Una de las constantes en nuestras vidas es la evaluación. Nos miramos al espejo para evaluarnos y lo hacemos frente a un parámetro (impuesto o no) que queremos asumir. Pero, irónicamente, cuando alguien de afuera quiere evaluarnos sentimos un resquemor tremendo. Si nos evaluamos permanentemente, ¿por qué nos resistimos? En esta primera entrada quiero dejar dos mensajes sobre la evaluación en educación. El primero es que es importante tener un sistema de evaluación articulado donde coexistan varias formas de medir, con propósitos distintos y complementarios, pero no debemos sobreevaluar.
Enfoque Educación
Resulta evidente que la transformación digital está teniendo un gran impacto en todos los aspectos de nuestras vidas, y la educación no es una excepción. En Honduras se está produciendo un cambio de paradigma que busca integrar las tecnologías en las escuelas y desarrollar las competencias digitales docentes, lo que está allanando el camino para una educación más inclusiva, participativa y adaptada a las demandas del siglo XXI.
Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado. Cada vez más aspectos de nuestras vidas, desde cómo trabajamos y aprendemos hasta cómo socializamos y compramos, se han trasladado en línea. Si bien esta transformación digital trae muchos beneficios, también requiere que las personas desarrollen nuevas habilidades para participar plenamente en la sociedad. Se trata de las habilidades digitales.
"Más allá de aprender música, despertó algo más grande en mí. Es lo que siempre he buscado, el espacio para que me tomen en serio como artista".
—Merily Ajcip, violonchelista, Orquesta Alaíde Foppa, Antigua, Guatemala
La evidencia internacional demuestra que la educación musical puede desempeñar un papel importante en el desarrollo de la infancia y la juventud.
Cuando se trata de recuperar y potenciar el aprendizaje, la enseñanza personalizada es una estrategia clave. Este terreno ha sido dominado por las tutorías, al punto que en los últimos años se desarrolló un mercado próspero para las tutorías privadas en familias de ingresos medios y altos en países como Estados Unidos, Corea del Sur y Canadá.
La tecnología tiene el potencial de impulsar el aprendizaje de los estudiantes. Según un meta-análisis realizado por Elena Arias Ortiz y Julián Cristia (2014), los programas que tienen una intencionalidad pedagógica claramente definida y se apoyan en la supervisión docente guiada, han obtenido impactos positivos y significativos en el aprendizaje.
En una escuela en el departamento de San Marcos, en el suroccidente de Guatemala, Edilma, la Presidenta de la Organización de Padres de Familia (OPF), explicaba cómo el trabajo en equipo de las seis madres de familia que conforman la OPF ha resultado en un espacio más acogedor para el aprendizaje de sus hijos. El orgullo de Edilma era visible: habían logrado reparar los baños de la escuela, pintar las paredes de color azul y lo que antes era un patio donde los niños se enlodaban cuando llovía, estaba ahora pavimentado y con una increíble cancha de basketball.
Se dice que es posible aprender en cualquier espacio, y quizá sea cierto en algunos casos y para algunas personas. Sin embargo, hay consenso y evidencia de que la calidad de los espacios de aprendizaje es una condición necesaria para asegurar el proceso de enseñanza, además de contar con buenos docentes.
“Flor ya sabe leer, dice que las letras, que a mi me parecen unos dibujos muy difíciles de entender y de juntar, son contadoras de cosas y que cuando aprendes a leer es como si te contaran cuentos”. Este fragmento hace parte de Letras en los cordones, de Cristina Falcón Maldonado y Marina Marcolin. Se trata de un libro álbum que cuenta la historia de Flor y sus seis hermanos, su experiencia en la escuela, e ilustra cómo aprender a leer y escribir pueden trazar trayectorias escolares completas y abrir oportunidades para vencer la pobreza y la exclusión.
Los programas de alimentación escolar brindan apoyo fundamental para la salud, la nutrición y la educación de los niños en América Latina y el Caribe. Cuando el COVID-19 cerró las escuelas en 2020, estos programas se adaptaron a pasar a raciones para llevar a casa, garantizando que 80.3 millones de niños continuaran recibiendo comidas. Ahora que la mayoría de las escuelas reabrieron, se necesitan enfoques integrados para poner a los niños nuevamente en la senda.