La COP30, que se celebrará en la Amazonia brasileña y tendrá lugar en Belém, Brasil, representa un momento crucial para la conservación y el desarrollo sostenible de la región. La primera COP que se realiza en la Amazonia, tendrá lugar en el bosque tropical más grande del mundo, hogar de casi 60 millones de personas y un territorio que cubre el 42% del territorio de América Latina y el Caribe.
Sostenibilidad
La resiliencia en infraestructura educativa y sanitaria es clave para el desarrollo del Caribe, pues la región es una de las más afectadas por desastres, como los huracanes, que provocan daños devastadores a la infraestructura, los servicios y las comunidades.
La Amazonía alberga la selva tropical más grande del mundo, con una biodiversidad sin igual, abundantes recursos naturales y es el hogar de casi 50 millones de personas. La región de la Amazonía ofrece características ecológicas y sociales perfectas para que prosperen los productos y servicios de la bioeconomía, mientras que la bioeconomía ofrece un modelo alternativo y transformador a las formas depredadoras de desarrollo que se centran en la extracción y el uso no sostenible de la tierra.
La transformación digital no puede quedarse en repetir un lema corporativo. Digitalizar las instituciones es indispensable para impulsar el desarrollo inclusivo, mejorar la eficiencia operativa y cerrar brechas de capacidad en América Latina y el Caribe, sobre todo por el potencial que tiene para reducir la desigualdad e impulsar la productividad. Pero todavía hay un desafío que es optimizar procesos sin depender completamente de áreas técnicas.
En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), invertir en el fortalecimiento continuo de las capacidades de nuestros equipos y de las agencias ejecutoras en los países miembros es una piedra angular de nuestra misión. Los programas de capacitación, como los talleres sobre el Marco de Política Ambiental y Social (MPAS), son esenciales para asegurar calidad y minimizar riesgos en los proyectos financiados por el Banco.
A pesar de albergar más de 14.000 especies vegetales conocidas¹, la biodiversidad de la Amazonía sigue estando significativamente subutilizada en los mercados comerciales. Investigaciones muestran que solo unas 30 especies nativas de alimentos amazónicos aparecen regularmente en los mercados², y de las 1097 especies nativas de plantas alimentarias identificadas en Brasil, apenas el 5% ha alcanzado una escala comercial significativa³.
El capital natural: un as bajo la manga
Cuando pensamos en riqueza, solemos imaginar cuentas bancarias, edificios y carreteras. Pero hay un tipo de capital esencial para nuestra vida y economía que a menudo ignoramos: el capital natural. Desde los bosques que generan el agua para la agricultura hasta los arrecifes de coral que protegen nuestras costas de los huracanes, el capital natural es la infraestructura invisible que hace posible nuestra prosperidad.
A pesar de que los países realizan grandes esfuerzos para reducir los impactos derivados de desastres asociados a amenazas naturales, estos suelen generar enormes pérdidas, tanto humanas como económicas. La reconstrucción de la infraestructura requiere a su vez más inversión y tiempo, a lo que se suma que cuando cierta infraestructura es afectada por un desastre, se compromete la calidad de servicios que se prestan en ella.
Los desastres causan enormes interrupciones, pobreza y migración. Aprendiendo de COVID-19, una nueva generación de programas de bienestar social ayudará a los más pobres a enfrentar mejor los eventos climáticos extremos.
Tormentas, incendios, sequías y otros desastres son una dura realidad para América Latina y el Caribe. Su ocurrencia ha aumentado de cinco a seis veces en los últimos 50 años. Según estimaciones del BID, casi 78 millones de personas pobres en América Latina y el Caribe son vulnerables a los impactos.