Pasar al contenido principal

Incorporar la gestión del riesgo de inundaciones es clave para construir una infraestructura social resiliente

Naturaleza, clima y riesgo de desastres Incorporar la gestión del riesgo de inundaciones es clave para construir una infraestructura social resiliente La infraestructura social resiliente a las inundaciones protege vidas, mantiene los servicios y reduce los costos de recuperación. Mayo 26, 2026
manaus
Comparte
Mensajes clave
  • La infraestructura social resiliente es esencial para proteger vidas y garantizar la continuidad de servicios básicos ante inundaciones y otros eventos extremos.
  • La gestión del riesgo de inundaciones debe incorporarse desde las primeras etapas del diseño para reducir vulnerabilidades, mejorar el desempeño y aumentar la vida útil de la infraestructura.
  • Invertir en infraestructura resiliente es una decisión social y financiera inteligente, porque reduce pérdidas, baja los costos de recuperación y fortalece el desarrollo a largo plazo.

La infraestructura social resiliente ya no es opcional: es esencial para proteger vidas y mantener servicios básicos. Así lo demuestran dos iniciativas en curso del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Brasil en las ciudades de Porto Alegre y Manaus, que buscan fortalecer su infraestructura contra inundaciones con apoyo técnico y financiero del Banco.

En mayo de 2024, el estado brasileño de Rio Grande do Sul sufrió la peor inundación en 80 años: más de 1,4 millones de personas resultaron afectadas y cerca de 600.000 fueron desplazadas, de acuerdo con el Center for Disaster Philanthropy. En Porto Alegre, la capital estatal, el nivel del río Guaíba alcanzó 5,30 metros, un récord desde 1941, según la agencia Reuters. Manaus se consolidó como la ciudad brasileña con más alertas por riesgo de desastres en 2024 en el país, registrando 50 notificaciones, según reportó el portal G1.

La magnitud de estos impactos subraya la urgencia de que los gobiernos fortalezcan la resiliencia de la infraestructura frente a este tipo de desastres. Eso implica invertir en infraestructura que permita a escuelas, centros de salud y espacios públicos seguir funcionando en condiciones extremas. Esta infraestructura social resiliente es, pues, imprescindible para proteger vidas y garantizar continuidad de servicios. 

Para ello, es fundamental incorporar la gestión del riesgo hidrometeorológico desde las etapas más tempranas del diseño y de la planificación. Este es un esfuerzo que impulsamos desde el BID en nuestros proyectos con gobiernos locales y estatales. En particular, promovemos la integración de criterios de resiliencia en obras sociales, el análisis de riesgos y el fortalecimiento institucional para enfrentar inundaciones cada vez más frecuentes y severas.

Cómo incorporar la gestión del riesgo hidrometeorológico en el diseño

La incorporación de la gestión del riesgo hidrometeorológico en el diseño de la infraestructura debe distinguir exposición (el estar en áreas susceptibles a amenazas) de vulnerabilidad (las condiciones que aumentan la susceptibilidad al daño). Esa precisión conceptual orienta decisiones tácticas y presupuestarias más efectivas.

Diseñar con resiliencia significa: prever la inundación antes de que llegue; tener en cuenta las lecciones aprendidas de eventos anteriores; elevar los suelos antes de que se inunden; elegir materiales que resistan donde la madera se deteriora y el hormigón se agrieta; y pensar en fuentes alternativas de agua, energía y comunicaciones cuando el suministro de la ciudad falla. Pero también significa capacitar a las comunidades locales y a los gobiernos para supervisar, cuidar y adaptar estas infraestructuras de forma continua porque en la resiliencia la responsabilidad debe ser compartida.

De los mapas a la obra: estrategias que funcionan

Para que la infraestructura social pueda resistir inundaciones cada vez más frecuentes, no basta con identificar riesgos: es necesario traducir esa información en decisiones concretas de diseño, construcción y mantenimiento. Describimos, a continuación, algunas estrategias que pueden funcionar:

