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La democracia en las Américas

Después de la reciente destitución del Presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez, tercer presidente consecutivo sin completar su término presidencial en Ecuador, el director del Centro para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, el profesor Arturo Valenzuela, respondió a la prensa sobre el caso. ¿Acaso esto significa una revocación de la estabilidad democrática? ¿Acaso la región se encamina hacia el populismo izquierdista latinoamericano?

Durante una charla en la sede del BID, Valenzuela enfatizó la importancia de mirar el contexto histórico ampliado. El vaso no está mitad vacío, comentó, sino mitad lleno, considerando que la situación en América Latina era peor en el pasado reciente. Por ejemplo, las guerras civiles eran cosa común, causando miles de muertes, y muchos países estuvieron bajo regimenes militares. De 1930 a 1980, hubo cientos de cambios en los gobiernos de la región por la vía de golpes militares.

El panorama económico no era el más prometedor en los años ochenta cuando la región padecía los embates del estancamiento económico e hiperinflación. A la región le fue mejor en los años noventa, con un poco de estancamiento pero sin hiperinflación. En la década actual, América Latina tiene un desempeño económico que los Estados Unidos “sólo desearía” tener, comentó Valenzuela, por ejemplo el 4% de crecimiento sostenido en Brasil.

Estamos realmente en un “periodo extraordinario”, comentó. La década de 1980 fue testigo del número más bajo de golpes de estado en la historia de América Latina. Desde 1990, sólo se ha tenido un golpe en la región, en Haití. Estas son buenas noticias, insistió Valenzuela. Además, el poder se está transfiriendo democráticamente de un partido a otro. México, por ejemplo, completó satisfactoriamente la transición después de 70 años bajo un mismo partido en el poder.

Sin embargo, a pesar de que los militares se han retirado del poder, algunas incidencias recientes en la región han puesto de manifiesto una “lógica perversa” del presidencialismo, según Valenzuela. El presidente es visto como un “héroe”, pero cuando la situación no va bien éste se convierte en un “villano” y la gente espera que la solución a los problemas sea deshacerse del presidente.

Valenzuela señaló cuatro importantes desafíos para la democracia en la región. Primero, el fortalecimiento de la capacidad del estado. Describe el exclusivo enfoque en la economía de mercado como un “marxismo vulgar en sentido contrario”, como si el mercado pudiera arreglarlo todo. Éste es el “verdadero déficit” de la calidad de las instituciones, en todos los tres niveles gubernamentales: central, regional y local, comentó el experto.

Segundo, la necesidad de mejorar la rendición de cuentas del gobierno para asegurar el estado de derecho y la transparencia en el gobierno. El tercer desafío es la representación. La base de la democracia, representación significa “traducir las preferencias de los ciudadanos en políticas públicas” y resultados de calidad. Pero los sistemas electorales en América Latina no siempre son los más apropiados, dijo Valenzuela, y la calidad de los partidos políticos también sigue siendo un problema.

Cuarto, el mejoramiento de la gestión pública. Las políticas públicas deben ser formuladas antes de implementarse. Debido a que el sistema político fragmentado no genera mayorías en el poder legislativo, los países necesitan adoptar un enfoque cooperativo para poder seguir adelante.

De lo contrario, advirtió Valenzuela, se tienen dos extremos: un presidente que trata de que los partidos cooperen y que cuando no lo logra se le destituye del cargo presidencial, o un presidente apoyado por una fuerte mayoría que siente que puede hacer lo que quiera, algo que el autor describe como “mayoritarismo”. Pero la democracia, según Valenzuela, significa proteger las minorías presentes y futuras.

Por lo tanto, en vez de fortalecer la autoridad presidencial, las reformas deben establecer modelos parlamentarios y todos los cuatro desafíos deben ser abordados específicamente, instó Valenzuela. Él indicó que se necesita mucha paciencia. Por ejemplo, Europa ha venido batallando desde la segunda guerra mundial. Asimismo, las políticas internacionales adecuadas deben estar presentes—he ahí la importancia de la OEA.

Para la tercera generación de reformas, la cuestión no se trata de comercio o ayuda, sino más bien de ambas junto con instituciones sólidas y estado de derecho. Chile ha logrado el éxito no sólo por sus reformas de mercado pero por sus instituciones democráticas más fuertes, señaló Valenzuela. Refiriéndose a muchas de las áreas de la actividad del BID en la región, como la modernización del Estado, tema del seminario del cual participó Valenzuela, éste comentó: “Ustedes van por el camino correcto, compañeros”.

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