Imagina esto. A medida que ve que las nubes se acercan, Maria se apresura a llegar a su casa con la esperanza de evitar la tormenta que se acerca. Sabe lo que le espera, ya que vive en una barriada en las afueras de San Salvador, donde su casa con techo de hojalata ofrece poca protección cuando llegan las fuertes lluvias.
Sostenibilidad
Vivimos en un mundo en constante cambio, por lo que es fundamental prepararse para enfrentar los desafíos en la vida contemporánea. El turismo es un sector que ha sido afectado por diversas crisis y desastres a lo largo de los años, desde eventos climáticos extremos hasta crisis económicas y políticas. En los tres últimos años, la pandemia del Covid-19, incendios forestales de grandes dimensiones y conflictos internacionales han afectado sobremanera al sector. En este contexto, la resiliencia es clave.
“Ser peruano es celebrar la grandeza del ceviche”. Gastón Acurio, Cebiche Power, 2015.
En el ámbito de las intervenciones de desarrollo, donde los esfuerzos apuntan a abordar desafíos multifacéticos como el alivio de la pobreza y el desarrollo de infraestructura, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) desempeña un papel fundamental.
Recientemente, el BID actualizó su Marco de Política Ambiental y Social, enfatizando la importancia de fomentar sociedades inclusivas y prósperas en América Latina y el Caribe (ALC), destacando la intrincada conexión entre el desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental y social.
Los pequeños agricultores de los países en desarrollo de todo el mundo, se enfrentan a numerosas barreras para aumentar su productividad agrícola y escapar del ciclo de pobreza e inseguridad alimentaria.
El sector agroalimentario es crítico para el logro de varios objetivos de desarrollo sostenible (ODS) como el hambre cero (ODS2) y la erradicación de la pobreza (ODS1), así como los vinculados a la sostenibilidad y equidad ambiental (FAO). Por lo tanto, debe aumentar su capacidad productiva para alimentar a una población en crecimiento, y debe hacerlo de manera sostenible e inclusiva, proporcionando la cantidad y variedad de alimentos necesarios para una dieta nutritiva.
Uno de los ejes prioritarios del Banco Interamericano de Desarrollo es combatir la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe, que hoy afecta a casi el 40% de los habitantes de la región (FAO, 2023). Para lograrlo es fundamental llevar a cabo intervenciones y políticas basadas en evidencia y conocimiento, con un enfoque multisectorial y que abarquen el sistema agroalimentario.
La Amazonía es uno de los ecosistemas más complejos y ricos del mundo. Con sus 5,5 millones de km2 de denso bosque tropical y 7,9 millones de km2 de cuenca, esta es una de las regiones más biodiversas y ricas del planeta. Si nos referimos a la Región Amazónica Andina (RAA), que comprende Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela y se extiende en 2,7 millones de km2, es el hogar de aproximadamente 24,7 millones de personas, incluyendo más de 200 grupos indígenas conocidos.
Saboreando una dulce papaya u observando a una pareja de tucanes a través de frondosas colinas, es fácil apreciar los dones de la naturaleza que sustentan nuestras vidas. Las plantas y los animales forman ecosistemas que nos proporcionan agua limpia, alimentos nutritivos, aire respirable, suelo fértil y una belleza sobrecogedora que nos alegra la vida. América Latina y el Caribe albergan un tesoro de biodiversidad, con especies raras que no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.
Más de la mitad de la población de Haití sufre de inseguridad alimentaria y nutricional. Para hacer frente a este desafío, en abril de 2018 el Ministerio de Agricultura y Recursos Naturales de Haití (MARNDR) lanzó el Programa de Innovación Tecnológica en Agricultura y Agroforestería (PITAG), que se extenderá hasta septiembre de 2024.