Marta es una joven de 22 años que está dando sus primeros pasos en el mundo laboral. Su familia está muy orgullosa de ella, pues -viniendo de un vecindario de clase baja- es la primera que logra entrar en el mundo corporativo. Sin embargo, tras unas semanas en la oficina, Marta siente que no la toman en cuenta. No solo es mujer, sino además es de origen humilde. En una fuerza laboral dominada por los hombres, Marta encuentra una cultura organizacional que la rechaza a pesar de que cumple con todos los requisitos para ejercer su cargo.
Factor Trabajo
A los 16 años, Hannes tomó una de las decisiones más trascendentales de su vida: dejar la escuela para inscribirse en un programa de aprendices. La teoría no era para él. Quería hacer algo más práctico: aprender haciendo. En la fábrica de lácteos de su pequeña ciudad Gmunden, en Austria, encontró una oportunidad de formación dual y comenzó a formarse como técnico en lácteos.
Si el futuro del trabajo va a ser tan arduo como lo dibujan, ¿qué será de los jóvenes?
Como he escrito en ocasiones anteriores, no me convencen algunos de los argumentos sobre el futuro del trabajo. Antes de concluir que estamos a punto de ver un mercado laboral radicalmente transformado, debemos evaluar seriamente la evidencia empírica.
Una vez en cada generación, se produce un cambio masivo en los negocios que altera la naturaleza de la competencia, cambia el orden jerárquico de los jugadores, crea industrias y categorías completamente nuevas, cierra los mercados existentes y abre otros nuevos. Hoy estamos viviendo uno de estos cambios masivos con la emergencia de las plataformas digitales, que son el modelo de negocio y de organización que están definiendo el siglo XXI.
La cuarta revolución industrial (4RI) se caracteriza por la automatización y la robotización de los sistemas en los que vivimos. A través de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la cadena de bloques (blockchain), el internet de las cosas, la impresión 3D o la bioingeniería, hoy es posible realizar tareas complejas en segundos.
Diversas son las barreras que tienen los jóvenes para entrar al mercado laboral, desde la falta de experiencia hasta no tener las habilidades que los empleadores demandan. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los jóvenes de 15 a 24 años representarán casi un quinto de la población total de la región en el año 2020. ¿Cómo adelantarnos a las necesidades del mercado de trabajo, de manera que estos jóvenes tengan oportunidades de encontrar un empleo?.
La economía gig está ganando cada vez más terreno en el mundo. Como contábamos hace unos meses en este mismo blog, casi un tercio de los trabajadores en edad laboral en Estados Unidos y Europa son empleados autónomos o independientes. Más aún, las plataformas digitales han permitido que trabajadores de países en desarrollo se conecten con los mercados globales.
Lo escuchamos con frecuencia en boca de numerosos directivos: “Me veo obligado a despedir a algunos trabajadores porque ya no necesito sus habilidades, pero a la vez me es imposible llenar vacantes porque no encuentro personal con las competencias y las calificaciones adecuadas”.
A pesar de que el trabajo infantil se ha reducido en todo el mundo de forma significativa, todavía estamos lejos de su erradicación. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, aunque el trabajo infantil decreció un 38% entre los años 2000 y 2016, aún alrededor de 152 millones de niños de entre 5 y 17 años se encuentra en esta situación a nivel global.