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México prueba nuevas formas de retener a los maestros en las zonas rurales

En los pueblos remotos de las zonas rurales de México, allí donde habita la población más pobre y marginada del país, uno de los principales desafíos para mejorar la calidad de la educación consiste en reducir las tasas de deserción de las personas que enseñan en esos lugares.

Sin embargo, es posible que Domingo Ruperto Díaz, un joven de 18 años de edad que trabaja como profesor de primaria en Las Pilas, una aldea rural del estado mexicano de Chiapas, tenga en su haber la clave para ayudar a resolver el problema.

Díaz, quien imparte enseñanza a diez niños en una escuela que carece de instalaciones sanitarias y electricidad, participa en el Programa de Educación Comunitaria. El objetivo de este esfuerzo es precisamentereducir la tasa de deserción de los instructores comunitarios, que asciende al 30 por ciento. Este innovador programa está orientado a pueblos apartados como Las Pilas, que no cuentan con suficiente población para justificar la construcción de una escuela tradicional. 

Dado que es tan difícil encontrar maestros titulados que quieran o puedan trabajar en estas zonas, el programa se vale de instructores voluntarios quienes, como Díaz, generalmente son jóvenes adultos con las habilidades necesarias, que aceptan vivir y enseñar en comunidades rurales por lo menos durante un año a cambio de un modesto estipendio y una beca para continuar sus estudios una vez que finalicen su compromiso.

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México está procurando incrementar los incentivos para retener a los instructores vinculados al programa luego de que en una encuesta de referencia realizada en cooperación con el BID se identificaran los motivos por los cuales abandonan sus puestos. Entre ellos figuran el hecho de que el estipendio no es lo suficientemente elevado para cubrir los gastos de manutención, las dificultades para adaptarse a la vida en la comunidad a la que se los ha asignado y/o problemas familiares.

Como resultado del estudio, y con ayuda de un préstamo del BID, México ha aumentado en un 50 por ciento el estipendio para todos los instructores en las 172 comunidades más marginadas del país, además de estar probando distintos sistemas de pago.

Uno de los grupos —al que pertenece Díaz — recibe al inicio de cada trimestre un pago por una suma global, además del estipendio mensual habitual; el otro grupo recibe la misma suma global pero distribuida en pagos iguales al final de cada mes. El objetivo es determinar si el hecho de contar con más dinero en efectivo ayuda a los instructores a distribuir mejor sus recursos y acceder a bienes y servicios que les permitan mejorar sus condiciones de vida durante su estancia en la comunidad asignada.

Sin embargo, en el programa también se reconoce que más allá de los aspectos monetarios, el aislamiento y las dificultades que entraña el entorno rural a veces pueden convertirse en un reto demasiado difícil de superar, incluso para los voluntarios más comprometidos como Díaz. Por ello, una de las medidas adoptadas ha consistido en proporcionar a los maestros una “hoja de constancia” en la que se reconoce su esfuerzo y se dispone un ascenso en el escalafón cada dos meses, con títulos que parten desde “aprendiz” hasta graduarse de “héroe”, en caso de que permanezcan hasta el final del año lectivo.

Tanto la iniciativa del estipendio como la de la hoja de constancia se someterán a una evaluación rigurosa, cuyos resultados están previstos para mediados de 2013. Las conclusiones pueden ayudar no solo a México, sino también a otros países de la región que buscan formas eficientes en función de los costos de reducir la deserción docente en destinos geográficos difíciles.

Ciertamente, parte de la solución radica en asegurar que los maestros puedan satisfacer sus necesidades básicas; sin embargo, encontrar formas innovadoras de agradecerles la dedicación a su ardua labor puede ser un elemento igualmente importante.