- Hoy, el tráfico de datos entre países sudamericanos puede seguir rutas indirectas que añaden miles de kilómetros a su recorrido antes de llegar a destino.
- Para desarrollar, alojar y exportar soluciones de inteligencia artificial, América del Sur necesitará combinar talento, energía y capacidad de cómputo con conexiones rápidas, confiables y resilientes.
- En ese contexto, el programa regional del BID Conexión Sur impulsa estudios y proyectos destinados a desarrollar corredores de fibra óptica, cables submarinos, infraestructura de datos y mecanismos de coordinación regional.
Imaginemos, por un momento, la siguiente situación ficticia: una emprendedora de Lima ha construido una sólida empresa de diseño de software. Comenzó atendiendo a clientes peruanos, pero no tardó en descubrir la posibilidad de expandirse: había demanda por sus servicios, contaba con un buen equipo y ofrecía precios competitivos. Al poco tiempo, empezó a cerrar contratos con empresas de Ciudad de Panamá, Bogotá y Quito.
Sin embargo, al intentar cerrar proyectos en São Paulo o Santiago, surgía una fricción difícil de explicar. Las videollamadas se interrumpían, los archivos tardaban en sincronizarse y las demostraciones en tiempo real se congelaban. Al final, ella recibía una respuesta similar: el cliente había elegido a un proveedor de fuera de la región. Pero no era por una cuestión de precio o de calidad, le explicaban. Simplemente, “la conexión con sus competidores funcionaba”. Se trata de un ejemplo ficticio, pero ilustrativo, de la importancia decisiva de la conectividad para la viabilidad de innumerables negocios en la región.
Cómo viajan los datos
Lo que muchos usuarios y empresas desconocen es que buena parte del tráfico de datos entre países sudamericanos no viaja directamente de un punto a otro del continente. A menudo se dirige hasta Estados Unidos, para luego regresar hacia el sur.
Una videollamada entre Lima y São Paulo, por ejemplo, puede recorrer miles de kilómetros adicionales, no por razones geográficas, sino por la falta de rutas directas, puntos de intercambio de tráfico de internet (IXP), conexiones terrestres transfronterizas y reglas que faciliten el flujo de datos entre países vecinos.
El resultado es una paradoja que restringe el potencial de la economía digital regional: los países sudamericanos están, en muchos sentidos, mejor conectados con el resto del mundo que entre ellos.
Este es exactamente el tipo de desafío que el programa regional Conexión Sur del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) busca abordar.
Cuando la distancia también se mide en milisegundos
Durante años, la conectividad digital ha ocupado un lugar secundario en las agendas de integración regional, por detrás de las carreteras, los puertos y las redes eléctricas. En poco tiempo, la expansión de la inteligencia artificial ha vuelto obsoleto ese orden de prioridades.
Los servicios de IA demandan gran capacidad de ancho de banda y son especialmente sensibles a la latencia, es decir, al tiempo que tarda la información en viajar hasta el servidor y regresar. En aplicaciones en tiempo real, una ruta innecesariamente larga afecta la velocidad, la calidad y la confiabilidad del servicio.
La brecha es considerable. Algunas conexiones regionales que se enrutan a través de nodos ubicados fuera de Sudamérica registran latencias cercanas a 150 milisegundos, frente a menos de 20 con rutas directas. Por otro lado, el 79 % del ancho de banda de rutas externas sale de la región, incluso cuando los datos se originan y terminan en Sudamérica.
En la economía digital, la distancia ya no se mide solo en kilómetros, sino también en milisegundos, que dependen de la ruta que siguen los datos.
La paradoja digital sudamericana: el desafío pendiente
La buena noticia es que América del Sur no parte de cero. En las últimas décadas, sus países han realizado inversiones importantes para ampliar la conectividad internacional: desde el cable Humboldt, impulsado por Chile junto con Google para conectar directamente a Sudamérica con Australia y Asia-Pacífico, hasta la ampliación de la conectividad en Colombia, con sistemas como AMX-1 y el cable que conecta San Andrés con el territorio continental, o el aumento de capacidad de Ecuador mediante varios cables submarinos y nuevos sistemas previstos entre 2026 y 2027.
A ese mapa se suma Brasil, sin duda uno de los principales nodos del tráfico digital regional, por el tamaño de su mercado, los cables que llegan a sus costas y el crecimiento de la nube y los centros de datos.
