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¿Puede la salud mental prevenir la violencia escolar? Lecciones desde Medellín, Colombia

Educación ¿Puede la salud mental prevenir la violencia escolar? Lecciones desde Medellín, Colombia Depresión, ansiedad y violencia escolar: lo que aprendimos al escuchar a 19.000 estudiantes en Medellín. Sep 24, 2026
MED-STUDENT
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  • Una experiencia en Colombia analiza cómo la detección temprana de depresión y ansiedad puede contribuir a prevenir la violencia escolar y fortalecer las trayectorias educativas de los adolescentes.
  • El estudio encontró que cerca de 19.000 estudiantes adolescentes en Medellín tienen altos niveles de depresión y ansiedad, con impactos asociados con riesgos de deserción escolar, violencia y exclusión social.
  • Los resultados muestran que la salud mental está estrechamente relacionada con decisiones que afectan el futuro de los jóvenes, incluyendo su permanencia en el sistema educativo y su exposición a conductas de riesgo.  
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¿Puede la salud mental de un adolescente determinar si termina el colegio, se acerca a una pandilla o entra al comercio sexual? 

Alrededor de los 13 y 14 años, la salud mental puede ser decisiva en la forma en que los adolescentes responden a las oportunidades, los riesgos y las presiones que influyen en su futuro. El colegio es el único lugar donde el Estado se encuentra con casi todos los adolescentes durante esa ventana. Por eso el aula es un punto natural para prevenir la violencia antes de que ocurra. A diferencia de otras instituciones, el colegio permite ofrecerle apoyo oportuno a un estudiante sin depender de que la familia busque ayuda: el estudiante ya está ahí todos los días, lo que lo convierte en el punto de mayor cobertura y menor costo para intervenir a tiempo.  

Esta entrada hace parte de Escuelas que Cuidan, una serie de entradas de blog del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que reúne evidencia y experiencias sobre cómo los sistemas educativos pueden contribuir a prevenir la violencia y construir entornos más seguros para niños, niñas y adolescentes. Desde Medellín, Colombia, esta contribución explora una dimensión fundamental de esa agenda: la salud mental y el potencial de la escuela para identificar riesgos de manera temprana y ofrecer apoyo antes de que la violencia, la deserción o la exclusión se consoliden.

De la mano de la Secretaría de Educación de Medellín pusimos a prueba esa idea con un equipo de investigación de la Universidad EAFIT, la Universidad de Chicago e Innovations for Poverty Action (IPA). Entre 2025 y 2026 encuestamos a cerca de 19.000 estudiantes de educación secundaria en los grados 7.º y 8.º en 135 colegios públicos de la ciudad, medimos síntomas de depresión y ansiedad con instrumentos validados internacionalmente (el Cuestionario de Salud del Paciente para Adolescentes PHQ-9) y exploramos cómo los estudiantes imaginan su futuro laboral. 

La salud mental es un desafío de todo el sistema educativo

Los resultados describen un problema de gran escala. El 42% de los estudiantes reporta puntajes indicativos de depresión moderada o superior y el 29% reporta ansiedad en ese mismo rango. El puntaje promedio de depresión de las mujeres supera al de los hombres en más de tres puntos (en una escala de 0 a 27). Esta realidad se extiende a todo el sistema educativo, pues encontramos que menos del 2% de la variación se explica por el colegio al que asiste el estudiante. 

El 98% restante corresponde a diferencias entre estudiantes que comparten el mismo colegio y esto sucede en todos los colegios del sistema. Por eso la respuesta debe ser universal y llegar a todos los colegios. Para los tomadores de decisión, esto implica que las intervenciones focalizadas en unos pocos colegios de alto riesgo no bastan: la política pública debe diseñarse para llegar a todo el sistema educativo. 

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En promedio, las mujeres reportan niveles más altos de depresión que los hombres, y son ellas quienes concentran los casos más severos.

La encuesta también preguntó sobre la ideación suicida. Este indicador importa porque permite identificar a tiempo a los estudiantes en mayor riesgo y activar rutas de acompañamiento antes de que la crisis derive en abandono escolar o violencia. El 40% de los estudiantes reportó en algún nivel de ideación suicida en las últimas dos semanas y cerca del 12% reportó pensar en la muerte como solución casi todos los días. La carga recae con mayor fuerza sobre las mujeres. Alrededor de la mitad de ellas reporta algún nivel de ideación suicida, frente a cerca del 30% de los hombres. Estos reportes no constituyen un diagnóstico, pero señalan la necesidad de establecer rutas institucionales de seguimiento y acompañamiento dentro del colegio.

