- América Latina y el Caribe cuenta con experiencias concretas que están transformando la organización social del cuidado. El desafío está en crear las condiciones para escalar aquello que ya ha demostrado que funciona.
- Escalar programas de cuidado requiere fortalecer cinco condiciones interdependientes: gobernanza, financiamiento, capital humano, calidad y corresponsabilidad.
- Ampliar la cobertura no es suficiente: el reto es lograr que los servicios de cuidado crezcan manteniendo su calidad y sostenibilidad.
El cuidado es fundamental para el desarrollo humano y una condición indispensable para construir sociedades más productivas, igualitarias y sostenibles. En América Latina y el Caribe, sin embargo, aún tenemos camino por recorrer para contar con servicios de calidad y a escala para quienes los necesitan. Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la cobertura de servicios de cuidado infantil, por ejemplo, alcanza entre un 30% y 40% en algunos países, mientras que los servicios de cuidado de larga duración financiados con recursos públicos llegan a menos del 5% de las personas mayores con necesidades de cuidados.
Aun así, nuestra región ya cuenta con experiencias concretas de cuidado que muestran cómo avanzar.
La nueva publicación del BID Caminos para construir sistemas de cuidado: Nueve casos de estudio de América Latina y el Caribe, analiza programas y servicios de cuidado liderados por gobiernos nacionales que ofrecen prestaciones concretas en el territorio. Estas experiencias permiten extraer lecciones sobre uno de los principales desafíos de la región: cómo ampliar los servicios de cuidado sin perder calidad ni sostenibilidad.
En otras entradas de blogs y publicaciones hemos abordado los desafíos que enfrentan los países para avanzar en la agenda del cuidado. Ahora damos un paso más y analizamos cómo algunos de esos retos se están traduciendo en respuestas concretas. A partir de nueve experiencias desarrolladas en distintos territorios, extraemos lecciones que pueden ser útiles para países que buscan expandir o crear nuevos servicios.
Estas experiencias son:
- Brasil: Cuidado en Casa: servicio integrado de atención a domicilio para personas mayores y sus cuidadoras/es no remuneradas/os.
- Chile: Centros Comunitarios de Cuidados/ Chile Cuida.
- Colombia: Piloto para el fortalecimiento de organizaciones comunitarias de cuidado.
- Costa Rica: Centros Diurnos para Personas Adultas Mayores.
- México: Nuevo modelo de Centros de Educación y Cuidado Infantil/CECI.
- Panamá: Centros de Atención Integral a la Primera Infancia/CAIPI.
- Paraguay: Programa Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia, Semillas del Futuro.
- República Dominicana: Modelo de atención domiciliaria para personas mayores en situación de dependencia.
- Uruguay: Centros Interinstitucionales de Educación y Cuidados Infantiles de Sindicatos y Empresas/SIEMPRE
Los casos abarcan servicios de atención domiciliaria para personas mayores en situación de dependencia, centros comunitarios de cuidado, servicios para la primera infancia, modelos de apoyo a personas cuidadoras y mecanismos de articulación entre gobiernos, comunidades, empresas y organizaciones sociales.
Son experiencias distintas, desarrolladas en contextos diferentes, pero juntas muestran que la región ya cuenta con conocimiento acumulado sobre cómo organizar servicios, movilizar actores, desarrollar capacidades y responder a necesidades concretas de cuidado en los territorios.
La publicación parte de una pregunta central: ¿qué se necesita para que un programa o servicio de cuidado pueda ampliar su cobertura, mantener su calidad y convertirse en una política sostenible?
Un hallazgo clave es que ampliar un programa o servicio que funciona en un territorio determinado requiere fortalecer cinco condiciones interdependientes para apoyar su expansión: gobernanza, financiamiento, capital humano, calidad y corresponsabilidad social en los cuidados. El desafío no consiste simplemente en replicar un modelo, sino en construir las condiciones y capacidades necesarias para que pueda funcionar en contextos distintos, mantener sus estándares y sostenerse en el tiempo.
