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Tres claves para lograr una infraestructura hospitalaria sostenible

Salud, nutrición y población Tres claves para lograr una infraestructura hospitalaria sostenible Reducir costos y mejorar la gestión y la adaptabilidad contribuyen a una infraestructura hospitalaria resiliente. Oct 27, 2026
Woman operating hospital machinery in a sunlit hospital
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Ideas clave
  • La sostenibilidad de un hospital comienza antes de su construcción: las decisiones de planificación y diseño determinan sus costos, eficiencia y desempeño durante décadas y las inversiones en medidas de eficiencia pueden recuperarse en menos de siete años. 
  • Gestionar la infraestructura como un activo a lo largo de todo su ciclo de vida permite reducir costos operativos, optimizar el mantenimiento y planificar las inversiones necesarias para asegurar funcionamiento durante décadas. 
  • Los hospitales eficientes y resilientes están mejor preparados para mantener sus servicios durante emergencias y adaptarse a los cambios demográficos, epidemiológicos y tecnológicos.

En América Latina y el Caribe, la edad promedio de los hospitales ronda los 60 años y muchos establecimientos de alta complejidad superan los 100. Esta antigüedad eleva los costos de operación y mantenimiento y limita la capacidad de los hospitales para responder a nuevas necesidades sanitarias. 

La sostenibilidad de la infraestructura hospitalaria comienza en la planificación y el diseño, y abarca decisiones que determinan cómo se construye, opera, mantiene y adapta un hospital durante toda su vida útil. 

Para avanzar hacia hospitales sostenibles, los países deben actuar en tres dimensiones: reducir el consumo de energía y agua, gestionar la infraestructura durante todo su ciclo de vida y fortalecer su resiliencia frente a emergencias y cambios futuros. Estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran que estas decisiones pueden reducir costos y mejorar la continuidad de los servicios de salud.

1. Reducir el consumo de energía y agua en los hospitales

Los hospitales consumen grandes cantidades de energía y agua. Funcionan de manera continua y deben mantener condiciones estrictas de climatización, ventilación y operación de equipos e instalaciones especiales. Aunque los edificios de salud representan alrededor del 4 % de la superficie construida de los edificios no residenciales, consumen cerca del 9 % de su energía total. Este consumo plantea un desafío ambiental y una oportunidad para mejorar la eficiencia del sistema de salud.

En este contexto, pequeñas mejoras en eficiencia pueden generar ahorros acumulados significativos, especialmente si son incorporadas desde las etapas iniciales de la planificación y el diseño. Las medidas pasivas, como la orientación del edificio, la protección frente a la radiación solar, el aislamiento térmico en paredes o techos o el uso de vegetación para generar sombra, reducen la demanda de energía. 

Las medidas activas, como optimización de sistemas de climatización, la iluminación eficiente y la reutilización de agua, contribuyen a disminuir el consumo de recursos y los costos operativos a lo largo del tiempo. Los sistemas de certificación como LEED o EDGE aportan criterios objetivos para evaluar la eficiencia energética, el uso de recursos y la calidad ambiental de la infraestructura.

Estos ahorros tienen un impacto directo sobre los presupuestos públicos, ya que los recursos liberados podrían ser destinados a mejorar la atención de los pacientes o ampliar la cobertura. Esto es especialmente relevante en una región con fuertes y crecientes restricciones fiscales.

Un estudio del BID que evaluó infraestructura de salud en ocho ciudades de la región estimó que la inversión incremental en medidas de eficiencia energética e hídrica podía recuperarse en períodos de hasta 6,2 años, dependiendo del clima, la tipología y las soluciones seleccionadas. En el caso de hospitales existentes, los paquetes de medidas más costo-efectivos alcanzaron períodos de retorno cercanos a 4,3 años.

2. Planificar el ciclo de vida de la infraestructura hospitalaria

Uno de los desafíos más relevantes es pasar de una visión de corto plazo, centrada en la etapa de construcción, a una de largo plazo, de 30 a 50 años, que considere todo el ciclo de vida de los activos de un hospital. De hecho, la inversión inicial es solo una parte de los costos que la infraestructura genera durante ese periodo, que incluye, además, la etapa de operación, el mantenimiento, las reposiciones y las adaptaciones futuras. 

