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Políticas para quienes cuidan cuando mamá o papá no pueden hacerse cargo

Género y diversidad, Desarrollo infantil temprano Políticas para quienes cuidan cuando mamá o papá no pueden hacerse cargo Cuando los padres no pueden cuidar de sus hijos, familiares o personas cercanas suelen asumir su cuidado. Las políticas pueden apoyarlos. Oct 23, 2026
Cuidadora dando un beso a un bebé
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Ideas clave
  • Cuando la separación parental es inevitable, el cuidado por parte de familiares o personas cercanas se asocia con mejores resultados para niños y niñas que el acogimiento por familias sin vínculo previo o en instituciones.
  • La mayoría de estos arreglos son informales y quedan fuera de los registros oficiales, por lo que es necesario medirlos mejor.
  • Los programas sociales pueden llegar a quienes asumen la crianza, aunque no sean madres o padres. 

Basta con cerrar los ojos y preguntarse quién nos ha cuidado a lo largo de la vida para que más de un nombre llegue a nuestras mentes: madres, padres, hermanos, abuelos, tíos, maestras, amigas, vecinos, personas que cuidan de manera remunerada y no remunerada. Este conjunto de personas forma parte de una red de cuidados que nos sostiene y que se vuelve especialmente importante en determinadas etapas de la vida, como la niñez. En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos apoyado a países de la región en el fortalecimiento de esta red a través de nuestros programas para la infancia.

La presencia de estas redes en los primeros años de vida cobra aún más importancia cuando padres y madres no pueden hacerse cargo de sus hijos porque están privados de libertad, enfrentan una condición de salud física o mental o han ejercido violencia contra el niño o niña, por ejemplo. 

Activar la red a tiempo puede significar que ese niño o niña permanezca al cuidado de personas que conoce y en quienes confía. No activarla, en cambio, puede significar separarlo de su mundo, de aquello que conoce y ama, para dejarlo al cuidado de una familia de acogida sin vínculo previo o, en los casos más críticos, en una institución.

Cuando la separación parental es inevitable, la evidencia sugiere priorizar el cuidado por parte de la familia extendida o de personas que, sin ser familiares, mantienen un vínculo cercano con el niño o niña. Este tipo de acogimiento se asocia con mejores resultados de salud mental y en el ámbito conductual, social y educativo. En cambio, los riesgos aumentan para la niñez en familias de acogida y, sobre todo, en instituciones.

Cómo apoyar a quienes asumen el cuidado

Asumir la crianza implica una inversión económica, de cuidados y de tiempo que rara vez llega acompañada de apoyo. El bienestar de la niñez está estrechamente ligado al bienestar de quienes la cuidan. Por eso, las políticas pueden actuar en tres áreas: 

  1. Ampliar el acceso a los programas existentes para quienes asumen el cuidado.

El apoyo debería seguir al niño o niña y a quienes efectivamente asumen su cuidado, independientemente de si son o no sus progenitores. 

Por ejemplo, con apoyo del BID, Argentina ha fortalecido sus transferencias monetarias para hogares vulnerables con niños, niñas y adolescentes, como la Asignación Universal por Hijo (AUH). En este caso, quien asume la crianza puede cobrar la AUH, aunque no sea el progenitor e incluso, mediante una evaluación social, cuando no se cuenta con documentación legal que acredite la guarda. 

Proteger a las familias también implica acompañar la crianza. En Perú, el BID ha apoyado el fortalecimiento del Programa Nacional Cuna Más, una política pública que promueve el desarrollo infantil de niños y niñas menores de 36 meses en situación de pobreza, a través del cuidado diurno en centros infantiles y visitas domiciliarias para fortalecer prácticas de crianza en el hogar. Ambos servicios están dirigidos tanto a madres y padres como a tutores y cuidadores principales.

  1. Crear apoyos específicos para familiares y personas cercanas que asumen el cuidado.

Además de facilitar el acceso a programas existentes, algunos países han creado apoyos específicos para familiares y personas cercanas que asumen la crianza. 

En Estados Unidos, los programas de orientación para familiares cuidadores, como los kinship navigator programs, apoyan a quienes asumen el cuidado para que conozcan y accedan a los beneficios y servicios disponibles. Estos programas pueden recibir financiamiento federal tanto para su operación como para desarrollar y evaluar nuevos modelos. 

También existen beneficios directos, como el Programa de Cuidadores Abuelos y Familiares Cercanos de Washington D.C., que ofrece una transferencia monetaria mensual a quienes cuidan a sus nietos u otros familiares cercanos. Para aplicar, se debe demostrar tanto el parentesco como el ejercicio del cuidado principal del menor de edad. Esto último puede probarse con una orden judicial de custodia, tutela o adopción ocon otros documentos como registros escolares o médicos y comprobantes de solicitud de ayudas públicas en beneficio del menor de edad. 

  1. Medir mejor el cuidado por parte de familiares y referentes afectivos.

La mayoría de los arreglos de cuidado por parte de la familia extensa se hacen de manera informal: los padres acuerdan con algún familiar o persona cercana que asuma la crianza, sin que intervenga un juez ni un organismo de protección. Por ese motivo, estos arreglos suelen quedar fuera de los registros oficiales, que tienden a contar solo los casos que pasan por el sistema de protección. 

En general, muchos países tienen datos que permiten estimar cuántos niños y niñas viven con familiares, sin sus padres. Sin embargo, estos datos no siempre permiten conocer por qué se produjo ese arreglo de cuidado. Medir mejor implica incluir preguntas específicas sobre estos arreglos, conocer las necesidades de quienes cuidan y evaluar qué tipo de apoyos se requieren. Las encuestas de uso del tiempo o de desarrollo infantil temprano podrían ser un buen punto de partida.

Fortalecer la red que sostiene a niñas y niños

Las redes familiares y afectivas ya cumplen un papel fundamental cuando madres y padres no pueden hacerse cargo de la crianza. El desafío es que quienes asumen ese rol no tengan que hacerlo solos ni permanezcan invisibles para las políticas públicas.

Reconocer estas formas de cuidado es también parte de construir sistemas de cuidado que respondan a la diversidad de necesidades y realidades de las familias.

A través de BID Cuida, el BID acompaña a los países de la región en la implementación de sistemas de cuidado y pone a disposición un menú interactivo con programas recientes desarrollados junto a los gobiernos. 

Descarga el menú interactivo
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