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¿Maestros y libros para los ricos, robots y pantallas para los pobres?

Educación ¿Maestros y libros para los ricos, robots y pantallas para los pobres? ¿Y si la tecnología termina siendo la educación para los de menos ingresos, mientras el aprendizaje verdaderamente humano se vuelve un privilegio? Ene 30, 2026
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La paradoja en educación: mientras los sistemas amplían el uso de tecnología para cerrar brechas, los entornos más privilegiados priorizan aprendizajes centrados en el desarrollo humano. El desafío no es incorporar tecnología, sino diseñar su uso sin comprometer la calidad y la equidad del aprendizaje.

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Cuando se habla sobre tecnología para la educación se piensa en tablets, laptops, robots o plataformas interactivas con las que los chicos aprendan mejor o más rápido habilidades nuevas (codificación) o tradicionales (matemáticas). Planteado así, parece inevitable imaginarse que los estudiantes o escuelas de más altos ingresos sean los que más acceso tengan a este tipo de recursos. Pero ¿qué pasaría si el acceso a la tecnología en los próximos años no sea un privilegio, sino la forma más barata de acceder a servicios educativos? 

Un artículo del The New York Times: “La hipocresía prospera en la Escuela Waldorf de la Península en el corazón de Silicon Valley. Aquí es donde los ejecutivos de Google envían a sus hijos a aprender a tejer, escribir con tiza, practicar nuevas palabras jugando con una pelota y fracciones cortando quesadillas y manzanas. No hay pantallas, ni una sola pieza de contenido interactivo, multimedia y educativo. Los niños ni siquiera toman exámenes estandarizados (…)”.     

Sorprendente ¿no?   

América Latina y el Caribe está invirtiendo cada vez más en equipamiento tecnológico y recursos digitales para cerrar la brecha de habilidades en el mercado laboral y la de aprendizajes entre estudiantes de altos y bajos ingresos. 

Al contrastar estos esfuerzos con la descripción del New York Times sobre cómo aprenden los más privilegiados, vale la pena preguntarse si la tecnología, después de todo, podría aumentar la inequidad en habilidades y aprendizajes. 

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Los aprendizajes que más importan: cuáles y por qué

Entre los grandes objetivos de los sistemas educativos está el de promover aprendizajes que preparen a los niños y jóvenes no sólo para el mundo laboral, sino también para contribuir a crear sociedades más prósperas.

Se sabe que, para acceder a buenos trabajos, se requiere una combinación de habilidades técnicas y habilidades blandas. Esto en sí no es nada nuevo. Lo que sí está cambiando es la distribución relativa de ambas. A pesar de que las habilidades cognitivas siguen estando fuertemente relacionadas con resultados en el mercado laboral (en términos de participación e ingreso), su importancia ha venido cayendo en las últimas dos décadas, mientras que los retornos a las habilidades blandas han ido aumentando. Esta tendencia no es casual: para sobrevivir en el mundo de la automatización, es prioritario enseñar a los jóvenes lo que no pueden hacer las máquinas, porque los trabajos que requieren imaginación, creatividad y estrategia son más difíciles de computerizar. 

Un dato interesante viene de un estudio de Google realizado para entender si su estrategia de reclutamiento enfocada en “habilidades duras” en ciencias de la computación era la adecuada. Los resultados arrojaron una realidad incómoda: siete de las ocho cualidades más importantes que compartían los empleados de más alto desempeño eran habilidades blandas, como ser un buen coach, comunicar y escuchar bien, conocer bien a sus colegas, empatía, pensamiento crítico y resolución de problemas y conectar ideas complejas. Las competencias técnicas en STEM vinieron en último lugar.   

Aprender tejiendo: algo más que trendy

Ante este auge de las habilidades blandas, aprender a tejer, escribir con tiza o practicar nuevas palabras jugando con pelotas son actividades que van más allá de una moda de Silicon Valley. Este tipo de educación se convierte en una estrategia para innovar, como bien decía aquel artículo del New York Times: “Mientras que la razón de ser de Silicon Valley es crear plataformas, aplicaciones y algoritmos para generar la máxima eficiencia en la vida y el trabajo (un mundo "sin fricciones", como Bill Gates una vez lo expresó), cuando se trata de sus propias familias (y desarrollar también sus propias empresas), los nuevos maestros del universo tienen un sentido diferente de lo que se necesita para aprender e innovar: es un proceso lento e indirecto, hace falta serpentear, no correr, permitir el fracaso y la casualidad, incluso el aburrimiento ".  

Para cerrar la brecha de habilidades en la región no podemos olvidar los fundamentos que subyacen detrás de este enfoque, pero sin perder de vista tampoco que el cambio tecnológico viene a ritmo galopante y ofrece nuevas posibilidades de las que niños y jóvenes se pueden beneficiar.   

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La nueva frontera de la desigualdad educativa

Hoy, la pregunta que abre este artículo ya no es una simple provocación. La rápida expansión de la inteligencia artificial, capaz de enseñar, evaluar, retroalimentar y personalizar aprendizajes a gran escala y a muy bajo costo, está redefiniendo qué entendemos por educación y cómo se provee.  La tecnología educativa empieza a perfilarse como la forma más barata y escalable de ofrecer servicios educativos, especialmente en contextos de escasez de docentes y recursos. Tutorías automatizadas, plataformas adaptativas y asistentes basados en IA prometen ampliar el acceso y cerrar brechas.

Pero esa misma promesa encierra un riesgo profundo: que la educación mediada por máquinas se convierta en el estándar para los estudiantes de menores ingresos, mientras que los entornos más privilegiados sigan apostando por experiencias educativas intensamente humanas, con docentes, diálogo, pensamiento crítico, arte, filosofía y tiempo para aprender sin prisa.  La paradoja se vuelve más evidente: cuanto más sofisticada es la tecnología, más valor adquiere lo humano. Y ese valor no se distribuye de manera automática ni equitativa.

En un mundo donde los algoritmos pueden transmitir información, practicar ejercicios y optimizar trayectorias de aprendizaje, la pregunta central ya no es si usar tecnología o no. La pregunta es qué tipo de aprendizaje reservamos para quién. Si la tecnología se utiliza para reemplazar y no para complementar o aumentar la relación pedagógica con el docente, en contextos vulnerables corremos el riesgo de crear un sistema educativo aún más estratificado: automatización para unos, humanidad para otros. 

El verdadero desafío, entonces, no es incorporar más dispositivos, sino definir con claridad qué aprendizajes consideramos irrenunciables para todos. La innovación educativa no consiste en reducir costos a través de pantallas, sino en asegurar que la tecnología amplifique y no sustituya aquello que hace al aprendizaje profundamente humano.  Porque si el futuro de la educación termina siendo maestros, libros, conversación y pensamiento crítico para unos, y algoritmos, robots y pantallas para otros, la tecnología no habrá cerrado brechas: las habrá institucionalizado.  

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En abril de 2025, el BID publicó el informe 'Inteligencia artificial y educación: construyendo el futuro mediante la transformación digital', que analiza el rol de la inteligencia artificial en los sistemas educativos.

Te invitamos a explorar el informe y a conocer cómo los docentes de América Latina y el Caribe están adoptando la IA en su práctica pedagógica, según los nuevos datos de la Nota #37 de CIMA sobre la encuesta internacional TALIS 2024.       

 

*Nota: Este blog fue publicado originalmente en 2018 y se vuelve a publicar como parte de una actualización de contenidos de la plataforma de blogs del BID.  

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