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Lo que aprendimos de un año convirtiendo conocimiento en impacto

Conocimiento abierto Lo que aprendimos de un año convirtiendo conocimiento en impacto ¿Los informes que publicamos, los cursos que ofrecemos y los diálogos de políticas que organizamos influyen realmente en los resultados del desarrollo? El primer Informe Anual de Conocimiento del Grupo BID intenta responder sistemáticamente a esta pregunta, y lo que encontramos nos da motivos para sentirnos orgullosos y para esforzarnos aún más. Mar 10, 2026
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Ideas clave
  • Hay una pregunta que debería acompañar cada informe que publicamos, cada curso que ofrecemos, cada diálogo de política que convocamos: ¿algo de esto realmente importó para las decisiones que determinan los resultados del desarrollo?
  • Este año, por primera vez como institución, intentamos responderla de manera sistemática en nuestro Informe Anual de Conocimiento 2025 del Grupo BID. Lo que encontramos nos dio razones para sentirnos orgullosos y para esforzarnos aún más.
  • La institución está construyendo sistemas más sólidos para conectar el conocimiento con la toma de decisiones, incorporando un índice de Influencia del Conocimiento, herramientas de IA, reformas de gobernanza y evaluaciones de impacto ampliadas para asegurar que la investigación sea visible, accionable y alineada con las ventanas de oportunidad política.
La escala de nuestro trabajo es real

Solo en 2025, produjimos más de 700 nuevos productos de conocimiento. Nuestras publicaciones fueron consultadas más de cinco millones de veces en todo el mundo, con el 61% de los hacedores de política de América Latina y el Caribe accediendo a este trabajo, lo que demuestra el liderazgo de la institución en la región. Nuestros autores recibieron más de 34.000 citas, y nuestro trabajo fue referenciado en más de 1.500 documentos de política pública. Más de 112.000 personas participaron en los cursos en línea disponibles. Más de 1.000 funcionarios de gobierno formaron parte de nuestros Diálogos Regionales de Política. Estas cifras reflejan un compromiso institucional sostenido con la idea de que el conocimiento no es un complemento al trabajo de desarrollo. Es su fundamento. Pero la escala por sí sola no es la medida del impacto.

Los momentos de los que más nos enorgullecemos son los concretos

Los momentos que nos resultan más significativos son aquellos en los que el trabajo analítico ayudó a abrir una puerta que estaba atascada en el proceso de formulación de políticas.

En Argentina, nuestras microsimulaciones ayudaron a identificar que los subsidios energéticos, valorados en US$10.000 millones anuales, beneficiaban de manera desproporcionada a los hogares de mayores ingresos. Trabajando junto a ministerios y otras organizaciones multilaterales, ese análisis contribuyó a informar un camino de reforma que protegió a los más vulnerables, al tiempo que generó ahorros fiscales equivalentes al 1,3% del PIB. La evidencia fue una pieza de un rompecabezas mucho mayor que combinó liderazgo, colaboraciones, capacidad institucional y un compromiso técnico sostenido.

En Lima, nuestra evaluación de inversiones en transporte público encontró mejoras significativas en el acceso al empleo y a los ingresos, especialmente para las mujeres en zonas periféricas. Lo que aprendimos allí nos orientó en el diseño de la próxima generación de proyectos de movilidad urbana en la región, desde características de seguridad en los vagones del metro hasta capacitación laboral integrada en las salvaguardas de los proyectos, garantizando que las lecciones se trasladaran a otras operaciones en lugar de quedar aisladas en una sola evaluación.

En México, años de participación analítica en materia laboral y de pensiones eventualmente alimentaron dos oleadas de reformas estructurales. Lo que esa experiencia nos enseñó es que el camino del conocimiento hacia la política rara vez sigue una línea recta. La presencia sostenida, la confianza construida con el tiempo y la disposición a mantenerse en el proceso a través de las transiciones de gobiernos importan tanto como la calidad de la investigación misma a la hora de moldear reformas duraderas.

Medimos nuestra influencia y somos honestos al respecto

Este año comenzamos a calcular el Índice de Influencia del Conocimiento que va más allá de contar cuánto conocimiento producimos para entender su influencia. El índice examina dónde aparece nuestra investigación: en noticias en línea, citas académicas, documentos de política e incluso en las propias operaciones del Banco. En otras palabras, nos ayuda a pasar de medir productos a medir influencia, e incentiva a los equipos de todo el Grupo BID a diseñar conocimiento con un impacto real en la política y las operaciones.

