- El cuidado es un asunto de política pública con efectos directos sobre el empleo, el desarrollo profesional y el bienestar de las familias
- El éxito de un sistema de cuidados no depende únicamente de la aplicación de una ley. Las experiencias de los países ofrecen lecciones valiosas para construir mejores sistemas de cuidado.
- El Grupo BID impulsa la agenda del cuidado en nuestra región con iniciativas como BID Cuida y RedCUIDAR+.
A lo largo de la vida, todas las personas necesitamos cuidados o se los brindamos a alguien más: bebés, personas mayores, personas con discapacidad o quienes atraviesan una enfermedad. Nadie queda fuera de esta ecuación. En Chile, por ejemplo, se estima que más de 4,8 millones de personas, la cuarta parte de la población, cuidan a alguien, una cifra que ilustra, en un solo país, la magnitud de un fenómeno presente en toda América Latina y el Caribe.
Durante mucho tiempo, sin embargo, el cuidado fue tratado como un asunto privado: algo que ocurría de puertas para adentro y era asumido mayoritariamente por las familias y, dentro de ellas, las mujeres. Eso está cambiando: cada vez más países de la región están incorporando los cuidados en sus políticas públicas, reconociendo sus efectos sobre el empleo, el desarrollo profesional y el bienestar de las familias.
Por eso, a través de BID Cuida, una iniciativa del Grupo BID, conformado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), BID Invest y BID Lab, impulsamos la inversión, la cooperación técnica y la generación de conocimiento para fortalecer la gobernanza y el financiamiento de los sistemas integrales de cuidados, ampliar el acceso a servicios de calidad y promover una mayor participación de distintos actores en las responsabilidades de cuidado.
A partir de las experiencias en la región, en esta entrada de blog nos preguntamos: ¿qué elementos necesitan los países para construir sistemas de cuidados sólidos, sostenibles y capaces de responder a distintas necesidades?
La experiencia de América Latina: siete principios básicos del cuidado
El cuidado está cada vez más presente en las políticas públicas de los países de América Latina:
- El Senado de Chile aprobó por unanimidad la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados en enero de 2026, que consolida el reconocimiento del cuidado como un derecho garantizado por el Estado;
- Uruguay, pionero en la región con su Sistema Nacional Integrado de Cuidados desde 2015, presentó en abril de 2026 un nuevo Plan Nacional de Cuidados 2026-2030 orientado a ampliar su cobertura;
- Costa Rica aprobó su Sistema Nacional de Cuidados y Apoyos para Personas Adultas y Personas Adultas Mayores en Situación de Dependencia en 2022;
- Ciudad de México avanzó en 2025 con su propia Ley del Sistema Público de Cuidados; y
- Honduras trabaja hoy en su Ley del Sistema Nacional Integral de Cuidados.
Aunque los modelos varían de un país a otro, al mirar los marcos normativos encontramos siete principios en común.
1. El cuidado como derecho y responsabilidad compartida
Uno de los avances de esta nueva generación de leyes es el reconocimiento de las personas a cuidar, a recibir cuidados y cuidarse. Este enfoque amplía la mirada tradicional sobre el cuidado, incorporándolo en el centro de las políticas de bienestar y promoviendo la corresponsabilidad entre el Estado, las familias, las comunidades, el sector privado y la sociedad en general. La ley chilena aprobada este año es un ejemplo de esta evolución, al reconocer el cuidado como un derecho y el Estado como garante.
2. Definición clara de qué es el cuidado y quién tiene derecho a él
Precisar quiénes necesitan cuidados y qué servicios forman parte del sistema permite orientar las políticas, asignar recursos e identificar las necesidades de atención.
Las leyes de cuidados suelen definir conceptos como “dependencia”, “autonomía”, “servicios de cuidado”, “personas cuidadoras” y “sistema de cuidados”. Puede parecer un detalle técnico, pero tiene consecuencias concretas: una definición clara permite identificar a la población objetivo, asignar responsabilidades institucionales y diseñar servicios que respondan a distintas necesidades.
3. Calidad y profesionalización de los servicios
La calidad del cuidado depende de la formación de quienes lo brindan, así como de la existencia de estándares claros, mecanismos de supervisión y condiciones laborales adecuadas para las personas cuidadoras.
El nuevo plan uruguayo incluye la profesionalización de quienes cuidan y su incorporación a espacios de negociación colectiva, además de nuevos indicadores de calidad para los servicios. Avanzar en la profesionalización del sector puede contribuir a mejorar la calidad de los servicios y generar empleo formal y especializado.
4. Reconocimiento, reducción y redistribución del trabajo de cuidados no remunerado
Buena parte del cuidado se realiza sin remuneración y dentro de los hogares. Las políticas de cuidados buscan reconocer ese trabajo, reducir las responsabilidades de cuidados que asumen las familias y promover una mayor participación de distintos actores sociales.
En República Dominicana, el Sistema Nacional de Cuidados busca visibilizar y reconocer el valor del trabajo de cuidado no remunerado, históricamente asumido en gran medida por las mujeres, así como promover mecanismos de apoyo y protección social para quienes realizan estas labores.
5. Articulación entre servicios, programas y prestaciones
En la mayoría de los países ya existen servicios vinculados al cuidado, pero suelen estar dispersos entre instituciones y programas que no se hablan entre sí.
El desafío es articular: coordinar actores, construir una visión común y aprovechar mejor los recursos disponibles para dar respuestas más integrales y eficientes.
6. Mecanismos de gobernanza interinstitucional
El cuidado involucra áreas como salud, protección social, educación, empleo y desarrollo territorial entre otras, por lo que requiere instituciones y espacios de coordinación claramente definidos.
7. Un esquema de financiamiento que permita crecer de forma gradual y sostenible
Ampliar los servicios de cuidado requiere recursos estables y una estrategia de implementación progresiva. Por ello, se necesitan instituciones capaces de coordinar políticas y tomar decisiones con eficacia, acompañadas de financiamiento suficiente y flexible que permita una expansión gradual, que se adapte a las capacidades y prioridades de cada país.
Uruguay, con más de una década de recorrido desde la creación de su sistema por ley, ilustra bien este punto: incluso con un marco institucional consolidado, sostener y ampliar la cobertura de los cuidados de larga duración sigue siendo un desafío.
Llevar las leyes de cuidados a la práctica
Estos principios dejan una lección clara: el éxito de un sistema de cuidados no se juega solo en la aprobación de una ley. También pueden funcionar como una hoja de ruta para los países que quieran fortalecer su política de cuidados. Los países de la región se encuentran en distintas etapas de ese recorrido y, en conjunto, sus experiencias ofrecen lecciones valiosas para ir aprendiendo de la experiencia de cada uno.
Muchos de estos temas fueron el enfoque de la discusión desarrollada en la 13ª reunión de la RedCUIDAR+, que tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, bajo el lema “Sociedades que cuidan: avances y oportunidades en los cuidados de larga duración”. De las conversaciones e intercambios que allí se dieron queda claro que construir sistemas integrales de cuidados es un proceso gradual, con un gran potencial para transformar la calidad de vida de quienes requieren apoyo, para generar empleo y para avanzar hacia una distribución más equitativa de las responsabilidades de cuidado. Invertir en cuidados es, sin duda, invertir en desarrollo.
Accede a BID Cuida para conocer más sobre cuidados en América Latina y el Caribe.