- Comunidades que leen con los niños reúne a más de 9.000 estudiantes, 300 docentes y familias de 172 escuelas mediante la lectura compartida, selecciones de libros cuidadosamente curadas con el fin de fortalecer las habilidades fundamentales.
- Al combinar la literatura infantil con la práctica en el aula y la participación familiar, la iniciativa fomenta la motivación lectora, la fluidez, el desarrollo del vocabulario, la empatía y la socialización.
- El proyecto incluye una rigurosa evaluación de impacto para valorar los resultados de aprendizaje y generar evidencia sobre cómo la lectura compartida puede mejorar las trayectorias educativas.
Una mañana de 2024, estudiantes de primaria en Gotemburgo, Suecia, y en Treinta y Tres, Uruguay, compartieron sus reflexiones sobre "La extraña mamá", un libro de la autora coreana Heena Baek. Separados por más de 12.000 kilómetros, los niños descubrieron que una historia puede generar las mismas preguntas, las mismas emociones, las mismas conversaciones, sin importar el idioma o el continente.
Este intercambio es parte de Comunidades que leen con los niños, una iniciativa impulsada por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) de Uruguay con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Coreano para la Reducción de la Pobreza y la Ciudad de Gotemburgo junto a Författarcentrum de Suecia. El objetivo: promover las competencias globales y socioemocionales a través de experiencias de lectura de ficción.
El desafío de formar ciudadanos globales desde las aulas
“A mí nunca me gustó leer, porque yo no sabía qué ganaba con leer, qué registro me dejaba. Y ahora sé de qué se trata, sé que es importante". Nicole Pastor tiene 10 años y estudia en la Escuela N.° 34 de Treinta y Tres, uno de los cuatro departamentos uruguayos donde el proyecto Comunidades que leen con los niños está transformando la relación de miles de niños con la lectura.
La iniciativa parte de premisas respaldadas por investigación: leer ficción influye positivamente en la empatía, ya que permite a los lectores ponerse en el lugar de otros y comprender emociones y perspectivas distintas a las propias; y la literatura infantil puede ayudar a los niños a desarrollar comportamientos prosociales, como la cooperación y la preocupación por los demás. Los libros actúan como ventanas al mundo, ayudando a los niños a explorar países, culturas, perspectivas, épocas y lugares diferentes de los suyos. Y en un mundo cada vez más interconectado, esta capacidad de comprender y valorar otras realidades se ha vuelto tan esencial como aprender a leer con fluidez.
Sin embargo, el desafío es doble. Por un lado, persisten brechas críticas en habilidades fundacionales de lectura: de acuerdo a la base de datos del 2022 del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, la mitad (55%) de los estudiantes de América Latina y el Caribe no logra entender un texto simple. Y muchas familias carecen de libros en sus hogares o de las herramientas para estimular la lectura en sus hijos. Sin fluidez lectora, los niños enfrentan barreras para aprender cualquier otra materia.
Por otro lado, los educadores y cuidadores a menudo tienen una comprensión limitada del papel que la literatura desempeña en la formación de los sistemas de valores de los niños. La evidencia muestra que la lectura compartida no solo mejora el desarrollo del lenguaje. También puede reforzar vínculos entre padres e hijos, potencia la creatividad, mejora el desarrollo cognitivo y moldea percepciones sobre el mundo.
Con la convicción de que la lectura es la puerta que abre a otras competencias, ideas y culturas, Uruguay decidió abordar estos desafíos simultáneamente, focalizando esfuerzos en contextos vulnerables: escuelas de tiempo completo, rurales y del programa Aprender en Maldonado, Treinta y Tres, Cerro Largo y Rocha.
La intervención: un proyecto de lectura compartida
Comunidades que leen con los niños alcanza a más de 9.000 estudiantes de cuarto y quinto grado y 300 docentes en 172 escuelas. La estrategia combina tres elementos: una selección rigurosa de 15 libros de literatura infantil y juvenil, capacitación docente en mediación lectora, y la creación de comunidades de lectura que involucran también a las familias.
Los libros fueron seleccionados con una diversidad de temas, contextos y culturas, pensando que la lectura permite a los niños interpelar sus propias concepciones de la vida, por ejemplo el vínculo con sus padres, o cómo vincularse con sus pares.
Cada libro desarrolla una temática que se asocia con alguna norma social: respeto, convivencia, empatía, inclusión. Los títulos seleccionados —como "Eloísa y los bichos", sobre una niña migrante que se siente "bicho raro" en su nueva ciudad— permiten que los niños se vean reflejados en las historias y procesen sus propias experiencias.
Lo que dicen los protagonistas
Los resultados se ven en las aulas. "Es increíble el interés que despierta en ellos que otra persona les lea", cuenta Aribell Techera, maestra de la Escuela Nº 10 de San Carlos. "Hicimos un café literario donde invitamos a las familias a compartir un libro que veníamos trabajando en clase".
Para Cindy Silvera, maestra de la Escuela Nº 34 de Treinta y Tres, lo más valioso es la socialización: "Tal vez yo tengo una postura frente al libro y el niño tiene otra totalmente distinta, y te la hace ver".
Los propios estudiantes registran cambios concretos. "He mejorado bastante mi vocabulario y la forma de leer", dice uno. "Yo lo que he mejorado es la escritura, porque antes escribía muy mal. Y a leer también: leo más fluido, paro en los puntos", agrega Santino Portela, de la Escuela 10 de San Carlos.
Victoria Saralegui, de la Escuela 34 de Treinta y Tres, describe su experiencia: "Me dejo llevar, cierro los ojos y al principio pienso, imagino como que estoy en esa historia".
Por qué importa
El proyecto incluye una evaluación rigurosa de impacto, con grupos de tratamiento y control, que permitirá medir los efectos de la intervención en estudiantes, docentes y familias. Los resultados que se comienzan a observar en los salones de clase son muy auspiciosos e invitan a sostener en el tiempo este tipo de trabajo.
Para el BID, iniciativas como esta demuestran que invertir en habilidades fundacionales —con materiales adecuados, docentes capacitados y familias involucradas— puede transformar trayectorias educativas en contextos vulnerables.
Como resume Mía Martínez, estudiante de la Escuela 34 de Treinta y Tres: "Me da ganas de leer mucho más y me da curiosidad de qué pasará en el siguiente capítulo".
Esa curiosidad es, precisamente, el primer paso.
Obtén más información en el siguiente video y en nuestra plataforma, Habilidades para la vida.