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Del riesgo a la prevención: deslizamientos y comunidades vulnerables en Tegucigalpa, Honduras

Naturaleza, clima y riesgo de desastres Del riesgo a la prevención: deslizamientos y comunidades vulnerables en Tegucigalpa, Honduras La gestión preventiva basada en evidencia reduce el impacto de deslizamientos en comunidades vulnerables de Tegucigalpa. Jul 15, 2026
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Ideas clave
  • Los deslizamientos en Tegucigalpa no son eventos aleatorios, sino un riesgo persistente y localizado que afecta de manera desproporcionada a familias vulnerables.
  • Aunque las pérdidas económicas agregadas puedan parecer marginales frente al PIB de la ciudad, el impacto social y patrimonial para los hogares afectados es devastador y de largo plazo.
  • Con el apoyo del BID, la evidencia técnica y las herramientas de modelación permiten pasar de una respuesta reactiva a una gestión preventiva del riesgo, con intervenciones costo-efectivas que pueden evitar daños antes de que ocurran.

El Municipio del Distrito Central (MDC) en Honduras está conformado por Tegucigalpa y Comayagüela, ciudades que en 1938 se unieron para conformar la ciudad capital. La interpretación más difundida del nombre Tegucigalpa señala que proviene del término en lengua náhuatl “Cerro de Plata”, nombre que hace eco al pasado minero de la región. 

Sin embargo, para la escritora e investigadora hondureña Leticia Oyuela, su significado podría derivar de la expresión “piedras pintadas”, inspirada en las formaciones geológicas rojizas que caracterizan el paisaje del cercano Valle de Ángeles.

Estas capas de suelos rojizos, visibles en muchas de las laderas que rodean la ciudad, no sólo forman parte de su identidad geológica, también ayudan a explicar uno de los principales riesgos naturales que enfrenta Tegucigalpa: la capital concentra la mayor incidencia de deslizamientos del país, un fenómeno que impacta a comunidades asentadas en zonas de ladera.

Frente a este desafío, y en colaboración con investigadores y autoridades locales, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apoya a Tegucigalpa en pasar de la reacción a la prevención, desarrollando herramientas innovadoras que identifican zonas propensas a deslizamientos y ayudan a priorizar inversiones en drenaje, monitoreo y gestión del riesgo para proteger a las comunidades más vulnerables.

Entre estas acciones innovadoras, se apoya, en colaboración con Google, el fortalecimiento del Sistema de Alerta Temprana mediante herramientas digitales e información sobre amenazas, con el fin de emitir alertas más focalizadas a la población.

Deslizamientos: antes y después del Mitch

Entre 1966 y 2016, el 36% de los movimientos de ladera a nivel nacional se registraron en el MDC, con San Pedro Sula como el segundo municipio con mayor concentración de deslizamientos (3%).

La historia reciente de Tegucigalpa se puede dividir en antes y después del huracán Mitch, el cual impactó el país entre octubre y noviembre de 1998 generando pérdidas a nivel nacional equivalentes al 70% del PIB. La ciudad fue golpeada por inundaciones masivas, más de mil flujos de tierra superficiales y deslizamientos de grandes dimensiones, entre los que se destaca el deslizamiento de El Berrinche, uno de los casos más citados en textos internacionales sobre la materia.

Este deslizamiento movilizó más de 6 millones de metros cúbicos de material, bloqueando el cauce del río Choluteca – que cruza la ciudad de sur a norte – y creando un lago temporal donde se acumularon durante meses los resultados del desastre. El servicio Geológico de Estados Unidos brindó apoyo con una solución de emergencia que permitió restablecer el flujo del río. 

Riesgo extensivo: deslizamientos constantes que afectan comunidades vulnerables

Pero el desastre del Mitch no fue un evento aislado. Fue el resultado de más de 30 años de crecimiento informal en las laderas de la ciudad, como analiza la investigadora Lily Caballero en su tesis La construcción de ciudades vulnerables.

El Mitch fue la materialización del riesgo intensivo: un evento extremo de gran magnitud. Pero existe otro tipo de riesgo que puede pasar desapercibido y mucho más frecuente: el riesgo extensivo.

En Tegucigalpa, este riesgo se manifiesta como flujo constante de deslizamientos puntuales que afectan a comunidades vulnerables. Se trata de movimientos de tierra lentos y profundos que se activan con las lluvias, y que, aunque rara vez provocan pérdidas de vidas humanas, destruyen viviendas e infraestructuras y generan desplazamientos prolongados.

Además del deslizamiento de El Berrinche, el huracán Mitch activó otros movimientos de ladera en colonias como Campo Cielo, El Reparto, la Nueva Santa Rosa y la Miramesí, destruyendo más de 300 viviendas. 

