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Pagos por servicios ambientales: lecciones de la Mata Atlántica para paisajes rurales productivos y resilientes

Agricultura y seguridad alimentaria Pagos por servicios ambientales: lecciones de la Mata Atlántica para paisajes rurales productivos y resilientes Proyecto de pagos por servicios ambientales en Brasil muestra cómo estos instrumentos promueven la conservación, la restauración y la producción sostenible. Jul 13, 2026
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Ideas clave
  • Los PSA (pagos por servicios ambientales) generan beneficios simultáneos para la conservación y la producción, según estudios de un proyecto liderado por el BID.
  • Las propiedades participantes tuvieron un 7% más de pastizales de alta calidad y aumentaron la cobertura de vegetación nativa, frente a propiedades comparables que no participaron en la iniciativa.
  • La asistencia técnica es decisiva: estos pagos funcionan mejor cuando se combinan con extensión rural, planes de acción y acompañamiento técnico continuo.

Los pagos por servicios ambientales (PSA) pueden ser una herramienta eficaz para conciliar producción y conservación en paisajes rurales, siempre que estén bien diseñados e implementados. La evidencia del proyecto Conexión Mata Atlántica, en Brasil, muestra que estos instrumentos pueden generar beneficios simultáneos para la biodiversidad, el clima y la productividad agrícola, según estudios independientes del proyecto apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La Mata Atlántica es la segunda mayor área de bosque húmedo del mundo. Abarca 17 estados de Brasil, alberga a la mitad de la población del país y es un hotspot de biodiversidad con miles de especies de animales y plantas. Sin embargo, la deforestación causada por la actividad humana ha provocado una pérdida de más del 90% de la cobertura original de la selva. 

Para contribuir a afrontar esa pérdida de la biodiversidad en Brasil y otras partes del planeta, el Marco Global de Biodiversidad del Convenio sobre la Diversidad Biológica establece, en su meta 19, un objetivo ambicioso: movilizar al menos US$200.000 millones anuales hacia 2030 para financiar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad.

Desafortunadamente, los recursos públicos, por sí solos, no son suficientes para financiar dichas acciones. Sin embargo, pueden desempeñar un papel catalítico cuando ayudan a reducir riesgos, fortalecer capacidades institucionales, estructurar proyectos y movilizar capital privado, filantrópico y de cooperación internacional hacia objetivos verificables de conservación y uso sostenible. Aquí es donde los programas de PSA pueden hacer una diferencia. 

Incentivos económicos para la conservación ecológica

Los PSA han ganado relevancia como instrumentos que generan incentivos económicos para agricultores, comunidades y propietarios rurales que conservan o restauran funciones ecológicas. Su efectividad depende del diseño del programa, la focalización territorial, la adicionalidad ambiental, la permanencia de los contratos y la existencia de sistemas robustos de monitoreo. Sin embargo, muchos programas enfrentan desafíos importantes, especialmente en la generación de evidencia sobre sus impactos, el monitoreo de resultados y la creación de arreglos institucionales capaces de operar a escala.

En este sentido, el proyecto Conexión Mata Atlántica, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y liderado por el BID, promovió la conservación del corredor sudeste del bosque, con intervención en la cuenca del río Paraíba do Sul y el corredor de la Serra do Mar. Diversas modalidades de PSA se utilizaron para este proyecto entre 2017 y 2024 como uno de los principales instrumentos para apoyar a productores rurales en la adopción de prácticas de conservación, restauración forestal y manejo sostenible del paisaje.

El proyecto operó en un territorio de aproximadamente 60.000 kilómetros cuadrados durante casi una década. Bajo la coordinación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el proyecto fue ejecutado por la Fundación de Emprendimientos Científicos y Tecnológicos (Finatec) en alianza con los gobiernos de los estados de São Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais.

El equilibrio entre producir y conservar

Una cuestión central en las políticas de conservación es si los incentivos económicos generan resultados ambientales. Para evaluarlo, investigadores realizaron un análisis independiente mediante un análisis riguroso que comparó propiedades participantes del proyecto con otras de características similares que no recibieron incentivos.

Más de 56.000 hectáreas en pequeñas propiedades fueron gestionadas para la recuperación ambiental y el aumento de las reservas de carbono, involucrando a cientos de productores e instituciones locales. Las evaluaciones de impacto muestran que las intervenciones contribuyeron a evitar cerca de 270.684 toneladas de emisiones de carbono, principalmente mediante la reducción de la deforestación y la regeneración forestal. 

Además, evaluaciones independientes del proyecto apuntan a impactos positivos en la conservación y en las condiciones ambientales que sustentan el uso productivo. Las propiedades participantes en contratos de PSA orientados a la conservación registraron un aumento adicional de vegetación nativa de una hectárea frente al grupo de control, mientras que aquellas vinculadas al uso múltiple del suelo presentaron entre 7% y 10% menos degradación de la calidad de las pasturas. 

