- Pese al creciente interés del sector privado, sigue siendo indispensable mejorar el acceso a los mercados y al financiamiento, así como la gestión de riesgos, para que la bioeconomía de la Amazonía alcance una mayor escala.
- No son ideas de negocio lo que falta, sino condiciones financieras e institucionales indispensables para el crecimiento de los emprendimientos de mayor potencial.
- Tejer alianzas más sólidas puede marcar la diferencia, facilitando la coordinación de inversiones entre gobiernos, asociados para el desarrollo e inversionistas privados en aras de un desarrollo resiliente, inclusivo y sin deforestación, en línea con el enfoque de Amazonía Siempre.
A la Amazonía no le faltan ideas de negocio, como tampoco carece de los conocimientos necesarios ni del interés del mercado. El verdadero desafío es convertir esos activos en proyectos financiables y negocios sostenibles a escala. Los productores siguen enfrentándose a normativas dispares, un acceso limitado al financiamiento, barreras de acceso a los mercados y riesgos que a menudo trascienden las fronteras nacionales.
Por otro lado, muchos productos prometedores están todavía lejos de alcanzar una escala comercial significativa, y sigue escaseando el capital paciente y dispuesto a asumir los riesgos necesarios para crecer.
Para superar esos escollos no alcanza con impulsar proyectos individuales. Es preciso establecer normativas comunes, facilitar un financiamiento más accesible, promover una mayor coordinación regional y contar con mercados que recompensen el valor generado en el territorio. Todo ello puede contribuir a conectar la producción local con las estrategias regionales y la demanda global.
También juega un papel clave la gestión de riesgos: los incendios, los delitos y otras perturbaciones pueden afectar a los medios de vida, las infraestructuras, las cadenas de valor y el nivel de confianza de los inversores. Por esa razón, la resiliencia forma parte, a su vez, de las condiciones necesarias para fortalecer la bioeconomía.
Crear las condiciones para crecer a escala
Estas fueron algunas de las cuestiones centrales de la Semana de la Amazonía 2026, una serie de eventos celebrados a principios de junio en Berlín y Bruselas. Por invitación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, el programa Amazonía Siempre del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se reunió con gobiernos, bancos de desarrollo, empresas, inversionistas y socios de cooperación para analizar cómo abordar estas barreras en la práctica.
En los debates sobre bioeconomía, comercio, gestión del riesgo de desastres y financiamiento reapareció una misma idea de fondo: estas agendas no pueden avanzar por separado. El Grupo BID, integrado por el BID, BID Invest y BID Lab, apoya un enfoque integrado a través de Amazonía Siempre. Fortalecer la bioeconomía exige crear las condiciones financieras, institucionales y de mercado que permitan crecer a los emprendimientos viables, garantizando al mismo tiempo que los beneficios lleguen a pequeños productores, cooperativas, pueblos indígenas y comunidades tradicionales.
Del potencial local a los mercados globales
La castaña amazónica (Bertholletia excelsa) ofrece un ejemplo concreto tanto de la oportunidad como del desafío. Recolectada en Bolivia, Brasil y Perú y vendida a compradores de Europa y otros mercados, ya conecta los medios de vida vinculados al bosque con los mercados internacionales. Sin embargo, los productores de los tres países siguen enfrentándose a diferentes normativas, condiciones de financiamiento y barreras de acceso a los mercados.
Armonizar estas condiciones entre países podría reforzar los esfuerzos nacionales y, al mismo tiempo, hacer que las cadenas regionales de valor sean más competitivas, transparentes y atractivas para la inversión responsable. También podría mejorar el acceso al financiamiento, fortalecer el posicionamiento en los mercados y aumentar las posibilidades de que los productores alcancen una mayor escala.
Una cooperación técnica regional liderada por el BID y anunciada durante el Diálogo Comercial Brasil-Alemania en Berlín busca precisamente cerrar estas brechas. Con el respaldo del Fondo Verde para el Clima y del Fondo Fiduciario de Múltiples Donantes para la Gestión de la Bioeconomía y los Bosques de la Amazonía, apoyado por el Reino Unido, Alemania, los Países Bajos, Suiza e Italia, la iniciativa ayudará a los tres principales productores —Bolivia, Brasil y Perú— a mejorar las condiciones normativas e institucionales, el acceso al financiamiento, el posicionamiento en los mercados y la colaboración regional.
