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Liderazgo, consenso y tecnología

Un paciente de SIDA que acuda a cualquiera de los 111 centros brasileños de tratamiento antiviral llega armado con una tarjeta magnética que accede de inmediato a su cuenta de salud, localiza su identidad, diagnóstico, tratamiento, últimas dosis, complicaciones, visitas recientes e historial.

El Sistema Computerizado de Control Logístico de Drogas Antirretrovirales (SICLOM) de Brasil permite que el enfermo reciba el tratamiento correcto y que el sistema lleve un seguimiento minucioso de su caso, uno entre los 105.000 enfermos de SIDA del país. Facilita, además, un control riguroso del abastecimiento y la distribución de drogas a escala nacional, monitorea y actualiza los fármacos adecuados para cada caso y la información obtenida simplifica el trabajo de gerencia del Programa Nacional de SIDA.

Cuando en 1996 Brasil ofreció atención y tratamiento universal y gratuito a todos sus ciudadanos infectados por VIH/SIDA —hoy 597.443 personas— el país asumió una tarea tremendamente compleja. Facilitar el famoso “cóctel” a todos los enfermos a un precio razonable era sólo una pequeña parte de la operación, aunque las negociaciones sobre patentes entre Brasil y las empresas farmacéuticas fueron duras y largas.

Las personas aquejadas por esta enfermedad desarrollan todo tipo de complicaciones físicas y emocionales, incluyendo las infecciones oportunistas, que requieren un monitoreo constante, análisis periódicos y un apoyo psico-social permanente. Una asistencia tan compleja, ahora disponible a nivel local en todo el país, ha requerido un auténtico despliegue de fuerzas a escala nacional. Brasil tuvo que coordinar una red integral, formar a los especialistas a todos los niveles, fabricar medicamentos, sensibilizar e informar al país y a los medios, recabar el apoyo de la iglesia y de todos los partidos políticos, además de aprobar leyes y presupuestos.

Hoy la red brasileña de atención al SIDA cuenta con 133 laboratorios de diagnóstico y seguimiento, 656 centros alternativos y 424 centros de tratamientos especiales. Unas 40 universidades colaboran en la formación de personal especializado. Cerca de 800 ONG son parte integral de la estrategia. Campañas masivas de información bombardean el país todos los años. Pese a la complejidad del programa, el gobierno brasileño estima que, a lo largo de los últimos cinco años, el país ahorró cerca de 700 millones de dólares en gastos hospitalarios, la mortalidad descendió entre un 40 y un 70 por ciento y la morbilidad entre 60 y 80 por ciento.

A falta de poder ofrecer una cura, Brasil ha conseguido dar a todos sus portadores de VIH/SIDA una mejor calidad de vida y ha logrado controlar la epidemia.

Para la comunidad internacional, la tecnología y experiencia acumuladas por Brasil pueden ser de gran utilidad al afrontar sus propios problemas. La visibilidad de los líderes brasileños en los foros internacionales de SIDA —frecuentemente representados por el actual presidente Fernando Henrique Cardoso— es una muestra del fuerte compromiso que ha asumido el país en esta campaña al más alto nivel.

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