Algunos de estos deslizamientos fueron estabilizados con acciones de la cooperación internacional, como los programas de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), que intervino con mucho éxito los deslizamientos de El Berrinche y El Reparto y más recientemente las acciones de un programa de la KfW (el Banco de Desarrollo Alemán). 

Sin embargo, a pesar de estas importantes intervenciones, nuevos eventos continúan apareciendo. El deslizamiento de Nueva Santa Rosa evolucionó hasta convertirse en el movimiento masivo de La Guillén, y han aparecido nuevos eventos en otras colonias como El Reparto o la Roberto Suazo Córdoba. En conjunto se estima que en los 25 años posteriores al huracán Mitch, más de 500 familias han perdido sus viviendas como resultado de estos eventos. 

El costo humano de los deslizamientos

Cuando un deslizamiento se activa, las autoridades deben actuar rápidamente para evacuar a las familias afectadas. Posteriormente se realizan intervenciones para estabilizar el terreno y evitar que el movimiento continúe avanzando. En muchos casos, las zonas afectadas se convierten en áreas verdes, como ocurrió en El Reparto y El Berrinche. 

Este enfoque logra evitar que el evento alcance a nuevas familias; sin embargo, no elimina el impacto social y económico para quienes pierden su hogar. 

Doña R. Flores llevaba más de 60 años viviendo en la colonia Guillén cuando el deslizamiento que afectó la zona en 2023 destruyó su casa. Más allá de la pérdida material del que había sido su hogar, el desplazamiento forzado generó impactos psicológicos profundos difíciles de cuantificar. 

Se estima que la pérdida anual promedio asociada a este tipo de deslizamientos asciende a unos US$7 millones. ¿Es esta una cifra alta o baja? Si se compara con el PIB de la ciudad, representaría cerca del 0,02%, que podría parecer pequeña. Sin embargo, para las familias afectadas el impacto es devastador: pierden la vivienda, su principal activo, construido tras años de esfuerzo. 

Los deslizamientos no son un fenómeno aleatorio

Durante muchos años se creyó que los deslizamientos podían producirse en cualquier lugar de la ciudad. Sin embargo, estudios recientes demuestran que estos movimientos lentos y profundos se concentran principalmente en una franja al norte de Tegucigalpa, en las laderas del cerro El Picacho, el Cerro Grande y el Cerro del Pedregal.

La razón es geológica. Estas zonas contienen capas profundas de suelos poco compactos conocidos como coluviones, particularmente susceptibles a deslizamientos cuando se saturan con agua. Se estima que unas 37.000 casas, equivalentes al 12% del total de viviendas de la ciudad, se sitúan sobre estos coluviones propensos a deslizamientos. 

Esta circunstancia que permite identificar y focalizar las zonas propensas a deslizamientos profundos en la ciudad, abre una oportunidad clave: actuar antes de que los deslizamientos ocurran.

La evidencia muestra que mejorar el drenaje pluvial, captar y canalizar adecuadamente el agua de lluvia y monitorear las zonas críticas puede reducir significativamente la probabilidad de activación de estos movimientos.

De la reacción a la prevención

En Tegucigalpa ya se han realizado análisis que evidencian la significativa relación costo-beneficio de este tipo de intervenciones de mejora del drenaje pluvial y gestión del agua en zonas de riesgo.

El BID, en colaboración con investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y en el marco de la plataforma RiskHUB y el programa Preparados y Resilientes en las Américas (del BID), está desarrollando herramientas para modelar los deslizamientos antes de que ocurran y realizar análisis costo-beneficio de dichas intervenciones proactivas.

Estas herramientas se están implementando junto con la alcaldía de Tegucigalpa y también se están transfiriendo a otras ciudades de América Latina, como Sao Paulo, Recife y ciudades de Bolivia y Perú. El esfuerzo se complementa con la creación del sitio web del sistema de información de riesgos de Honduras

Un llamado a actuar antes del próximo desastre

Los deslizamientos en Tegucigalpa no son inevitables. Hoy sabemos dónde pueden ocurrir, por qué se activan y qué intervenciones pueden prevenirlos. El desafío ahora es transformar ese conocimiento en acción: fortalecer la planificación urbana, invertir en drenaje y monitoreo en las zonas críticas, y priorizar la prevención para proteger a las comunidades más vulnerables. Cada deslizamiento evitado significa familias que no pierden su hogar y comunidades que pueden desarrollarse con mayor seguridad.

Los desastres no siempre pueden evitarse, pero muchos de sus impactos sí, y el primer paso es conocer el riesgo.

Para profundizar en este tema pueden explorar RiskHUB, una plataforma abierta que reúne datos, herramientas y metodologías para analizar amenazas naturales como huracanes, inundaciones, sequías, sismos y deslizamientos.

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