- Las brechas de acceso persisten a pesar de una alta tasa de matriculación: Aunque la finalización de la educación primaria es casi universal, solo el 54% de los jóvenes en la Amazonía completa la educación secundaria, en comparación con el 69% a nivel nacional. Las brechas son aún mayores para estudiantes indígenas y rurales.
- Los resultados de aprendizaje están por debajo de los promedios nacionales: Los estudiantes en territorios amazónicos obtienen hasta 17 puntos porcentuales menos en lectura, matemáticas y ciencias —equivalente a 6–7 meses de escolaridad perdida— lo que refleja limitaciones de recursos y baja pertinencia curricular.
- Las barreras estructurales y contextuales agravan la desigualdad: Las largas distancias a las escuelas, una infraestructura deficiente, un acceso digital limitado, la escasez de docentes y los choques climáticos interactúan para debilitar la continuidad, la calidad y la equidad en la educación.
La educación es un derecho fundamental y una poderosa palanca para la movilidad social, la salud y la prosperidad. Sin embargo, en la Amazonía, la promesa de la educación a menudo no se cumple. Para millones de niños, niñas y jóvenes en toda la región, la educación es una lucha diaria contra la distancia, la baja calidad y la exclusión. El calor extremo está agregando una nueva presión a estos desafíos de larga data.
Durante la COP30, celebrada por primera vez en la región amazónica en 2025, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentó nueva evidencia que muestra que muchos territorios podrían enfrentar entre 70 y 80 días escolares por año con temperaturas superiores a 26,7°C. Este es el umbral a partir del cual el calor comienza a afectar el aprendizaje — poniendo en riesgo a millones de estudiantes en América Latina y el Caribe si no se toman medidas. Para 2075, se estima que 195.000 escuelas, 15 millones de estudiantes y 590.000 docentes en la región estarán expuestos al calor extremo sin capacidad de adaptación. Incluso hoy, solo 10 días escolares calurosos por año podrían traducirse en pérdidas de aprendizaje que reduzcan los ingresos futuros de los estudiantes hasta en US$22.000 millones. Esto subraya la urgencia de actuar.
Esta realidad es el resultado de un conjunto único de desafíos estructurales que afectan a la región amazónica y que se analizan en nuestra más reciente publicación, “Amazonía: Un camino hacia la resiliencia y la prosperidad”, publicada en el marco del programa regional de coordinación Amazonía Siempre del Grupo BID: grandes distancias, poblaciones dispersas, infraestructura inadecuada, escasez de docentes calificados y currículos que a menudo no reflejan las realidades locales. Estas barreras se ven agravadas por la pobreza, la desigualdad de género y los impactos del cambio climático, que interrumpen el aprendizaje y profundizan las brechas existentes.
Las cifras son contundentes. Aunque las tasas de finalización de la educación primaria son casi universales en los países amazónicos, el panorama cambia drásticamente en el nivel secundario (Figura 1). En promedio, el 69% de los jóvenes (18–20 años) en los ocho países amazónicos han completado la educación secundaria, pero en la Amazonía esa cifra cae al 54%. La situación es aún más crítica para estudiantes rurales y ciertos grupos poblacionales. Entre los estudiantes indígenas, por ejemplo, la finalización de la secundaria es 14 puntos porcentuales menor que la de sus pares no indígenas.
Los estudiantes de la región tienen tasas de finalización más bajas que los estudiantes que viven fuera de la región en los mismos países.
La situación es más crítica en zonas remotas y territorios indígenas. Datos de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú revelan diferencias entre los promedios nacionales y las zonas amazónicas de aproximadamente 20 puntos porcentuales en las tasas de finalización de la educación secundaria (Figura 2). Y entre los estudiantes indígenas en la región amazónica, la finalización de la secundaria es 14 puntos menor que la de sus pares no indígenas.
Los resultados de aprendizaje también son motivo de preocupación. Evaluaciones nacionales en Brasil, Ecuador, Perú y Surinam muestran diferencias de hasta 17 puntos porcentuales entre los promedios nacionales y los amazónicos en ciencias, matemáticas y lectura (equivalente a seis o siete meses de escolaridad).
Los estudiantes indígenas presentan peores resultados, con brechas de desempeño de 12–13 puntos porcentuales en Surinam y Ecuador (Figura 3). Estas disparidades reflejan no solo brechas de recursos, sino también la falta de currículos y métodos de enseñanza culturalmente pertinentes.
Las desigualdades de género son pronunciadas, especialmente en el nivel básico y en las tasas de analfabetismo. En la Amazonía ecuatoriana, la tasa de analfabetismo femenino es 4,2%, comparada con 2,4% en hombres. En los departamentos amazónicos de Colombia, la brecha es aún mayor: en Vaupés, 14,8% de las mujeres son analfabetas frente a 7,2% de los hombres.
Los resultados de las evaluaciones de aprendizaje en ciencias, matemáticas y lectura revelan diferencias de hasta 17 puntos porcentuales entre los promedios nacionales y amazónicos.
- La escolarización tardía e interrumpida es un factor clave detrás de las bajas tasas de finalización. Aunque las tasas de matrícula en la edad correspondiente son altas (93% en la Amazonía frente a 95% a nivel nacional), muchos estudiantes se rezagan o abandonan la escuela. En Colombia, por ejemplo, siete de cada diez adolescentes en edad escolar asisten a la educación secundaria, pero en las zonas más remotas la cifra baja a cinco de cada diez.