FIGURA2-EAFIT

La ideación suicida también es más frecuente entre las mujeres:  alrededor de la mitad reporta algún nivel, frente a cerca del 30% de los hombres.  

La salud mental se relaciona con las trayectorias de riesgo

Los estudiantes con mayor depresión reportan más comportamientos antisociales entre sus pares, mayor riesgo de deserción, mayor exposición a sustancias y mayor interés en ocupaciones riesgosas. Entre los hombres, esto incluye la vinculación a pandillas barriales o como se conoce localmente como "combos"; y entre las mujeres, vincularse al comercio sexual. Para medir esas expectativas usamos un método indirecto:

  • Le pedimos a cada estudiante que imaginara a diez jóvenes como él o ella, de su misma edad, barrio y familia, y que los repartiera entre cuatro grupos de ocupaciones: trabajos de baja calificación, oficios técnicos, profesiones y actividades de riesgo.
  • Después repetimos el ejercicio retirando, una a una, las opciones legítimas.
  • Cuando esas opciones desaparecían, los estudiantes con más síntomas de depresión asignaban a más jóvenes a la actividad de riesgo. 

Estos resultados muestran correlaciones, pero no prueban que la depresión empuje a un joven hacia un combo o el trabajo sexual. La encuesta retrata un momento en el tiempo y no establece causas. Aun así, el patrón es consistente y muestra que la salud mental está ligada a las condiciones en las que un adolescente decide sobre su futuro.  

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A medida que se reducen las opciones ocupacionales legítimas, los estudiantes con más síntomas de depresión, sobre todo los hombres, inclinan más su interés hacia actividades de riesgo.

¿Qué sigue? Midiendo el impacto de intervenciones que mejoran la salud mental en los resultados educativos

La Secretaría de Educación de la Alcaldía de Medellín, con el apoyo de la Fundación Vibra en Alta y de la Universidad de Antioquia, implementa una intervención basada en la terapia cognitivo-conductual (TCC), la estrategia con mayor respaldo empírico para la depresión y la ansiedad en adolescentes. La terapia cognitivo-conductual le enseña al estudiante a reconocer pensamientos que lo dañan, a cuestionarlos y a construir herramientas para manejar las emociones y los problemas del día a día. 

La intervención empezó como piloto en 2025. Psicólogos del programa atendieron a 333 estudiantes en 28 colegios. El estado de ánimo reportado por los estudiantes al inicio de cada sesión mejoró de manera sostenida a lo largo del acompañamiento. En 2026, el programa se está ampliando a cerca de 500 estudiantes, con acompañamiento y supervisión psicosocial semanal y una ruta de remisión a atención especializada para los casos más severos.  

Esta iniciativa está diseñada para generar evidencia. Vamos a medir su efecto con una evaluación rigurosa que asigna el acompañamiento de manera aleatoria y permite estimar su impacto real sobre la salud mental y, con el tiempo, sobre la permanencia escolar y las trayectorias de los estudiantes. En América Latina hay pocos estudios que conecten el tratamiento de la salud mental en adolescentes con resultados educativos y económicos a largo plazo. Medellín puede llenar ese vacío. Como complemento del acompañamiento presencial, también estamos explorando herramientas digitales de apoyo.

Los instrumentos que usamos son breves, validados y aplicables por personal no clínico, lo que permite caracterizar a toda una población estudiantil a bajo costo y repetir la medición cada año. Sobre esa base, el colegio puede identificar a tiempo a quienes necesitan acompañamiento y conectar la salud mental con los programas de permanencia y prevención que ya operan en la ciudad. La medición también permite ofrecer un acompañamiento diferenciado a mujeres y hombres que llegan a la adolescencia con cargas de riesgo distintas.  

Una lección para la región

La prevención temprana de la violencia empieza con instituciones que acompañan a los jóvenes cuando toman sus primeras decisiones importantes, y la escuela frecuentemente es la primera de esas instituciones. Medellín está poniendo a prueba ese modelo y está midiendo si funciona. Otras ciudades de América Latina pueden replicar la medición escolar y la asignación aleatoria que utiliza Medellín para probar el modelo. En últimas, es la evidencia rigurosa —no la intuición— la que debe determinar qué programas se escalan y cuáles se descartan en la región.

Conoce más sobre la serie Escuelas que cuidan
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