- La extraordinaria biodiversidad de la Amazonía puede impulsar el desarrollo de nuevos medicamentos, alimentos, biomateriales y otros productos de alto valor, como señala el reciente informe del BID, Amazonia: un viaje hacia la prosperidad y la resiliencia.
- Sin embargo, para traducir ese potencial en crecimiento sostenible será necesario combinar la investigación científica, el emprendimiento, los conocimientos tradicionales y una participación activa de las comunidades.
- Para avanzar en esa dirección, la región deberá fortalecer sus ecosistemas locales de innovación, simplificar las normas sobre acceso y participación en los beneficios, mejorar la coordinación y el financiamiento, y fomentar la confianza entre gobiernos, empresas, científicos y comunidades.
Imagine un árbol, antaño considerado inútil e incluso peligroso, que se convierte en el punto de partida de una próspera industria local. En Colombia, se solía talar la Lecythis minor, conocida como "olla de mono" por la peculiar forma de su fruto, para aprovechar su madera, mientras que sus semillas tóxicas eran ignoradas casi por completo. La situación cambió cuando un grupo de científicos descubrió que estas semillas contenían compuestos de selenio de gran valor.
Mujeres de la zona fueron capacitadas para recolectar y procesar las semillas, lo que generó empleo y, con el tiempo, contribuyó a cimentar un sentimiento de orgullo comunitario. Hoy, el aceite se utiliza en cosméticos de alta gama y las mismas comunidades que antes desdeñaban este árbol ahora lo protegen.
Esta historia resume la esencia de la bioeconomía: descubrimiento científico, participación comunitaria y creación sostenible de valor.
¿Qué es la bioeconomía amazónica?
En esencia, la bioeconomía consiste en el uso y la transformación de recursos biológicos para producir bienes y servicios sostenibles. No se limita a extraer y vender materias primas, sino que se vale de la ciencia y la tecnología para crear productos de mayor valor agregado -desde medicamentos y cosméticos hasta alimentos y biomateriales-, al tiempo que conserva y, en el mejor de los casos, restaura la biodiversidad.
Una enorme fuente de innovación
Como se destaca en nuestro informe más reciente, Amazonía: un viaje hacia la prosperidad y la resiliencia, el potencial es enorme. Esta es una agenda que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) impulsa activamente a través del programa regional de coordinación Amazonía Siempre, que apoya el desarrollo sostenible en ocho países amazónicos.
La Amazonía es una de las regiones biológicamente más productivas del planeta y alberga más especies de plantas, animales, hongos y microorganismos que cualquier otro ecosistema terrestre. Esta riqueza biológica podría servir de base para nuevos medicamentos, enzimas, materiales y otras innovaciones.
Tal vez solo una parte sea apta para usos económicos, pero incluso una proporción pequeña y cuidadosamente gestionada podría impulsar nuevas industrias en ámbitos como la bioenergía, los bioplásticos y las fibras naturales, y crear oportunidades dentro y fuera de la Amazonía.
Donde convergen la innovación y las comunidades
Sin embargo, la bioeconomía no se limita a la ciencia y la tecnología: también depende de las personas. Los pueblos indígenas, las comunidades ribereñas y los pequeños agricultores poseen un profundo conocimiento de las especies y los ecosistemas locales. Su participación es esencial no solo por razones de equidad, sino también porque puede hacer que la innovación sea más eficaz, legítima y adaptada a las realidades locales.
Los modelos más prometedores combinan la investigación científica, la visión empresarial y los conocimientos tradicionales para construir cadenas de valor que beneficien a las comunidades locales y, al mismo tiempo, conserven la naturaleza.
Un ecosistema todavía en formación
Pese a este potencial, la bioeconomía amazónica sigue poco desarrollada. La mayoría de las actividades continúan fragmentadas, se encuentran en una etapa temprana y se distribuyen de manera desigual. Brasil ha desarrollado un marco de políticas relativamente avanzado, que incluye una Secretaría Nacional de Bioeconomía y mecanismos de financiamiento público.
Colombia, Perú y Ecuador, por su parte, están construyendo sus propios ecosistemas de políticas. Sin embargo, en toda la región la coordinación y el financiamiento siguen siendo limitados, y aún faltan estrategias claras para ampliar la escala.
La investigación científica gana terreno a medida que más instituciones comienzan a trabajar en bioprospección, biotecnología y agroecología. Aun así, la inversión sigue siendo limitada y gran parte de la capacidad científica y tecnológica de la región continúa concentrada fuera de la propia Amazonía.
