- Los incendios forestales extremos superan las capacidades nacionales, haciendo indispensable la ayuda mutua.
- La cooperación es más efectiva cuando existen protocolos, planificación y mecanismos claros.
- A través del programa regional Preparados y Resilientes en las Américas, el BID impulsa mecanismos de cooperación regional para institucionalizar la ayuda mutua y fortalecer la respuesta.
Los incendios forestales extremos están superando cada vez más las capacidades nacionales en América Latina y el Caribe. Su escala, simultaneidad e intensidad hacen que ningún país pueda enfrentarlos por sí solo. Entre 2009 y 2019, se estima que cerca de 33 millones de hectáreas fueron afectadas anualmente en la región.
En este contexto, la ayuda mutua deja de ser opcional: es esencial. Sin embargo, en la región sigue siendo mayormente reactiva, fragmentada y poco sistematizada. Para abordar este desafío, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) analiza experiencias recientes y propone avanzar hacia mecanismos más estructurados de cooperación regional en su nota técnica “Ayuda mutua para el combate de incendios forestales en América Latina y el Caribe: experiencias, análisis comparado y recomendaciones”.
En febrero de 2023, Chile enfrentó incendios forestales extremos que rápidamente superaron la capacidad de respuesta nacional. En menos de una semana, cientos de focos simultáneos avanzaban fuera de control, afectando más de 300.000 hectáreas y dejando miles de viviendas destruidas.
Ante la magnitud de la emergencia, la comunidad internacional reaccionó con rapidez. Brigadas, aeronaves y expertos comenzaron a llegar desde distintos países. La solidaridad fue evidente, pero también lo fueron los desafíos:
- Falta de claridad inicial sobre las necesidades.
- Dificultades para integrar equipos con distintos enfoques técnicos.
- Múltiples canales de comunicación.
- Alta carga logística para recibir contingentes internacionales.
Este caso ilustra un patrón que se repite en la región: la ayuda mutua existe, pero no siempre está preparada para operar en contextos de emergencia.
La experiencia de 2023 marcó un punto de inflexión para Chile: el país emprendió mejoras sustantivas orientadas a fortalecer su preparación y coordinación para futuras emergencias. Estas incluyeron la firma de acuerdos de cooperación con otros países en materia de incendios forestales, la elaboración del Plan de continuidad operacional de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y una mayor articulación entre CONAF, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED) y el Ministerio de Relaciones Exteriores para facilitar la solicitud, recepción e integración de apoyo internacional.
La Nota Técnica “Ayuda mutua para el combate de incendios forestales en América Latina y el Caribe: experiencias, análisis comparado y recomendaciones” presenta y analiza cinco experiencias recientes de cooperación internacional en la región que muestran que la ayuda mutua no sigue un único modelo, sino que varía según el grado de preparación previa:
- Apoyo sin solicitud formal (Brasil 2019).
- Cooperación anticipatoria basada en asesoría técnica (Paraguay 2019).
- Esquemas planificados con protocolos y acuerdos previos (Canadá 2023).
- Respuesta simultánea de múltiples países (Chile 2023).
- Donaciones logísticas descentralizadas con enfoque territorial (Colombia 2024).
En todos los casos, la cooperación aportó valor, pero también evidenció su carácter predominantemente reactivo y poco sistematizado.
El análisis comparado identifica tres desafíos estructurales que limitan la efectividad de la ayuda mutua en incendios extremos:
- Cuándo activar la cooperación: las decisiones sobre solicitar ayuda internacional rara vez se basan en criterios técnicos predefinidos. En muchos casos, responden a decisiones políticas o mediáticas.
- Cómo coordinar a múltiples actores: cancillerías, agencias técnicas, sistemas de protección civil, migración, aduanas y actores internacionales operan en paralelo, generando duplicidades o descoordinación.
- Cómo gestionar la logística en crisis: recibir ayuda internacional implica una operación compleja que conlleva transporte, alojamiento, alimentación, seguros, integración operativa y provisión de insumos en contextos donde los sistemas nacionales ya están saturados.
Más allá de la respuesta inmediata, la ayuda mutua genera beneficios de largo plazo para la gestión del riesgo:
- Fortalece capacidades técnicas mediante aprendizaje conjunto.
- Genera confianza entre instituciones y países.
- Permite probar nuevas prácticas en terreno.
- Sienta bases para una cooperación futura más estructurada.
La principal lección es: la ayuda mutua es clave, pero necesita institucionalizarse y evaluarse para responder eficazmente a incendios forestales extremos. Esto implica avanzar hacia sistemas más predecibles y coordinados mediante:
- Memorandos de entendimiento, acuerdos y protocolos claros para la solicitud, oferta y despliegue de ayuda.
- Estándares de referencia voluntarios para brigadas, equipamiento, capacidades, aeronaves, etc.
- Sistemas de monitoreo y evaluación post-incendio.
- Integración de la ayuda internacional en la planificación nacional.
Sin estos elementos, la cooperación seguirá dependiendo de la improvisación, justamente cuando menos margen hay para ello.
América Latina y el Caribe no parte desde cero. Existen esfuerzos regionales que están avanzando hacia una mayor articulación, incluyendo plataformas técnicas y redes de información que promueven el intercambio de datos, experiencias y capacidades.
Algunos ejemplos son el Grupo de Expertos en Fuegos Forestales de América Latina y el Caribe (GEFF-LAC), así como la Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego (RAMIF), impulsada en el marco de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), la cual creó recientemente el Comité de Respuesta ante Incendios Forestales (CRIF). Esta iniciativa cuenta con el apoyo del programa de coordinación regional Amazonía Siempre del Grupo BID. Dichas iniciativas representan pasos importantes para consolidar capacidades técnicas, generación de conocimiento y articulación regional en torno al manejo del fuego.
Estos avances reflejan una tendencia clara: la región está empezando a moverse desde respuestas reactivas hacia un enfoque más estructurado y colaborativo. El reto ahora es escalar estos esfuerzos, conectarlos entre sí y traducirlos en mecanismos operativos que funcionen bajo presión.
Estas iniciativas muestran que la región ya cuenta con bases sobre las cuales construir una cooperación más efectiva.
La región no necesita partir de cero, pero sí avanzar con mayor decisión. Institucionalizar la ayuda mutua permitirá responder más rápido, mejor y de forma coordinada ante incendios que no reconocen fronteras.
El BID apoya a los países de la región mediante cooperaciones técnicas e inversiones para fortalecer la prevención, preparación y combate de incendios bajo un enfoque de manejo integral del fuego.
En particular, impulsa una agenda para estructurar la ayuda mutua, facilitando el análisis de experiencias, la identificación de brechas y el desarrollo de mecanismos regionales de cooperación. Esto se realiza a través del programa regional Preparados y Resilientes en las Américas, con el que se promueve la prevención, la preparación, la coordinación regional y soluciones financieras para fortalecer la resiliencia ante desastres en América Latina y el Caribe.
Para profundizar en estas experiencias y explorar recomendaciones específicas para la región, te invitamos a revisar la nota técnica completa: “Ayuda mutua para el combate de incendios forestales en América Latina y el Caribe: experiencias, análisis comparado y recomendaciones”