La importancia de la iniciativa va más allá de un solo producto o cadena de valor. Al armonizar las condiciones entre países, estos pueden reforzar lo que cada uno está construyendo a nivel nacional y crear cadenas de valor más competitivas, transparentes y atractivas para la inversión responsable. La cooperación regional se convierte así en una vía para alcanzar escala.
Conectar los principios generales de la bioeconomía con las realidades prácticas de su implementación sigue siendo un desafío central para las iniciativas nacionales y subnacionales, los espacios de colaboración entre distintos actores y el comercio global. Este fue también el eje del panel «El desafío de la bioeconomía: soluciones financieras para movilizar la inversión privada», organizado conjuntamente por Amazonía Siempre y la Embajada de Brasil en Berlín.
La Amazonía es una frontera socioeconómica estratégica. La pregunta ya no es si la región tiene potencial, sino si será posible construir con suficiente rapidez y coherencia los sistemas financieros, institucionales y de mercado necesarios para aprovecharlo.
Las oportunidades y los riesgos no se detienen en las fronteras
La misma lógica se aplica a los riesgos ambientales y de desastres. Los incendios forestales en la Amazonía no son solo una amenaza ambiental: pueden afectar los medios de vida, la infraestructura, las cadenas de valor y la confianza de los inversionistas. Gestionar este riesgo forma, por tanto, parte de las condiciones necesarias para una bioeconomía resiliente.
Esta fue una de las cuestiones abordadas en el diálogo Fire Frontiers, convocado en Berlín por la Embajada de Colombia y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), con el apoyo de la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ) y de instituciones brasileñas y colombianas. En el diálogo convergieron los sistemas nacionales de supervisión, los conocimientos indígenas sobre el manejo del fuego y los instrumentos financieros.
La falta de capital sigue siendo el principal obstáculo
La región cuenta con enormes recursos biológicos, pero solo una pequeña parte de sus especies y productos nativos ha alcanzado una escala comercial significativa. Según investigaciones del BID citadas durante los debates, Brasil ha identificado más de 1.000 especies nativas de plantas alimenticias, pero menos del 5 % ha logrado una escala comercial significativa. La brecha resulta aún más llamativa en un contexto global en el que los productos de base biológica ya representan una proporción importante del comercio internacional.
Por tanto, el problema no es la falta de oportunidades, sino la escasez de capital paciente y dispuesto a asumir riesgos, capaz de apoyar a las empresas con la escala, el ritmo y la diversidad que la región requiere. Instrumentos como el financiamiento combinado, las garantías y los mecanismos adaptados a modelos de negocio liderados por las comunidades ya han pasado a formar parte de la solución. El reto ahora es utilizarlos de manera más sistemática y a mayor escala.
Estos desafíos también se analizaron en el Parlamento Europeo, en Bruselas, donde bionegocios, inversionistas de impacto, el Banco Europeo de Inversiones, la Compañía Española de Financiación del Desarrollo (COFIDES), el Banco Holandés de Desarrollo Empresarial (FMO), Banco do Brasil y otras instituciones abordaron la cuestión desde la perspectiva del financiamiento.
La agenda continuó en Estocolmo con conversaciones entre la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Asdi), la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (Norad) y otros asociados sobre el uso de garantías para movilizar más inversión pública y privada en la Amazonía.
Construir las alianzas que permiten avanzar a la región
Las alianzas necesarias para transformar la economía de la Amazonía rara vez se tejen en torno a un único evento o anuncio. Necesitan tiempo para consolidarse, así como cooperación técnica, relaciones de confianza, aprendizajes compartidos y una inversión sostenida.
La colaboración de Suiza con la Amazonía ilustra este enfoque de largo plazo: aportes a un fondo fiduciario regional, más de una década de inversión en agua y saneamiento rural y un diálogo exploratorio con el Open Quantum Institute del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) sobre la forma en que las tecnologías emergentes podrían contribuir al monitoreo de los bosques. Cada iniciativa genera conocimientos y relaciones que pueden hacer posibles esfuerzos de mayor envergadura en el futuro.
La importancia de la Semana de la Amazonía reside precisamente en esta convergencia. La bioeconomía, el comercio, la gestión de incendios, el financiamiento y la tecnología no son líneas de trabajo separadas: en conjunto, crean las condiciones para un desarrollo sostenible e inclusivo en la Amazonía.
La oportunidad no se traducirá por sí sola en impacto. La siguiente etapa consiste en convertir el compromiso internacional sostenido en inversiones coordinadas que fortalezcan las cadenas de valor locales, gestionen los riesgos compartidos y permitan que una mayor parte del valor permanezca en los territorios donde nace la bioeconomía de la Amazonía.