayor necesita para salir de casa, interrumpir un equipo médico, dificultar el teletrabajo o la educación virtual o hacer que tareas cotidianas de cuidado como cocinar, lavar ropa o cuidar a otra persona requieran más tiempo y esfuerzo.
Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la División de Energía trabaja para fortalecer sistemas energéticos confiables y resilientes que contribuyan al bienestar de América Latina y el Caribe. Esta entrada explora una dimensión menos visible: su relación con el cuidado y con las tareas que sostienen la vida cotidiana. La energía no solo mueve economías y ciudades; también sostiene hogares, rutinas y bienestar.
La brecha de acceso a energía de calidad también afecta el cuidado
Millones de personas en América Latina y el Caribe viven en condiciones de pobreza energética, una situación caracterizada por limitaciones en la calidad, confiabilidad y asequibilidad de los servicios energéticos necesarios para el bienestar cotidiano.
Esto incluye falta de conexión eléctrica o de acceso a soluciones de cocina limpia, así como servicios inestables, viviendas difíciles de calentar o enfriar adecuadamente, altos costos energéticos, refrigeración insuficiente o dependencia de combustibles contaminantes para cocinar. Según estimaciones de un estudio en preparación del BID, en América Latina y el Caribe, 18 millones de personas no tienen acceso a electricidad y cerca de 70 millones aún dependen de combustibles contaminantes para cocinar.
El desafío será cada vez mayor. América Latina y el Caribe está envejeciendo más rápido que cualquier otra región del mundo y, para 2050, una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años. A medida que la población envejece, será cada vez más importante contar con servicios energéticos confiables para sostener actividades esenciales de cuidado y atención, incluyendo atención médica, teleasistencia y las rutinas de quienes cuidan y son cuidados.
Cuando los servicios energéticos son insuficientes o se interrumpen, las tareas de cuidado no desaparecen. Las personas deben reorganizar sus rutinas, asumir esfuerzos adicionales o encontrar alternativas para mantener el funcionamiento cotidiano del hogar.
Estas cargas tampoco se distribuyen necesariamente de manera equitativa. Cuando resolver las deficiencias de los servicios energéticos requiere más tiempo o trabajo, pueden reducirse las oportunidades disponibles para el empleo, la educación, el descanso o la participación en la comunidad, profundizando desigualdades existentes.
Mayor acceso a energía segura y asequible ayuda a reducir desigualdades
El acceso a energía segura, confiable y asequible puede transformar oportunidades, bienestar y calidad de vida, y convertirse en una oportunidad histórica para reducir desigualdades.
En Perú, por ejemplo, el acceso a electricidad permitió aumentar cerca de un 50% el tiempo dedicado a la lectura en niños y niñas. En Guatemala, el acceso a electricidad redujo en aproximadamente 34% el tiempo dedicado a cocinar, y en Nicaragua aumentó en 23% la posibilidad de que las mujeres trabajaran fuera del hogar en trabajo remunerado. Estos ejemplos muestran que el acceso a servicios energéticos puede liberar tiempo y ampliar oportunidades.
Sin embargo, es importante observar que muchas de las barreras que enfrentamos no se relacionan únicamente con el acceso a infraestructura, sino también con desigualdades estructurales en educación, participación y acceso a oportunidades económicas. Si bien el acceso a la energía no resuelve estos desafíos por sí solo, es un elemento clave de una estrategia más amplia para reducir desigualdades y mejorar el bienestar.
Diseñar sistemas energéticos centrados en las personas
Si queremos que los sistemas energéticos respondan mejor a las necesidades de las personas, no basta con ampliar la cobertura o incorporar nuevas tecnologías. También es necesario considerar cómo se distribuyen los beneficios de la energía, quiénes enfrentan mayores barreras y cómo diseñar soluciones que respondan a las realidades de los hogares. Esto implica avanzar en tres dimensiones:
1. Hacer la energía más asequible: el costo de la energía puede limitar el acceso a servicios esenciales, especialmente en hogares vulnerables o que dependen de la energía para su salud y bienestar. Por eso, las políticas de asequibilidad y protección son fundamentales para una transición energética centrada en las personas. En Brasil, la Tarifa Social de Energía Eléctrica ha mejorado la asequibilidad energética para hogares de bajos ingresos. En Argentina, el BID promueve mejorar la focalización de subsidios energéticos, tanto eléctricos como de gas, y proteger a hogares vulnerables.
2. Llevar las necesidades de las personas al diseño de los sistemas: diseñar sistemas energéticos centrados en las personas implica comprender mejor cómo diferentes grupos viven y utilizan los servicios de energía. Las necesidades de una persona mayor, una familia de bajos ingresos o una persona que depende de un equipo médico pueden ser diferentes, y esas diferencias deberían informar la planificación y el diseño de las intervenciones. En Guatemala, el BID está apoyando programas para ampliar la cobertura eléctrica en zonas rurales, contribuyendo al desarrollo y bienestar de las familias.
3. Incorporar nuevas perspectivas: las personas que utilizan los servicios energéticos deben tener mayores oportunidades de participar en su diseño y operación. Esto requiere mayor diversidad en el sector energético. Aunque las mujeres representan aproximadamente el 60% de las personas graduadas universitarias en América Latina y el Caribe, solo alrededor del 30% elige carreras STEM. Fortalecer su participación puede aportar nuevas perspectivas al diseño de los sistemas energéticos para atender las necesidades de esta población, que asume una gran parte de las responsabilidades de cuidado.
La energía como habilitadora del bienestar
Hoy, el reto es ampliar cómo entendemos la energía. No solo como un servicio o un motor económico, sino también como una infraestructura que hace posible la salud, la autonomía, el bienestar y el cuidado.
En una región donde las necesidades de cuidado seguirán aumentando, contar con sistemas energéticos confiables será cada vez más importante para sostener la calidad de vida de las personas. Porque, al final, la energía sostiene algo mucho más fundamental que la economía: la posibilidad de que las personas puedan vivir, cuidar y ser cuidadas con dignidad.
A través de la División de Energía, el Banco Interamericano de Desarrollo viene impulsando esta agenda mediante financiamiento, generación de conocimiento y apoyo al diseño de políticas públicas.
Varios de estos estudios han permitido comprender mejor los patrones de consumo y la asequibilidad energética de los hogares de la región, así como los beneficios sociales y económicos asociados al acceso a servicios energéticos confiables.
Conoce algunos estudios del BID sobre consumo, asequibilidad y acceso a servicios energéticos en la región:
- Electricity Rate Structure Design in Latin America
- How do household consume energy, Evidence from Latin American and the Caribbean Countries
- Meeting challenges, Measuring Progress, The Benefits of Sustainable Energy Access in Latin America and the Caribbean
- De Estructuras a Servicios: El camino a una mejor infraestructura en América Latina y el Caribe