La participación del sector privado, a su vez, sigue siendo modesta, aunque se observan señales de cambio. En Brasil, la proporción de startups de bioeconomía ubicadas en la Amazonía es casi el doble del promedio nacional, aunque su densidad general sigue siendo baja (Gráfico 1). Iniciativas como Amazonia BioStartups están ayudando a crecer a empresas en etapas iniciales, a menudo en colaboración con comunidades locales.
El sector también comienza a atraer a empresas de mayor tamaño. Natura Cosméticos, por ejemplo, con el apoyo de BID Invest, emitió un bono vinculado a la sostenibilidad por US$240 millones para ampliar su cartera de bioingredientes amazónicos, apoyar a más de 10.000 familias locales y contribuir a la conservación de 2,2 millones de hectáreas de bosque.
¿Qué frena el desarrollo de la bioeconomía?
Diversas barreras siguen limitando el crecimiento de los emprendimientos de bioeconomía en la Amazonía. Para empezar, los ecosistemas de investigación y emprendimiento continúan fragmentados, en particular dentro de los territorios amazónicos, donde suelen escasear los centros de investigación aplicada, los polos de transferencia tecnológica, las incubadoras y las aceleradoras. Como consecuencia de ello, gran parte de la creación de valor se produce en etapas posteriores de la cadena, lejos del origen de la biodiversidad.
La coordinación institucional también plantea dificultades. Los ministerios, los organismos de investigación y los bancos de desarrollo no siempre trabajan en pos de objetivos comunes, mientras que los compromisos públicos a menudo no cuentan con financiamiento suficiente.
Al mismo tiempo, la complejidad regulatoria constituye un obstáculo adicional. El acceso a los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales se rige por marcos alineados con el Protocolo de Nagoya, pero su aplicación puede resultar engorrosa y desalentar la investigación y la colaboración.
En un plano más fundamental, todas estas barreras se ven agravadas por una persistente falta de confianza entre gobiernos, científicos, empresas y comunidades, marcada por una larga historia de exclusión y extractivismo.
Cuatro prioridades para la acción
¿Qué se necesita para convertir este potencial en una bioeconomía más sólida e inclusiva? Cabe resaltar cuatro prioridades:
- Invertir en investigación e infraestructura para el emprendimiento dentro de la Amazonía. Es necesario crear en la región centros de investigación aplicada, capacidades de transferencia tecnológica, incubadoras y plantas piloto, conectados con redes nacionales e internacionales, pero arraigados en las realidades locales.
- Hacer más claras y prácticas las normas de acceso y participación en los beneficios. Los protocolos estandarizados, las plataformas digitales y los intermediarios de confianza pueden hacer más previsible el cumplimiento de las normas, sin dejar de salvaguardar la equidad y la legitimidad.
- Fortalecer la coordinación de políticas y ofrecer financiamiento público específico. Las estrategias de bioeconomía deberían articular la conservación de la biodiversidad, el emprendimiento, la educación, los derechos de los pueblos indígenas y la planificación territorial, además de garantizar un apoyo previsible a los emprendimientos en etapas iniciales y al desarrollo de capacidades.
- Generar confianza y promover la co-creación. Los modelos de investigación participativa, los protocolos comunitarios y los intermediarios de confianza pueden ayudar a superar las brechas culturales e institucionales y hacer que la innovación sea más inclusiva y legítima.
Una oportunidad de largo plazo para la Amazonía
La bioeconomía amazónica no es una solución mágica, pero sí una poderosa palanca de cambio. La Amazonía puede crear cadenas de valor sostenibles e inclusivas, mejor adaptadas a las cadenas de suministro locales y a la producción descentralizada, y más compatibles con las realidades ecológicas y sociales de la región.
Las actividades de gran escala y bajo valor agregado, como la bioenergía, pueden desempeñar un papel, pero la verdadera oportunidad reside en usos basados en el conocimiento y de mayor valor agregado que integren la ciencia, el emprendimiento y los conocimientos tradicionales.
Hacer realidad esta visión exigirá un esfuerzo deliberado y de largo plazo para transformar las condiciones en las que interactúan el descubrimiento científico, el emprendimiento privado y la participación comunitaria. Solo si la innovación, la naturaleza y las comunidades locales avanzan juntas podrá la Amazonía desarrollar todo su potencial y convertirse en un modelo de desarrollo sostenible para el mundo.
Este blog forma parte de un esfuerzo analítico conjunto de equipos de todo el BID, con valiosas contribuciones de Arturo Galindo.