- Las escuelas pueden desempeñar un papel fundamental en la prevención de la violencia escolar, a través de intervenciones conductuales.
- En América Latina y el Caribe, los programas orientados a promover cambios en el comportamiento de los estudiantes y su autorregulación emocional funcionan: desarrollan habilidades socioemocionales y logran reducir el acoso escolar y los niveles de ira.
- Integrar la prevención en las asignaturas, durante el horario regular, muestra el mayor efecto promedio observado entre las estrategias evaluadas.
Prevenir el acoso escolar es posible. Para un ministerio de educación, la pregunta es cómo hacerlo: hay muchas opciones sobre la mesa y no todas rinden lo mismo. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sintetizó 88 evaluaciones de impacto de todo el mundo, y esa nueva evidencia ayuda a responder esta pregunta: ¿pueden los programas escolares orientados a cambiar comportamientos reducir la agresión y el acoso con efectos relevantes para el diseño de políticas en América Latina y el Caribe?
Esta entrada forma parte de Escuelas que Cuidan, una serie de blogs del BID que reúne la evidencia sobre qué funciona para prevenir la violencia desde la escuela. Aquí resumimos qué funciona mejor en programas de prevención conductual de la violencia y qué falta saber, sobre todo para la región, donde la evidencia crece pero todavía tiene vacíos.
¿Qué es la prevención conductual de la violencia?
La prevención conductual de la violencia (PCV) reúne intervenciones escolares orientadas a cambiar comportamientos, con dos enfoques principales.
- La terapia cognitivo-conductual (TCC) trabaja la reestructuración cognitiva y la autorregulación.
- Los programas de desarrollo socioemocional y conductual fortalecen habilidades socioemocionales y promueven comportamientos positivos.
Los resultados completos se publicaron en la Nota de Evidencia del Centro de Información para la Mejora de los Aprendizajes (CIMA) del BID, ¿Qué funciona en la Prevención Conductual de la Violencia en las escuelas? Allí se reporta el tamaño promedio de los efectos, expresados en desviaciones estándar (DE), una medida que muestra qué tan grande es el impacto con respecto a la variación promedio (o típica) entre estudiantes. Para interpretar esas cifras se usan los criterios de Matthew Kraft (2020), que proporcionan un marco de referencia para evaluar impactos educativamente significativos.
¿Qué programas contra el acoso escolar funcionan mejor?
La evidencia apunta a cuatro rasgos de los programas que funcionan:
- Dentro del currículo y del horario regular. Según la revisión sistemática, incorporar estas actividades al currículo formal es el enfoque más eficaz. Las intervenciones fuera del horario de clases y las que se enseñan como asignatura independiente logran efectos algo menores. Los programas que integran la prevención en distintas asignaturas, durante el horario escolar regular, muestran el mayor efecto promedio: 0,41 DE.
- Con foco en la regulación emocional. Las estrategias que desarrollan habilidades para la regulación emocional son especialmente eficaces en el ámbito escolar. Los programas que combinan desarrollo socioemocional y conductual son los más evaluados, y se los considera eficaces y ampliamente aplicables en distintos contextos. Entre los enfoques, la terapia cognitivo-conductual registra los mayores efectos (0,94 DE) sobre los comportamientos vinculados a la violencia.
- Cara a cara. Los programas presenciales muestran efectos sólidos (0,40 DE), lo que se vincula con la interacción directa y el modelamiento de conductas.
- En primaria y en secundaria. Los efectos son consistentes a lo largo de la educación obligatoria.
En 2025, el BID promovió la integración del desarrollo socioemocional en los currículos nacionales como eje transversal. Esta revisión sistemática de evidencia aporta nueva claridad a favor de esa idea en el campo de la prevención de la violencia con enfoque conductual.
¿Qué cambia en los estudiantes cuando se promueve el enfoque de prevención de la violencia?
Los programas reducen el acoso escolar (bullying), con un efecto promedio de 0,45 DE. Las agresiones físicas y verbales también bajan, aunque de forma más moderada, lo que sugiere que pueden ser conductas más difíciles de modificar.
También cambia la manera en que los estudiantes miran la violencia. Los programas reducen su aceptación al cuestionar las creencias y normas sociales que la legitiman (0,27 DE), y mejoran la capacidad de reconocer sus distintas formas (0,37 DE).
Hay además beneficios para la salud emocional, aunque no sean el objetivo principal de estas intervenciones. Los niveles de ira bajan (0,37 DE) y la ansiedad y el estrés también disminuyen (0,27 DE).
¿Funciona en América Latina y el Caribe?
La evidencia indica que estos programas tienen efectos moderados en América Latina y el Caribe. En la región, el efecto promedio es de 0,27 DE, igual que en los países de ingresos altos. Este efecto se ubica dentro del rango considerado educativamente significativo, por lo que estos programas pueden producir mejoras relevantes para las políticas públicas en contextos diversos.
¿Qué falta saber sobre prevención del acoso escolar?
La evidencia es robusta sobre la reducción de la agresión y el acoso, y deja abiertas algunas preguntas importantes para la región. La primera es de dónde viene: la mayoría de los estudios proviene de un grupo reducido de países de ingresos altos, encabezado por Estados Unidos.
América Latina aporta una contribución creciente, con estudios de varios países de la región. En Centroamérica y el Caribe persisten vacíos importantes. Para la región, es una oportunidad de generar evidencia propia sobre lo que funciona en sus escuelas.
Tampoco se sabe lo suficiente sobre los programas virtuales. La única estimación disponible para una intervención completamente en línea muestra un efecto prácticamente nulo (0,01 DE), y los formatos híbridos logran impactos más modestos (0,10 DE). En otras palabras, es posible que estas intervenciones dependan de dinámicas interpersonales difíciles de replicar en línea.
Quedan también vacíos de evidencia en la prevención a nivel de toda la escuela y en la violencia fuera del entorno escolar. Además, un estudio de David Evans, Gabriela Smarrelli y Yi Ning Wong remarca la ausencia de evidencia sobre el papel que cumple la aplicación de leyes relacionadas a este tema, o la mejora de la respuesta institucional a la violencia.
¿Qué pueden priorizar los gobiernos?
Para quienes diseñan políticas educativas, vale la pena considerar estas cuatro recomendaciones:
- Integrar la prevención en el currículo formal, dentro del horario regular, que es la estrategia con mayor efecto. La exposición repetida y el refuerzo de los contenidos en distintos contextos podrían aportar beneficios adicionales.
- Priorizar la modalidad presencial. Los formatos híbridos pueden funcionar si mantienen oportunidades reales de interacción cara a cara.
- Acompañar los programas amplios con una implementación sólida, en especial los que tienen múltiples componentes.
- Evaluar con rigor en contextos diversos de la región, ya que los vacíos actuales limitan la posibilidad de generalizar los hallazgos.
Más evidencia sobre qué funciona
La Nota de Evidencia CIMA pertenece a la serie “Qué funciona en educación”, que ofrece resultados de una revisión sistemática de evidencia para conocer qué funciona en diversos temas educativos. Ingresa aquí para leer los resultados completos, y explora aquí los mapas de evidencia interactivos. Encuentra más notas de evidencia sobre qué funciona en educación en CIMA.