Las decisiones tempranas de diseño condicionan directamente el desempeño futuro. Aspectos como el comportamiento térmico del edificio, la selección de sistemas de climatización, la flexibilidad de los espacios o la accesibilidad para el mantenimiento pueden reducir significativamente los costos operativos y mejorar la capacidad de adaptación del hospital en el tiempo.

En este contexto, herramientas digitales como BIM (Building Information Modeling) permiten integrar toda la información de una infraestructura y gestionarla desde el diseño y la construcción hasta su operación y mantenimiento. Estos modelos reúnen datos sobre la arquitectura, la estructura, las instalaciones y los materiales en una única plataforma, lo que mejora la coordinación entre equipos, reduce errores e interferencias durante el diseño, facilita la estimación de materiales y costos, y permite planificar el mantenimiento preventivo y las futuras inversiones.

De esta manera, el hospital deja de entenderse como un proyecto que termina con la entrega de la obra y pasa a gestionarse como un activo a lo largo del tiempo. Esto mejora la eficiencia operativa y reduce el riesgo de fallas en sistemas críticos, aspectos esenciales para garantizar la continuidad del servicio.

3. Diseñar hospitales resilientes y adaptables

La resiliencia es una condición indispensable para los hospitales, que deben seguir funcionando durante desastres naturales, emergencias sanitarias y otros eventos críticos. Pero la resiliencia también implica la capacidad de adaptarse a cambios demográficos, epidemiológicos y tecnológicos. 

El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles y la aparición de nuevas amenazas sanitarias modifican las necesidades de atención. Por eso, las inversiones deben considerar escenarios de largo plazo desde su concepción. Esto requiere espacios flexibles que puedan reconvertirse cuando cambie la demanda. También exige dimensionar la capacidad hospitalaria con proyecciones de largo plazo y utilizar sistemas constructivos que faciliten futuras ampliaciones o modificaciones sin costos desproporcionados.

Una infraestructura diseñada únicamente para responder a las necesidades actuales puede convertirse rápidamente en una limitación para los sistemas de salud. Las lecciones de la pandemia reforzaron esta necesidad: un análisis regional del BID identificó la flexibilidad y adaptabilidad de los establecimientos de salud como atributos centrales para responder a futuras crisis sanitarias.

Lograr este cambio requiere marcos institucionales sólidos, normativas y estándares actualizados que incorporen criterios de desempeño, sostenibilidad y gestión de activos a lo largo del ciclo de vida de la infraestructura.

 

Mother holding her baby in a hospital setting
Tres decisiones para avanzar hacia hospitales sostenibles

Para avanzar hacia una infraestructura hospitalaria sostenible, los países pueden incorporar criterios de eficiencia desde la preinversión, evaluar los costos durante todo el ciclo de vida y exigir que los diseños contemplen continuidad operativa, flexibilidad y adaptación.

Estas decisiones están relacionadas. Un hospital que consume menos recursos reduce sus costos operativos. Una gestión basada en el ciclo de vida permite anticipar el mantenimiento y las reposiciones. Un diseño resiliente y flexible ayuda a mantener los servicios durante emergencias y a responder a nuevas necesidades.

La evidencia muestra que algunas medidas de eficiencia pueden recuperar la inversión en menos de siete años, mientras que las decisiones ineficientes de diseño, operación y mantenimiento generan costos durante décadas.

Desde el BID, trabajamos con los países de la región para fortalecer la planificación y la gestión de la infraestructura hospitalaria. Nuestro enfoque considera que el diseño, la planificación y la gestión de la infraestructura hospitalaria no son decisiones técnicas aisladas, sino decisiones estratégicas que determinan la sostenibilidad del sistema de salud en su conjunto. 

Los siguientes materiales y cursos ofrecen herramientas para llevar estos enfoques a la práctica:

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