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Agricultura como una herramienta eficaz de lucha contra la pobreza

En medio del bullicio de la ciudad y rodeado de eucaliptos, está el huerto de hortalizas y legumbres orgánicas que con esmero cuida Mariana de Cunalata, acompañada de su familia, que suman 16 personas entre hijos y nietos. “Nosotros ya no salimos a comprar, cosechamos lo que necesitamos y a la olla”, dice Mariana, de 61 años de edad, que vive en Quito, Ecuador.

Imagen eliminada.La vida de Mariana ha cambiado desde hace 8 años cuando inició su participación en el proyecto Producción y comercialización de productos orgánicos de la agricultura urbana, lanzado como estrategia de seguridad alimentaria, generación de empleo y mejoramiento de ingresos. Lo ejecuta ConQuito, agencia del Municipio Metropolitano de Quito, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Este programa ha permitido que Mariana de Cunalata, junto a1.635 personas de barrios urbanos, mejore su calidad de vida, cuadruplicando la meta planteada al iniciodel proyecto en 2007 hasta su culminación en febrero de 2011.

El Banco aportó US$130.600 no reembolsables del Fondo Multilateral de Inversiones, (FOMIN) y ConQuito US$ 405.000. El objetivo del proyecto es contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de la población más vulnerable del Distrito Metropolitano de Quito, a través de actividades agrícolas y pecuarias, para la seguridad alimentaria, una mejor nutrición, el incremento de los ingresos, la generación de fuentes de empleo y desarrollo económico local.

“Antes no sabía cómo preparar la tierra, sembrar las hortalizas, comer sano, no tenía trabajo; con la capacitación de ConQuito, ahora ya sé, preparo la tierra, siembro yo misma y va directo a la olla”, dijo Olga Loachamin, quien junto con otras doce mujeres cultivan sus huertos en la comunidad de Cocotog, cercana a Quito. Aquí las mujeres junto a sus familias también preparan y administran un semillero de hortalizas y legumbres que nutre un fondo económico comunal.

“En las ferias, los días viernes, vendemos con gusto estas hortalizas, recibimos nuestra platita, entregamos productos sanos, frescos, de buen sabor, sin químicos, cultivados con abono natural y cuidados con antiplaguicidas que nosotras mismos preparamos con nuestras manos”, explicó Olga, de 42 años de edad.

Imagen eliminada.Después de tres años de actividad, ella tiene una aspiración: “queremos que se mantengan las ferias, que nos conozcan más, para que el propio consumidor nos compre, que no haya intermediarios y que sigamos cultivando para que más personas se alimenten bien y nosotros sigamos aportando a nuestros hogares sin tener que salir de la casa como tienen que hacerlo nuestros esposos que trabajan como conserjes o guardias.

“Estos proyectos tienen un alto impacto en la vida de las personas, porque al tener una ocupación digna, eleva su autoestima y las proyecta como personas positivas. También nos permite cumplir con la misión del Banco de propiciar el desarrollo, y el bienestar de las personas, como el centro de atención de nuestro trabajo institucional”, señaló Paula Auerbach, especialista del FOMIN.

Este programa es un aporte concreto para elevar la conciencia ambiental de la ciudad, promover un sistema solidario de comercialización y promover la conformación de cajas de ahorro y crédito comunitarias, así como para facilitar el acceso al crédito.

La agricultura urbana contribuye de manera importante al desarrollo social y económico del Distrito Metropolitano de Quito, demostrando que la producción sana y solidaria representa un mecanismo válido para enfrentar desafíos de desarrollo humano tales como la pobreza urbana, la seguridad alimentaria, la gestión ambiental y la gobernabilidad participativa.

 

 

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