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Estudio en favelas evidencia mejora en condiciones de vida

Un estudio realizado por Janice Perlman, profesora de estudios urbanos comparativos en la Universidad Trinity de Hartford, Connecticut, muestra indicios de que las condiciones de vida en las favelas de Río de Janeiro en Brasil han mejorado sustancialmente. Desafortunadamente, el aumento en el tráfico de drogas en las favelas ha despertado preocupación sobre la delincuencia y la inseguridad. Perlman fue una de las oradoras invitadas en un reciente seminario organizado por el  Programa de Apoyo al Liderazgo y la Representación de la Mujer (PROLID), entidad patrocinada por el BID.
 
A finales de la década de los sesenta, Perlman vivió un año y medio en tres favelas de Río de Janeiro y entrevistó a unos 700 de sus habitantes. Regresó a Brasil unos treinta y cinco años después, y contactó a un 40 por ciento de los entrevistados en aquella ocasión. Los hallazgos y las recomendaciones resultantes de esta investigación se incluyen en el artículo titulado Del mito a la realidad: Las favelas de Río de Janeiro, 1969-2002, que formará parte de un libro a publicarse próximamente bajo el título de La informalidad urbana (Lexington Press).
 
Baja en capital social. Luego de volver a entrevistar a los residentes con sus hijos, Perlman descubrió que aproximadamente un 50 por ciento de ellos se habían mudado a mejores barrios, y que la tasa de movilidad ascendente era más pronunciada para las mujeres, incluyendo a las jefas de familia. Otro de los hallazgos obtenidos fue que la mejora en las condiciones de vida era más evidente entre los residentes que habían participado más activamente en actividades comunitarias que entre aquellos que no eran activos en las asociaciones vecinales ni socializaban frecuentemente con amigos, vecinos y familiares.
 
A pesar de estos adelantos, las favelas de Rio se han visto invadidas por los traficantes de drogas, lo que atemoriza a los residentes y les previene salir de sus hogares y, por consecuencia, causa una disminución notoria en el “capital social”. La inseguridad personal de los residentes no es sólo una sensación: el 80 por ciento de los entrevistados declaran haber sido ellos mismos o un familiar víctimas de asaltos. La tasa de homicidios es aún más preocupante: un 27 por ciento de los entrevistados que un familiar había sido asesinado.
 
El estigma social. Durante su segunda visita a las favelas, Perlman observó que las condiciones de las viviendas de la gran mayoría de los habitantes habían mejorado: ahora eran de ladrillo y tenían energía eléctrica y plomería interna. Asimismo, los niveles educativos habían mejorado, y la tasa de analfabetismo mostró un descenso del 23 por ciento de los entrevistados originalmente, a un 6 por ciento de sus hijos. Sin embargo, los indicadores de educación, medidos en cuanto al ingreso por años de instrucción fueron mucho más altos para aquellos individuos que se habían mudado fuera de las favelas que para los que seguían siendo residentes de las mismas, lo que demuestra un estigma social relacionado con ellas.
 
Varios de los entrevistados informaron que una vez que declaraban residir en una favela durante una entrevista de trabajo, se les notificaba que la posición a la que postulaban ya había sido tomada, o simplemente no se les convocaba a una segunda entrevista. El 96 por ciento de los participantes en la encuesta estipularon que el hecho de residir en una favela constituía un motivo de discriminación, mientras que el 95 por ciento declaró ser discriminado por su raza, un 84 por ciento su vestimenta, y un 71 por ciento su origen racial.
 
El estudio de Perlman revela también que, aún cuando se perciben mejoras en la vivienda, el transporte, el saneamiento y el acceso a las instituciones académicas, los habitantes de las favelas declaran que su situación económica se ha deteriorado, y que sus sentimientos de inseguridad y exclusión han aumentado. La mayoría de los entrevistas expresan descontento con la democracia, en la cual habían depositado sus esperanzas por un mejor nivel de vida, y coincidieron en que “un buen trabajo con un buen salario” era el factor más importante para poder tener una “vida plena”, y solamente unos pocos expresaron que el gobierno les había ayudado.

Rio de Janeiro tiene un programa de mejoramiento vecinal en las favelas, conocido como Favela Bairro, que ha recibido dos préstamos del BID por un total de US$360 millones. Un seminario sobre este programa se realizó recientemente en la sede del Banco en Washington, D.C.

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