El índice aumentó entre 2020 y 2022 y luego declinó más recientemente. En parte, este patrón refleja el auge de la investigación sobre COVID-19 durante la pandemia, cuando los gobiernos y las instituciones buscaban urgentemente evidencia y orientación en la toma de decisiones. A medida que esa demanda se desvaneció, también disminuyó parte de la atención en torno a la investigación relacionada con la pandemia. Pero la tendencia también refleja cambios más amplios en la forma en que circula el conocimiento hoy en día, desde la evolución de las prioridades de política pública hasta el rápido avance de las herramientas de inteligencia artificial que reconfiguran cómo se descubre y consume la información. Estos cambios refuerzan una lección importante: producir investigación sólida es solo parte de la ecuación; garantizar que el conocimiento sea visible, accesible y esté conectado a la toma de decisiones es igualmente crítico.

De manera alentadora, las encuestas externas a tomadores de decisiones apuntan en la misma dirección: en una encuesta global reciente de ODI a funcionarios de gobierno de 120 países, el Grupo BID ocupó el primer lugar entre los bancos multilaterales de desarrollo en generación de investigación y análisis, y entre los tres primeros en provisión de asesoría de política y asistencia técnica.

Estamos construyendo la infraestructura para hacerlo mejor

En 2025, implementamos varias reformas que creemos se capitalizarán con el tiempo y conectarán mejor la evidencia con la toma de decisiones operacional:

  • El Comité Asesor de Conocimiento ahora reúne a la alta dirección de BID, BID Invest y BID Lab para coordinar la agenda de conocimiento y garantizar la calidad al más alto nivel institucional.
  • El Fondo de Inteligencia para la Efectividad del Desarrollo invirtió 8 millones de dólares en 2025 para apoyar evaluaciones de impacto rigurosas. Entre 2009 y 2025, solo el 42% de las evaluaciones planificadas fueron completadas. Estamos decididos a elevar esa cifra para que se generen más lecciones y se reintegren en nuevos proyectos.
  • Nuestra herramienta con inteligencia artificial, Seek, ahora permite a los usuarios plantear preguntas y recibir respuestas extraídas de miles de publicaciones revisadas por pares del BID de manera simultánea, reduciendo drásticamente la barrera para acceder a evidencia para tomadores de decisiones y profesionales que necesitan información oportuna y accionable.
  • El Toolkit de Herramientas de Influencia del Conocimiento está ayudando a nuestros equipos a pensar de manera más deliberada sobre quién necesita ver su investigación y cómo llegar a ellos, transitando de un enfoque de publicar y esperar hacia un compromiso genuino con las audiencias alineado con las ventanas de política y los procesos de reforma.

Estas reformas nos llevaron a recibir el Premio Internacional de Gestión del Conocimiento el año pasado, lo que ofrece una validación externa significativa de la dirección que estamos tomando.

Estamos orgullosos. Y queda mucho por hacer.

Este primer Informe Anual de Conocimiento es, en muchos sentidos, un documento de rendición de cuentas ante nosotros mismos. Muestra lo que produjimos, cómo fue utilizado y dónde persisten las brechas. Pero la conclusión honesta de este informe no es de satisfacción. Es de impulso. Sabemos que el conocimiento no utilizado es una oportunidad perdida. Sabemos que las evaluaciones no completadas son lecciones no aprendidas. Sabemos que la evidencia que no llega a quienes toman decisiones, es una brecha que aún necesitamos cerrar.

Lo que nos impulsa es una convicción simple: el conocimiento que generamos hoy puede moldear las decisiones de política del mañana, y esas decisiones mejorarán vidas en toda América Latina y el Caribe. El trabajo en este informe demuestra que esto no es una aspiración. Es algo que hemos logrado y algo que tenemos la intención de seguir haciendo, con más rigor, mayor alcance y más urgencia, mientras continuamos fortaleciendo el papel del Grupo BID como Banco del Conocimiento para la región.

El Informe Anual de Conocimiento del Grupo BID está disponible en: 

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