Los cuidados involucran a múltiples sectores, como desarrollo social, educación, salud y trabajo, y, por tanto, requieren coordinación. Pero los casos muestran que coordinar no siempre es suficiente.
Costa Rica, por ejemplo, muestra la importancia de contar con una rectoría clara en el sistema de gobernanza de la política de cuidado, con mandato y capacidad técnica para articular a distintos actores. A nivel territorial, Brasil y Colombia muestran que los marcos nacionales (legislación y políticas de cuidados) necesitan traducirse en planes, recursos y capacidades locales adaptados a cada contexto.
La continuidad es otro desafío. Los sistemas, políticas y servicios de cuidado requieren horizontes de largo plazo que trasciendan los ciclos de gobierno. Uruguay, Chile y Panamá muestran cómo los marcos legales, la institucionalización y los consensos contribuyen a sostener estos procesos.
La escala también exige resolver cómo financiar esa expansión. Una experiencia puede comenzar con recursos temporales o extraordinarios, pero una política sostenible necesita mecanismos de financiamiento previsibles y responsabilidades claras entre los distintos niveles de gobierno y actores involucrados.
Ofrecer más servicios no significa necesariamente ofrecer mejores servicios. La expansión requiere infraestructura, personas formadas para cuidar y mecanismos que permitan garantizar estándares de calidad.
Aquí aparece uno de los principales cuellos de botella de nuestra región: la disponibilidad de capital humano calificado. Los nueve casos analizados muestran la necesidad de avanzar simultáneamente en la formación de más personas cuidadoras y en la certificación de quienes ya realizan estas tareas, junto con la creación de mejores condiciones laborales y medidas que protejan su bienestar.
Las experiencias de República Dominicana y México ofrecen distintas estrategias para la profesionalización, mediante formación y mentorías. Chile y Brasil, por su parte, evidencian la importancia de incorporar el bienestar de quienes cuidan como parte del modelo de atención.
La calidad también requiere sistemas de información, monitoreo y evaluación. Panamá es un ejemplo de cómo la definición de estándares, mecanismos de verificación e incentivos puede orientar la mejora de los servicios. En Uruguay, la evaluación externa de los Centros SIEMPRE generó evidencia para sustentar decisiones de expansión.
Estos casos muestran que escalar implica construir capacidades para garantizar la calidad, medir resultados y mejorar continuamente mientras los servicios crecen.
Un sistema o una política de cuidados no puede descansar exclusivamente en las familias y, dentro de ellas, en las mujeres, pero tampoco puede construirse únicamente desde el Estado. Las experiencias analizadas plantean distintas formas de articular al sector público y privado, comunidades, organizaciones sociales y familias.
Colombia muestra el potencial de fortalecer la participación comunitaria, dentro de una rectoría estatal clara que asegure el acceso y el financiamiento. República Dominicana y Uruguay ilustran cómo el sector privado puede contribuir mediante el aporte de infraestructura, gestión y capacidades instaladas.
La corresponsabilidad también debe promoverse dentro de los hogares. Paraguay refleja la importancia de combinar servicios con acciones de apoyo a las familias y con medidas que incentiven una mayor participación de los padres varones en el cuidado de sus hijos e hijas.
Este desafío alcanza también a la fuerza laboral remunerada: las mujeres representan la mayoría de las personas que trabajan en el sector de los cuidados, y las experiencias analizadas muestran que se puede avanzar en estrategias que contribuyan a diversificar esta fuerza laboral.
Escalar los cuidados implica, por tanto, ampliar no solo los servicios, sino también la red de actores que participan en su provisión, redistribuyendo así las responsabilidades que asumen.
Los países de América Latina y el Caribe no necesitan diseñar soluciones desde cero. La región ya cuenta con experiencias, innovaciones institucionales y aprendizajes territoriales que pueden servir como punto de partida.
El desafío es crear las condiciones para que esas experiencias que funcionan puedan llegar a más personas, mantener su calidad y sostenerse en el tiempo. Aprender de lo que ya existe puede ayudarnos a avanzar de programas concretos hacia servicios de cuidado con mayor escala y sostenibilidad.
Conoce las nueve experiencias narradas por sus protagonistas: