El cuidado abarca todo el trabajo remunerado y no remunerado para garantizar el bienestar físico, mental y emocional de las personas. Incluye actividades de cuidado relacional, como el cuidado de niños, el cuidado de personas mayores dependientes, la atención sanitaria, el apoyo a las personas con discapacidad que lo necesitan y a sus cuidadores, así como las prácticas de autocuidado y las tareas domésticas. El cuidado puede ser proporcionado por organizaciones públicas o privadas o por individuos (miembros de la familia o cuidadores contratados).
El cuidado es un trabajo esencial y un pilar fundamental del bienestar y el crecimiento económico, ya que todas las personas necesitan cuidados en diferentes etapas del ciclo de vida. Sustenta el funcionamiento de las sociedades y economías: el trabajo de cuidado hace posible todos los demás trabajos.
La cobertura de cuidado infantil varía entre menos del 5% y el 40% según el país, menos del 5% de los adultos mayores con necesidades de cuidado reciben servicios financiados públicamente, y la calidad suele ser baja. Las mujeres asumen la mayor parte del cuidado: representan el 62% de los 161 millones de personas cuidadoras no remuneradas de la región y proporcionan el 76% de todas las horas de cuidado.
América Latina y el Caribe está envejeciendo a un ritmo sin precedentes. Para 2050, se proyecta que la proporción de personas mayores de 65 años se duplicará hasta el 20% de la población, incluso mientras la población en edad laboral disminuye y crece la demanda de atención. Como resultado, se espera que los costos combinados de salud y pensiones aumenten 6 puntos porcentuales del PIB en las próximas tres décadas.
Cada dólar invertido en cuidados genera beneficios que superan su costo. Ampliar los servicios y la infraestructura de atención crea empleo, libera el tiempo de las personas cuidadoras (principalmente de las mujeres) para trabajar y generar ingresos, ayuda a los niños a aprender, reduce las estancias hospitalarias y hace que el gasto público sea más eficiente. Rompe el ciclo de la pobreza: los rendimientos son más altos en los hogares más vulnerables.
BID Cuida ofrece productos de financiamiento y cooperación técnica adaptados a las necesidades de cada país, organizados en torno a tres pilares:
Los sistemas de atención de alta calidad requieren marcos legales e institucionales propicios, financiación sostenible y una fuerte capacidad institucional y coordinación entre sectores.
Ampliar el acceso a una atención de calidad requiere inversión pública y privada en infraestructuras y servicios, una plantilla profesional y justamente remunerada, y modelos de prestación de atención centrados en la persona.
Una distribución más equitativa de la atención requiere políticas que promuevan la participación tanto de hombres como de mujeres, así como la responsabilidad y el compromiso compartidos de familias, comunidades y empresas.
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