En conjunto, se trata de inversiones estratégicas, pero su impacto depende, en definitiva, de su articulación regional. Un cable que llega a la costa de un país no beneficia automáticamente a sus vecinos: para convertirlo en un activo regional, hacen falta redes terrestres transfronterizas, puntos de intercambio que mantengan el tráfico dentro de Sudamérica y reglas de acceso abiertas, competitivas y seguras.
En otras palabras, Sudamérica no solo necesita más puertas de entrada al mundo, sino conectar esas puertas entre sí.
De consumidores a proveedores de inteligencia artificial
El lugar que ocupe Sudamérica en la economía de la inteligencia artificial dependerá de ese proceso de integración digital.
La región se encuentra pues ante una encrucijada: puede limitarse a consumir aplicaciones desarrolladas y procesadas a miles de kilómetros, o crear las condiciones para desarrollar, alojar y exportar servicios digitales y soluciones de IA. Esta segunda opción requiere talento, energía, capacidad de cómputo y centros de datos, pero también conexiones rápidas, confiables y resilientes, acompañadas de marcos regulatorios que faciliten el intercambio.
Una red regional digital integrada permitiría aprovechar mejor la infraestructura existente, ampliar el mercado de los proveedores locales y atraer inversiones en cables, centros de datos y procesamiento. También facilitaría el desarrollo de hubs regionales capaces de atender varios mercados desde una misma ubicación.
En resumen, no se trata solo de atraer grandes inversiones, sino de permitir que miles de empresas sudamericanas vendan servicios dentro y fuera de la región sin que la conectividad sea una desventaja competitiva.
La integración digital de los países sin litoral
Esta agenda es especialmente importante para Bolivia y Paraguay. Al no contar con salida al mar, dependen de redes terrestres que atraviesan países vecinos para acceder a los cables submarinos y a la conectividad global.
Esta dependencia puede generar rutas más largas, mayores costos, menos alternativas y más vulnerabilidad ante las interrupciones. Por ello, la integración regional ofrece la clave para mejorar la calidad, asequibilidad y resiliencia de su conectividad.
Empresas de software, animación, servicios empresariales o IA ubicadas en Asunción, Santa Cruz o La Paz podrían atender mercados globales, siempre que cuenten con infraestructura competitiva.
Conexión Sur: una hoja de ruta para la integración digital
Este es el contexto en el que se enmarca el programa regional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Conexión Sur, que concibe la conectividad digital como una infraestructura esencial para el crecimiento, la innovación y la competitividad de Sudamérica.
La región se enfrenta a una conectividad fragmentada, así como a brechas de acceso, calidad y resiliencia: la banda ancha fija alcanza cerca del 45 % de los hogares, mientras que unos 225 millones de personas permanecen desconectadas de internet móvil. A estas brechas nacionales hay que sumarles la baja interoperabilidad regional, la escasez de rutas alternativas y el limitado aprovechamiento de economías de escala.
Conexión Sur busca convertir estos desafíos en una hoja de ruta de inversiones para 2030. Su enfoque es pragmático: identificar proyectos alineados con las prioridades nacionales y acompañarlos desde el diagnóstico y los estudios de prefactibilidad hasta las decisiones de inversión.
Para ello, trabaja en cuatro frentes: promover una mayor convergencia regulatoria e institucional; realizar estudios de prefactibilidad para corredores de fibra, cables submarinos y conexiones fronterizas; evaluar infraestructura de datos y hubs de inteligencia artificial; y coordinar esfuerzos para convertir los estudios en proyectos.
Ahora bien, Conexión Sur mira más allá de las redes troncales. La infraestructura no solo debe conectar países; también debe mejorar el acceso y las oportunidades de las comunidades, las empresas y las zonas desatendidas. En efecto, conformarse con una infraestructura que atraviesa un territorio, pero no mejora la conectividad de las comunidades locales, sería dejar el trabajo a medio hacer.
Una conexión que realmente funcione
Ahora imaginemos por un instante que la emprendedora del ejemplo ficticio mencionado al inicio de esta entrada vuelve a presentar una propuesta en São Paulo. Esta vez, la videollamada fluye, la demostración funciona y los archivos se sincronizan en segundos. El cliente percibe un servicio rápido, confiable y competitivo, y el proyecto sale adelante, ya que esta vez ha sido evaluado por sus méritos.
Esta pequeña victoria nos habla de una oportunidad mayor: que miles de empresas sudamericanas compitan poniendo en juego su talento y sus soluciones, sin perder negocios debido a las rutas que siguen sus datos.
Para más información sobre este programa regional del BID, por favor visiten el sitio de Conexión Sur.