- En un contexto de recursos limitados, planificar las inversiones en salud es clave para mejorar los servicios y reducir brechas de acceso.
- Los Planes Maestros de Inversión en Salud permiten ordenar, priorizar y orientar las decisiones de inversión con base en evidencia y en las necesidades de la población.
- Las experiencias de Guatemala y El Salvador muestran que una planificación estratégica, acompañada de una ejecución realista y sostenible, puede transformar la inversión en mejoras concretas para los sistemas de salud.
Modernizar la infraestructura de salud y cerrar brechas en equipamiento en América Latina y el Caribe requiere más de 170.000 millones de dólares, equivalentes al 70% del gasto público anual en salud antes de la pandemia. Y, si bien los diagnósticos abundan, llevar los planes de inversión del papel a la realidad no es tarea fácil. La región enfrenta un desafío urgente: transformar necesidades en decisiones estratégicas que permitan mejorar los servicios, especialmente para las poblaciones más vulnerables.
En un contexto de recursos limitados y necesidades crecientes, la eficiencia en los sistemas no es opcional: es necesaria. Por eso, herramientas como los Planes Maestros de Inversión en Salud son fundamentales para que los países puedan llevar a cabo una planificación metódica de sus inversiones.
Son estudios de oferta y demanda de servicios y recursos, que se plasman en una cartera de inversiones priorizada para responder a la demanda de servicios de la población más vulnerable.
Durante el webinar Planes de inversiones en salud: ¿En qué invertir y cómo hacerlo?, organizado por el BID, compartimos algunas claves sobre la implementación de estos planes en Guatemala y El Salvador, dos países que han comenzado a recorrer el camino de una inversión en salud más estratégica. En este artículo de blog, destacamos aprendizajes y desafíos.
Planificar empieza por entender la magnitud del reto. En Guatemala, por ejemplo, un análisis técnico reveló que el 83% de los establecimientos de salud requería algún tipo de intervención, y que hacían falta más de 1000 nuevos puestos de salud en todo el país. Frente a esta realidad, el diálogo técnico con el Gobierno y los equipos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) permitió priorizar inversiones a corto, mediano y largo plazo.
El uso de criterios objetivos —como las principales causas de mortalidad, la distribución de la población y la infraestructura ya existente— ayudó a tomar decisiones informadas. Pero también fue clave la participación comunitaria, que garantizó el compromiso local con cada proyecto.
Actualmente, el Ministerio está implementando una metodología de redes con la cual se espera asegurar que cada intervención esté integrada a las redes de servicios de salud existentes. Con este esfuerzo, se espera promover cambios en la optimización del funcionamiento de los establecimientos de salud.
Diseñar un plan es solo el primer paso. La ejecución enfrenta obstáculos concretos que deben anticiparse desde el inicio, y experiencias como estas nos permiten aprender qué factores pueden marcar la diferencia.
Por ejemplo, los tiempos de aprobación pueden ser más largos de lo previsto, en especial cuando se requiere la validación legislativa. La elaboración de documentos técnicos –como el desarrollo de carpetas técnicas o la preparación de especificaciones para el diseño de los proyectos– también demanda tiempo y capacidad técnica: cada expediente puede tardar entre seis meses y un año. A esto se suman desafíos comunes en la región, como la rotación frecuente de autoridades, la falta de disponibilidad de terrenos legalizados y el aumento sostenido de los costos de construcción y equipamiento, entre otros.
Todo esto obliga a mantener expectativas realistas y a construir una hoja de ruta flexible, pero sólidamente fundamentada. También es clave mirar más allá de la infraestructura: asegurar la disponibilidad de personal capacitado, fortalecer la gestión operativa y prever los recursos necesarios para el funcionamiento y mantenimiento continuo de los nuevos establecimientos.
La experiencia de Guatemala, que permitió formular un programa de inversiones que prioriza los departamentos con más necesidades, y de El Salvador, que permitió por ejemplo la construcción de un nuevo tipo de establecimientos dedicado a la atención ambulatoria de especialidad, muestra que una inversión en salud bien planificada y ejecutada puede tener un impacto profundo y duradero. Pero lograrlo requiere algo más que voluntad; hace falta visión, coordinación entre niveles de gobierno, diálogo continuo con las comunidades y capacidad de adaptación ante los desafíos del contexto.
Según estimaciones del BID, una cama hospitalaria puede costar entre 200.000 y 500.000 dólares, dependiendo del nivel de complejidad y del país. Cada decisión mal dimensionada representa una oportunidad perdida y un posible costo de largo plazo para el sistema. Por eso, contar con herramientas como los Planes Maestros de Inversión permite tomar decisiones estratégicas basadas en evidencia y con una proyección realista de sostenibilidad.
Para los equipos técnicos que buscan avanzar en esta dirección, el BID ofrece recursos de formación y acompañamiento que fortalecen la capacidad de los países para organizar, priorizar y ejecutar inversiones con impacto. Porque invertir en salud, cuando se hace bien, puede cambiar el presente y el futuro de millones de personas.