En los esquemas de PSA para conservación, el estudio también sugiere una mayor eficiencia del gasto en restauración, con resultados alcanzados principalmente mediante restauración asistida a un costo estimado de US$2.500 por hectárea, frente a una referencia local cercana a US$4.570 por hectárea en el Valle del Paraíba. Estos hallazgos refuerzan que los programas de PSA pueden generar beneficios simultáneos para la conservación de la biodiversidad y la sostenibilidad de la producción agropecuaria.

Otro aprendizaje clave fue que los contratos de PSA funcionaron mejor cuando estuvieron acompañados por asistencia técnica continua. En Conexión Mata Atlántica, este apoyo permitió traducir los incentivos económicos en planes de acción e implementación de prácticas de restauración, manejo de pastizales y sistemas agroforestales, reforzando la importancia de combinar PSA con extensión rural y políticas de desarrollo productivo. 

Innovación en el diseño e implementación de pagos por servicios ambientales

El proyecto también funcionó como un laboratorio de innovación para fortalecer el diseño, el monitoreo y la implementación de programas de PSA. Para ello, se desarrollaron plataformas digitales y aplicaciones participativas destinadas al seguimiento de contratos y al registro de datos de campo, y se probaron tecnologías como LiDAR y ADN ambiental para mapear la estructura de la vegetación e identificar especies a partir de muestras de suelo y agua. Estos pilotos generaron datos, aprendizajes técnicos, incluyendo plataformas en línea con acceso continuo a bases de datos del proyecto y protocolos de monitoreo.

Al mismo tiempo, el proyecto experimentó mecanismos para mejorar la eficiencia de los programas de PSA. En algunas regiones se realizaron subastas inversas, en las que los productores compitieron al ofrecer el menor precio por unidad de servicio ambiental y se seleccionaron las propuestas de productores con mayor beneficio ambiental por unidad de inversión.

En el Valle del Paraíba, el proyecto también impulsó experiencias de integración entre PSA y cadenas productivas sostenibles. Uno de los pilotos evaluó el cultivo de macaúba (acrocomia aculeata) en sistemas silvopastoriles —que combinan árboles, pasturas y ganado en la misma parcela—, integrando la recuperación de pastizales degradados con la producción de aceite vegetal y bioenergía. 

En este modelo, el PSA funciona como un mecanismo de transición, reduciendo los riesgos iniciales para los productores y creando condiciones para atraer inversión privada en sistemas productivos sostenibles.

Legado institucional y escalamiento de políticas

Una pregunta recurrente en la agenda internacional de financiamiento de la biodiversidad es cómo diseñar políticas públicas que alineen la producción rural con la conservación de la naturaleza en paisajes productivos.

La evidencia reciente muestra que estas agendas no son necesariamente opuestas. La conservación de servicios ecosistémicos —como la regulación hídrica, la fertilidad del suelo, la polinización y la estabilidad climática— es cada vez más relevante para la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas productivos rurales.

En ese sentido, el proyecto Conexión Mata Atlántica generó evidencia valiosa para el diseño de políticas basadas en incentivos. Durante su implementación, el proyecto probó distintos modelos de PSA en paisajes productivos, combinando incentivos económicos, asistencia técnica y sistemas de monitoreo ambiental. Más allá de la implementación de contratos, permitió evaluar arreglos institucionales, mecanismos operativos e instrumentos de monitoreo que facilitan su aplicación a escala territorial.

El conjunto de evidencias constituye uno de los principales legados del proyecto. En São Paulo, las lecciones prácticas del proyecto contribuyeron al proceso de reglamentación de la política estatal de PSA e inspiraron iniciativas como el programa Refloresta-SP. Asimismo, aportaron insumos para el desarrollo y mejora de programas de restauración y conservación en Minas Gerais y Rio de Janeiro.

Los aprendizajes también están contribuyendo a la implementación de la Política Nacional de Pagos por Servicios Ambientales. En este marco, desde el BID apoyamos al Gobierno de Brasil mediante una cooperación técnica orientada a fortalecer los instrumentos operativos de la política y a avanzar en la implementación del Registro Nacional de PSA.

La experiencia de la Mata Atlántica sugiere que los instrumentos basados en incentivos, cuando se combinan con asistencia técnica, sistemas de monitoreo e integración con políticas agrícolas y ambientales, pueden contribuir a orientar la gestión sostenible de territorios productivos.  Así, los PSA se consolidan como herramientas capaces de articular conservación, restauración de la biodiversidad y construcción de paisajes rurales más resilientes en América Latina y el Caribe.

Desde el BID, seguimos acompañando a los países de la región en el diseño y la implementación de instrumentos de financiamiento de la naturaleza que vinculen producción y conservación. 
 

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