- Una infraestructura hospitalaria bien diseñada reduce riesgos, mejora la eficiencia operativa y humaniza la experiencia de pacientes y personal de salud.
- Diseñar hospitales es diseñar bienestar: La luz natural, la ventilación, la circulación y la flexibilidad de los espacios influyen directamente en la recuperación, el estrés y la calidad de la atención.
- A través de innovación, sostenibilidad y alianzas estratégicas, el BID impulsa infraestructuras que se adaptan a los desafíos actuales y futuros de la salud.
La calidad de la atención en salud no depende únicamente de personal capacitado y atento, tecnología avanzada o medicamentos disponibles. También depende del entorno donde esa atención ocurre.
En América Latina y el Caribe, miles de personas son atendidas en hospitales que no fueron diseñados para las necesidades actuales. Y eso tiene consecuencias: espacios mal diseñados pueden generar demoras, estrés, riesgos sanitarios y una experiencia negativa para pacientes y personal. Por el contrario, una infraestructura hospitalaria bien pensada puede facilitar la recuperación de los pacientes, mejorar la eficiencia operativa y humanizar la atención.
Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos trabajado activamente en este campo, apoyando proyectos que buscan mejorar la calidad, sostenibilidad y resiliencia de los hospitales.
Un hospital no es solo un edificio: es un entorno emocional, funcional y simbólico. Allí se recibe tratamiento para la enfermedad, se espera, se acompaña, se celebra la recuperación o se vive el duelo. Y la forma en que se distribuyen los espacios, la calidad de la luz natural, la ventilación, los materiales, el ruido, la señalización, todo influye en cómo se vive la atención a la salud. Diseñar para el bienestar significa pensar en cada usuario: el paciente, la familia, el personal de limpieza, el médico residente, entre otros. Todos viven el hospital desde perspectivas distintas, y todas deben ser consideradas.
La calidad espacial es clave. La evidencia muestra que ambientes bien iluminados, con acceso a vistas naturales y circulación clara, pueden reducir el estrés, mejorar la comunicación entre equipos médicos y acelerar la recuperación. Instituciones como el Centro de Investigación en Recursos Físicos en Saludo (CIRFS) de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Alcalá han desarrollado herramientas e investigaciones que destacan cómo el diseño arquitectónico influye en la experiencia asistencial, favoreciendo la recuperación, reduciendo el estrés y promoviendo espacios más humanos y flexibles.
Además, los establecimientos de salud están expuestos a cambios tecnológicos, demográficos y epidemiológicos, por lo que la arquitectura debe ser flexible y adaptable sin requerir reconstrucciones costosas. La pandemia de COVID-19, por ejemplo, fue una clara prueba de esfuerzo para la infraestructura, que debió adaptarse a los nuevos requerimientos.
Y la sostenibilidad también debe estar en el centro. Desde el uso eficiente del agua y la energía y la gestión de residuos, hasta la elección de materiales y de criterios de diseño, todo puede contribuir a un sistema de salud más responsable y duradero.
Construir mejores hospitales no es solo una cuestión de arquitectura o ingeniería: es una apuesta por el bienestar. Esto se traduce en proyectos que priorizan la calidad, la sostenibilidad y la resiliencia, así como en el impulso a la integración de herramientas y metodologías que incrementan la eficiencia y hacen que esto sea posible.
Desde el BID, apoyamos la inversión en infraestructura de salud de calidad, pensada en el bienestar y la recuperación del paciente, así como esquemas de colaboración público-privada, que permiten movilizar recursos y capacidades del sector privado para mejorar la calidad y sostenibilidad de los servicios. También hemos impulsado estudios que analizan experiencias concretas en distintos países, extrayendo lecciones clave para mejorar la gobernanza, la planificación y la ejecución de los proyectos.
Más allá de las herramientas, el enfoque del BID parte de una convicción profunda: la infraestructura debe estar al servicio del bienestar. No basta con que un hospital funcione; debe cuidar. No basta con que sea eficiente; debe ser digno. No basta con que sea moderno; debe ser humano.
En un contexto de alta demanda, presión fiscal y expectativas crecientes, invertir en infraestructura de calidad es una necesidad estratégica. Es apostar por una atención más humana, más eficiente y resiliente. Porque al final del día, los hospitales no son solo lugares donde se trata la enfermedad, son espacios donde se cuida la vida. Y esa vida merece lo mejor que podamos construir.