Para potenciar una organización se necesita fortalecer los equipos. ¿Y cómo? Mediante incentivos. Sólo así, los intraemprendedores aflorarán y traspasarán, por completo, sus talentos a la organización.Por lo general las personas asocian la palabra emprendimiento con empresario, sin embargo, la empresa es una de las diversas instancias en las cuales puedo concretar mi emprendimiento.
Puntos sobre la i
Si uno de los fundadores de Uber te dijera que ve con mucho optimismo las posibilidades de montar con éxito negocios tecnológicos innovadores en América Latina, a pesar de la coyuntura económica, y que la inteligencia artificial será la punta de lanza para la disrupción tecnológica en transporte, educación y salud, ¿lo tomarías en cuenta?Probablemente sí, viniendo de uno de los creadores de la aplicación valorada en 6200 millones de dólares que, no obstante barreras que enfrentan en distintos paíse
Los gobiernos centroamericanos han venido incorporando de manera progresiva, en sus planes y en su discurso, la importancia de la innovación como componente esencial del desarrollo económico y social. Pero para aprovechar este potencial, las intenciones tendrían que convertirse en acciones más tangibles. Para apuntar a implementar políticas de innovación que funcionen, quisiera insistir en desmitificar algunas ideas que considero clave en el entorno de Centroamérica:
En América Latina existe un desbalance entre la investigación motivada por la curiosidad de los científicos y aquella investigación orientada por misión.
La celebración del Día Mundial de la Propiedad Intelectual el 26 de abril es una fecha ambivalente. Celebramos la existencia de un sistema de protección legal cuyo uso no se corresponde con el uso que efectivamente es dado a este sistema en América Latina. Esta realidad contrasta con la omnipresencia de la propiedad intelectual en nuestra vida cotidiana.Nos despertamos en una cama cuyo colchón tiene un sistema de resortes con seguridad patentado. Nos cepillamos los dientes con un cepillo de diseño registrado.
¿Qué pasaría si las soluciones a los desafíos sociales más relevantes dejaran de suceder por coincidencias circunstanciales, por la persistencia de emprendedores visionarios o el empuje de gestores públicos audaces, y se generaran a partir de un proceso deliberado y participativo? Creemos que las soluciones a estos problemas no tendrían que surgir por accidente, sino por diseño. Creemos que mediante la innovación social es posible crear intencionalmente puentes entre mundos de problemas y mundos de soluciones.
Haití es el país más pobre del continente y un rompecabezas aún sin resolver en términos de desarrollo. Algunos datos ilustran el tamaño del reto: a pesar de que tras el devastador terremoto de 2010, Haití ha crecido a una tasa promedio del 3,8%, la pobreza sigue afectando a más de la mitad de la población. En las zonas rurales, donde vive la mitad de la población, sólo el 10% de los hogares tiene acceso a la energía, el 29% al agua, 60% a los servicios de salud y el 73% a la educación. Pocos caminos están pavimentados.
En el prólogo de la publicación más reciente de la División de Innovación y Competitividad del BID, The New Imperative of Innovation, Josh Lerner y Andrew Speen dicen que "Fomentar la innovación es una tarea desalentadora". Es difícil estar en desacuerdo.
Durante muchos años los emprendedores han sido vistos como una suerte de héroes capaces de llevar adelante una aventura empresarial. Sin embargo, cuando la creación de empresas es un fenómeno meramente individual, ocurre igual que en el fútbol: el volumen de juego es limitado y los goles dependen de unos pocos inspirados.
Para un científico, la comercialización de tecnología es tan complicada como la mecánica cuántica para una persona del mundo de los negocios. Lamentablemente, la mayoría de los investigadores no poseen las capacidades para identificar oportunidades comerciales a partir del conocimiento que generan y de lograrlo, les cuesta aún más convertir dichas oportunidades en propuestas de negocios viables y escalables. Además, deben lidiar con barreras institucionales e incentivos divergentes entre lo que se espera de ellos en la academia y lo que se requiere en el mundo de los negocios.