Enfoque Educación
Sin clases, sin profesores, sin amigos, sin juegos y sin esa rutina diaria a la que todos los niños estaban acostumbrados. Ahora todos los días parecen iguales, y es que la crisis sanitaria ha alterado significativamente nuestro día a día. Es más, este ha sido un cambio radical para todos los estudiantes de América Latina y el Caribe, no solo estar en casa todo el día, sino intentar aprender desde otro sitio que no sea la escuela.
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Madonna siempre ha sido una artista polémica y controversial. Y su más reciente publicación en Instagram ha dado muchísimo de qué hablar. En un video cargado en sus redes sociales, la artista argumentaba que la crisis del COVID-19 nos hacía más iguales, pues el virus podría afectarnos a todos por igual. COVID-19, según Madonna, es el gran ecualizador. Esto lo hacía desde su mansión y desde un lujoso baño con velas y pétalos de rosas.
Y un día, de pronto, todo se paró. Y, como diría Gabriel García Marquez en su novela, tal vez “Era inevitable”.
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Rosita mira a través de la ventana de su casa en Guayaquil y recuerda su escuela, su profesora y sus compañeros. No entiende por qué ya no puede salir a jugar con sus amigos del barrio, ni visitar a su abuelita o por qué su padre no ha venido a visitarla hace casi un mes. Su madre le dijo que debe estudiar y hacer las tareas según le indiquen por la televisión.
El avance del coronavirus estos días está desafiando a la salud pública de todos los países. Las escuelas y sus administradores pueden ser los próximos a ser puestos a prueba. Sabemos que las escuelas han sido históricamente uno de los puntos de contagio más importantes para la transmisión de enfermedades.
Los sistemas educativos han ido cambiando con la expansión de las nuevas tecnologías.
La promesa de una educación inclusiva en América Latina y el Caribe sigue estando lejos, especialmente para los miles de niños y jóvenes en la región con alguna discapacidad. La probabilidad de asistir a la escuela para los niños entre 6 y 11 años con discapacidades es 8 puntos porcentuales menor respecto a los niños sin discapacidades. Y en la secundaria, esta brecha solo se acentúa.