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¿Cómo pueden los gobiernos convertir datos en mejores decisiones?

Administración pública ¿Cómo pueden los gobiernos convertir datos en mejores decisiones? Un mejor uso de los datos administrativos permite a los gobiernos convertir información existente en mejores decisiones y políticas públicas. Ago 10, 2026
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Ideas clave
  • Los gobiernos generan enormes cantidades de datos, pero aprovechan solo parte de su potencial. 
  • Los sistemas administrativos contienen información clave para mejorar la gestión pública. 
  • Convertir datos en decisiones puede mejorar la implementación de las políticas públicas y contribuir a servicios más oportunos y efectivos para las personas.

Los gobiernos generan enormes cantidades de datos cada día. Cada vez que se paga un salario, se adjudica un contrato o se presta un servicio, sus sistemas producen información valiosa. Sin embargo, gran parte de esos datos nunca se utiliza para mejorar la gestión pública.

La oportunidad es inmensa. Más del 90% de los países de América Latina y el Caribe cuentan con sistemas para gestionar nómina, compras o finanzas públicas, y todos tienen sistemas tributarios digitales. Sin embargo, la mayoría utiliza esos datos principalmente para operar, no para diagnosticar problemas o anticipar decisiones.

En la práctica, esto significa que millones de transacciones públicas (salarios, contratos, pagos, nombramientos y compras) quedan almacenadas en sistemas gubernamentales sin convertirse en información para la toma de decisiones. Solo en un análisis reciente de nómina pública realizado por el BID en uno de los países, se procesaron más de 30 millones de registros individuales de empleo público entre 2019 y 2024, permitiendo identificar oportunidades de mejora con impactos fiscales significativos. La materia prima ya existe; el desafío es transformarla en evidencia para asignar mejor los recursos, fortalecer la implementación de las políticas y responder con mayor eficacia a las necesidades de las personas.

Un recurso valioso que los gobiernos ya tienen

Los sistemas administrativos fueron diseñados para que los gobiernos operen en su día a día. Detrás de cada transacción existe información detallada sobre quién tomó la decisión, cuándo ocurrió, cuánto costó, dónde se ejecutó y cuál fue el resultado. Las bases de nómina contienen información de millones de pagos y movimientos de personal durante años. Los sistemas de compras registran cada contrato, oferente, monto y plazo de ejecución. Son bases de datos con una granularidad y cobertura que pocas encuestas pueden igualar. 

Estos datos pueden ayudar a responder preguntas clave para la gestión pública.

  • ¿Por qué está creciendo el gasto en personal?
  • ¿Qué instituciones tienen mayor rotación de funcionarios?
  • ¿Se están utilizando correctamente los procesos de contratación pública?
  • ¿Dónde están los principales cuellos de botella que retrasan la implementación de una política o la prestación de un servicio?
  • ¿En qué áreas se puede mejorar la efectividad del estado? 
Entonces, ¿por qué esta información no se usa?

La experiencia de distintos países muestra retos similares. A veces la información está dispersa entre distintas plataformas y no conversa entre sí. Otras veces existen los datos, pero no las capacidades para analizarlos. Y, en muchos casos, el mayor desafío no es técnico sino político: disponer de evidencia no significa que esta vaya a influir en las decisiones.

La buena noticia es que eso está cambiando. Cada vez más gobiernos están demostrando que es posible transformar los datos que ya generan en información útil y mejorar la gestión pública.

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Cómo los datos administrativos pueden mejorar la gestión pública y los servicios públicos

Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estamos trabajando con varios gobiernos de América Latina y el Caribe para aprovechar mejor los datos que generan sus sistemas administrativos. Su análisis permite identificar dónde se concentran los recursos, qué instituciones enfrentan mayores dificultades y qué procesos generan retrasos o sobrecostos. Esta información permite mejorar el funcionamiento interno del estado y orientar decisiones que fortalezcan la implementación de políticas y la prestación de servicios públicos.

Por ejemplo, los datos de nómina permiten rastrear millones de movimientos de personal a lo largo del tiempo. Con ellos es posible saber si el gasto crece porque hay más funcionarios o porque aumentan los salarios, identificar instituciones con alta rotación, prever olas de jubilación e incluso comparar la composición del empleo público con la de otros países. En uno de los países que analizamos, el análisis de estos datos permitió estimar que una mejor asignación del personal administrativo en un solo sector podría generar ahorros equivalentes a alrededor de 0,4% del PIB. Además de reducir costos, una distribución más estratégica del personal mejora la eficiencia en la provisión de servicios públicos.

Los sistemas de compras públicas registran millones de transacciones cada año. Al analizarlos es posible detectar patrones invisibles en la gestión cotidiana: procesos que se repiten innecesariamente, diferencias significativas de precios entre productos similares, concentración de adjudicaciones en ciertos proveedores o fraccionamiento de contratos para evitar procedimientos más competitivos. En uno de los países con los que trabajamos, el análisis mostró que las adquisiciones realizadas por debajo de un umbral regulatorio aumentaron 4,3 veces en pocos años y se concentraban de manera inusual justo por debajo de ese límite. Sin analítica de datos, ese patrón habría permanecido oculto. Y si un patrón permanece invisible, difícilmente podrá corregirse. Ajustar estas distorsiones genera espacio fiscal para bienes y servicios públicos.

Las encuestas a servidores públicos complementan los datos administrativos porque ayudan a entender no solo qué está ocurriendo, sino también el por qué. En conjunto, ambos tipos de datos ofrecen una visión mucho más completa del funcionamiento de las organizaciones públicas. La última encuesta realizada en Chile en 2023 recogió la voz de más de 26.000 funcionarios públicos, una escala que permitió comprender aspectos que los registros administrativos por sí solos no pueden explicar. Los resultados mostraron que, aunque un 84% percibe que el desempeño es importante para ascender, solo un 39% considera que existen buenas oportunidades de desarrollo de carrera en su institución.

El siguiente paso no es más datos

Los gobiernos seguirán invirtiendo en transformación digital. En la región estos sistemas abarcan funciones que cubren, en promedio, el 79% de los ingresos públicos y al menos el 40% del gasto del gobierno central. Sin embargo, tener más sistemas no garantiza mejores decisiones.

El siguiente paso, para la mayoría de los gobiernos, es usar los datos que ya tienen —de nómina, de compras, de recursos humanos— para responder preguntas concretas, convertir esa información en acciones y mejorar el monitoreo de sus políticas. Mejores procesos internos son la base para implementar mejores políticas y proveer servicios públicos de calidad a la ciudadanía. Una pregunta para empezar: ¿qué decisión está tomando hoy tu institución sin mirar datos que ya están en sus propios sistemas?

Para quienes quieran llevar ese enfoque a la práctica, únanse a ImplementaLAC, plataforma que ofrece herramientas y recursos para hacerlo.

ImplementaLAC es la plataforma gratuita del BID para servidores públicos de la región que quieren pasar de la idea a la acción. Es un buen lugar para empezar: encontrarás un taller sobre cómo usar datos para mejorar la gestión pública.

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