story
Por Carmen Fernández. La imagen que me producían esos charcos tan grandes y llenos de agua donde poder refrescar mis pies era demasiado tentadora para evitar hacerlo. Yo era pequeña, como todos los somos alguna vez, y mojar mis pies en los charcos una de mis pasiones. Sin embargo, ¡y cómo no!, siempre estaba mi madre por detrás gritándome “¡deja de hacer eso! ¡Te vas a enfriar si te mojas los pies con los zapatos puestos!”.