- El acceso físico a las escuelas representa un desafío diario para muchos estudiantes. El 23% de los niños en edad de primaria vive a más de cinco kilómetros de la escuela más cercana — más de una hora caminando. Para los estudiantes de secundaria, la cifra aumenta al 29%. El transporte escolar está disponible solo para el 12% de los estudiantes en la Amazonía, en comparación con el 23% en otras regiones. Muchos dependen de botes o bicicletas, lo que hace que los trayectos sean lentos y, en ocasiones, riesgosos, especialmente durante la temporada seca, cuando las embarcaciones pueden detenerse más lejos de sus hogares.
- La infraestructura escolar es otra barrera importante. El acceso a electricidad es menor en la Amazonía que en otras regiones, y las condiciones climáticas — calor extremo, tormentas, inundaciones y sequías — interrumpen con frecuencia el aprendizaje. Las aulas suelen estar mal ventiladas y poco preparadas para soportar altas temperaturas, lo que, según la evidencia, puede afectar negativamente el rendimiento cognitivo y el aprendizaje. Esto subraya la necesidad de preparar las escuelas para que estén listas frente al calor — capaces de funcionar de manera segura y eficaz bajo altas temperaturas mediante ventilación adecuada, soluciones de enfriamiento y servicios básicos. La insuficiencia de agua y saneamiento también dificulta la asistencia, especialmente en el caso de las niñas, que pueden faltar a clases durante la menstruación debido a la falta de privacidad o condiciones adecuadas de higiene.
- El acceso digital es una brecha creciente. En Brasil, Colombia, Guyana, Perú y Venezuela, la conectividad escolar es menor en la Amazonía que en otras regiones. Como se observa en la Figura 4, entre el 50% y el 75% de las escuelas en la Amazonía carecen de computadoras o tabletas para los estudiantes, y en zonas indígenas de Perú y Brasil esta cifra puede llegar al 90%.
- La escasez de docentes y los bajos niveles de calificación son problemas persistentes, especialmente en territorios indígenas y áreas remotas. En la Amazonía peruana, el porcentaje de docentes con título universitario en educación es menor que en otras partes del país. En Brasil, solo el 9,4% de los docentes indígenas en el estado de Amazonas tiene contratos permanentes, en comparación con el 85,3% en escuelas no indígenas. Atraer y retener docentes en estas zonas es difícil, y los contratos temporales agravan la inestabilidad. También existe una falta de incentivos — monetarios o de otro tipo — para motivar a los docentes a trabajar en entornos desafiantes.
- Los currículos a menudo no reflejan las realidades y necesidades de los estudiantes amazónicos. La educación ambiental es limitada, pese al papel central de la región en el clima y la biodiversidad global. Solo el 19% de los países de América Latina y el Caribe menciona el cambio climático en sus planes educativos. Sin embargo, los estudios muestran que los estudiantes amazónicos tienen un alto interés en aprender sobre la biodiversidad local y los temas ambientales. La educación técnica y profesional (ETP) también está poco desarrollada, con tasas de matrícula más bajas en la Amazonía que en otras regiones, lo que limita las oportunidades hacia empleos verdes y medios de vida sostenibles.
Entre el 50% y el 75% de las escuelas en la Amazonía carecen de computadores o tabletas para los estudiantes.
Es fundamental ampliar la infraestructura resiliente al clima y culturalmente adaptada. Innovaciones como UrbanPy, una herramienta de código abierto para analizar la accesibilidad a servicios urbanos, pueden ayudar a los gobiernos a identificar dónde construir nuevas escuelas. Las escuelas etno-ingenierizadas — diseñadas con materiales locales y con participación comunitaria — ofrecen modelos de entornos de aprendizaje sostenibles y confortables. La educación mediada por tecnología, como los Centros de Medios de Brasil y plataformas offline como Kolibri, puede cerrar brechas en la disponibilidad docente y llegar a estudiantes en zonas remotas, aunque requiere inversión en conectividad y dispositivos.
Mejorar la selección, formación y retención docente es clave. Becas y orientación vocacional para jóvenes locales pueden ayudar a crear una cantera de docentes arraigados en sus comunidades. Los incentivos monetarios, como bonos por trabajar en zonas remotas, han demostrado ser efectivos en Chile, Perú y Brasil, pero deben estar bien focalizados y ser sostenibles. Los incentivos no monetarios — vivienda, transporte, acceso a internet — también son importantes. Los programas de formación deben preparar a los docentes para una educación bilingüe, intercultural y relevante frente al cambio climático.
Desarrollar las competencias de los estudiantes para la sostenibilidad también es prioritario. Los currículos deberían integrar educación ambiental, cambio climático y saberes locales, empoderando a los estudiantes como “ciudadanos verdes”. Los programas de educación técnica y profesional en áreas como el procesamiento de açaí, la energía solar y el turismo sostenible pueden conectar a los jóvenes con empleos verdes emergentes. La educación intercultural bilingüe es vital para los estudiantes indígenas, garantizando acceso a un aprendizaje pertinente y de calidad en sus propias lenguas y contextos culturales.
La educación en la Amazonía no se trata solo de escuelas. Se trata de construir comunidades resilientes e inclusivas capaces de dar forma a su propio futuro. Solo avanzando simultáneamente en acceso, pertinencia y resiliencia la Amazonía podrá liberar el potencial de su gente y asegurar un futuro sostenible para la región y el mundo.
¿Quiere saber más? Descargue la publicación Amazonía: Un camino hacia la prosperidad y la resiliencia.
*Nota: Este blog forma parte de un esfuerzo analítico conjunto desarrollado en colaboración con equipos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Complementa la evidencia presentada en “Amazonía: un viaje hacia la prosperidad y la resiliencia”, con contribuciones de Gregory Michael Elacqua y Nadia Rocha.