  1. Utilizar datos para informar la localización de servicios públicos. Modelos hidrológicos, mapas de inundación y estudios geotécnicos guían dónde emplazar escuelas y centros de salud para que sigan operativos tras lluvias extremas. Es prioritario coordinar visitas de campo para validar información recolectada.
  2. Proteger los servicios críticos. Garantizar accesibilidad, elevar pisos y ubicar equipos esenciales por encima de niveles de riesgo es una precaución que sobre el papel puede parecer un detalle, pero representa, en la práctica, la diferencia entre un centro de salud cerrado o uno en funcionamiento durante momentos de crisis.
  3. Adaptar los materiales al clima. En condiciones de alta humedad, especificaciones como cubiertas ventiladas y revestimientos con barreras de vapor aumentan la durabilidad y reducen costos de mantenimiento a lo largo del ciclo de vida.
  4. Incorporar soluciones basadas en la naturaleza (SbN). Pueden incorporarse soluciones como jardines de lluvia, cuencas de retención y superficies permeables que complementan la infraestructura gris y mejoran el microclima. Estos tipos de soluciones no son solo dispositivos técnicos: se convierten en espacios de convivencia que ayudan también a drenar el agua de una ciudad.
  5.  Integrar el mantenimiento en todas las etapas del proyecto. Capacitar equipos locales para el monitoreo y mantenimiento preventivo asegura que la infraestructura opere de manera segura y sostenida en el tiempo. Esta labor, a menudo no priorizada por entes gestores, garantiza que la infraestructura resiliente no solo se entregue, sino que funcione de forma segura a largo plazo, reforzando una vez más el punto de que la responsabilidad debe ser compartida.
Porto Alegre y Manaus: etapas distintas, misma urgencia

Tras la inundación de 2024, Porto Alegre avanza en la ejecución de la primera obra de su operación apoyada por el BID: la construcción del CRAS Glória, el Centro de Referencia de Asistencia Social, un equipamiento para la atención comunitaria. Los análisis de riesgo climático y geotécnico orientan tanto su reubicación como su nuevo diseño arquitectónico, que incorpora criterios de resiliencia como la elevación del nivel del suelo para reducir la exposición a inundaciones. Basadas en visitas de campo, mapas de inundación, modelos hidrológicos y estudios del suelo, estas decisiones aseguran que el centro no se ubique simplemente donde haya espacio disponible, sino donde pueda seguir funcionando incluso después de lluvias extremas.

Con el apoyo del BID, la ciudad de Manaus, capital del estado brasileño de Amazonas, planea realizar inversiones de infraestructuras que nacerán adaptadas a crecientes y estiajes extremos. Ya se han incorporado desde el diseño soluciones específicas, como techos ventilados, revestimientos con aditivos impermeabilizantes, y marcos de puertas y ventanas resistentes a la humedad. La meta es aumentar hasta un 40% la durabilidad de las construcciones y reducir los costos de mantenimiento a lo largo de su vida útil. Esto es crucial en un territorio donde la humedad extrema supone un reto para cualquier material.

Mientras Porto Alegre ya implementa rediseños técnicos de equipamientos sociales incorporando criterios de resiliencia desde el trazado arquitectónico, Manaus se encuentra en la fase de preparación de la operación, planificando infraestructuras que nacerán preparadas para hacer frente a las inundaciones y humedad permanente. En ambos casos, en distintas regiones de Brasil, el objetivo es proteger vidas y garantizar continuidad de servicios. 

Inversión inteligente para los gobiernos

Invertir en infraestructura resiliente no solo contribuye a la protección de vidas y activos físicos de las ciudades, sino que representa una opción financiera inteligente para los tomadores de decisiones. 

Incorporar estrategias de resiliencia reduce de manera significativa los costos de reparación y reconstrucción tras desastres, lo que se traduce en un uso más eficiente de los recursos públicos y privados. De tal manera que los ahorros puedan ser reorientados hacia nuevos proyectos de desarrollo social.

Debido a ello, el BID acompaña a gobiernos locales y estatales a través del análisis de riesgo, el diseño resiliente, el fortalecimiento institucional y el acceso a soluciones innovadoras de financiamiento. Además, impulsa agendas regionales que abarcan la preparación, respuesta y recuperación ante desastres, la promoción de capacidades técnicas, la articulación multisectorial y el desarrollo sostenible de infraestructuras y servicios públicos. Un ejemplo de estos esfuerzos es el programa regional del Grupo del BID Preparados y resilientes en las Américas, diseñado para mejorar y aumentar la resiliencia ante los desastres en América Latina y el Caribe (ALC).

En síntesis, invertir en resiliencia es una decisión estratégica que protege vidas, reduce pérdidas y mejora la calidad de vida de la ciudadanía.

Para profundizar en lineamientos técnicos aplicables al diseño y la adaptación de infraestructura social, recomendamos las siguientes publicaciones:

  • Escuelas verdes, con lineamientos para el diseño de infraestructura escolar sostenible, baja en carbono y resiliente;
    •   Edificios verdes, que ofrece orientaciones para incorporar y contabilizar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático;
    •   Diseño y construcción de hospitales, con recomendaciones para mejorar la gestión de proyectos de infraestructura en el sector salud.
Comparte
Únete a nuestra comunidad Suscríbete
Nuestros pódcasts
Nuestros videos
Jump back to top