- 4,5 millones de personas viven con demencia en la región. Para 2050, esta cifra se triplicará.
- Los centros de día favorecen el bienestar y la autonomía de las personas con demencia y brindan apoyo y respiro a sus familias y cuidadores.
- Experiencias de Japón y Argentina muestran los beneficios de poner a las personas con demencia en el centro de los servicios de cuidado.
En GAMA, un centro de día en Mar del Plata, Argentina, un hombre se acercó al piano y comenzó a tocar un tango. Su cónyuge reconoció al "maestro" y, entre lágrimas, contó que él llevaba más de tres años sin tocar: había sido un gran pianista y director de orquesta, pero hacía tiempo que vivía con demencia. A partir de ese día, junto con la musicoterapeuta del centro, armaron una orquesta y crearon un espacio dedicado al tango. Experiencias como esta muestran cómo los centros de día pueden ayudar a las personas con demencia a mantener su autonomía durante más tiempo, además de devolver propósito, vínculos y dignidad.
Las personas en América Latina y el Caribe viven mucho más tiempo, y una vida más larga conlleva un mayor riesgo de demencia, una de las principales causas de discapacidad y dependencia de cuidados. Se estima que 4,5 millones de personas viven con demencia en nuestra región, una cifra que se espera alcance los 13,6 millones para 2050.
Lo que quieren muchas personas con demencia es sencillo: permanecer en su hogar y su comunidad y conservar la mayor autonomía posible, aun cuando necesiten más apoyo. Hoy, en la región, son las familias las que proveen la mayor parte del cuidado, a menudo con poca formación y escasas oportunidades de descanso. Los centros de día pueden ser una respuesta concreta y práctica a estas necesidades.
Este fue el foco de un seminario virtual organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo junto con Alzheimer's Disease International, la federación internacional que agrupa a asociaciones de alzhéimer y demencia de todo el mundo, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde se presentaron experiencias concretas de Argentina y Japón.
Japón: integrar la atención a la demencia en los cuidados de larga duración
Japón integró los centros de día en la columna vertebral de su política nacional de cuidados de larga duración. Desde el año 2000, el país cuenta con un seguro obligatorio de cuidados de larga duración para personas mayores de 40 años. Este cubre dos tipos de centros: uno de apoyo cotidiano —alimentación, higiene, monitoreo de la salud— y otro que incorpora rehabilitación y atención médica básica. Las personas usuarias pagan entre el 10 y el 30 % del costo. En 2024, el país contaba con unos 100.000 centros que atendían a más de 4 millones de personas.
Con cerca de 6 millones de personas que viven con demencia, Japón ha integrado la atención a la demencia como un componente básico de los servicios para personas mayores.
Lo que destaca de este modelo es el énfasis en la dignidad, la autonomía y el propósito. En un centro de día en la ciudad japonesa Yokosuka, por ejemplo, las personas con demencia realizan actividades en parques cercanos, como barrer hojas, cortar el césped, regar flores y limpiar zonas de juego. Algunas de estas actividades son voluntarias y otras remuneradas: reciben un salario por el trabajo que realizan y, aunque el monto es pequeño, es significativo, ya que les da un sentido de inclusión social y propósito.
Argentina: una respuesta construida desde la comunidad
En Argentina, la organización no gubernamental GAMA surgió hace 35 años a partir de un curso de formación e información para familias de personas con demencia. Al terminar el curso, las familias preguntaron "¿y ahora qué?". A partir de esa necesidad se conformó primero un grupo de apoyo que, con el tiempo, dio origen a nuevos servicios para las personas con demencia y sus familias.
En 2005, GAMA inauguró un edificio diseñado desde el modelo social de la discapacidad, que considera el entorno como un espacio facilitador para asegurar la funcionalidad y la autonomía, y tiene sus tres pisos organizados según la etapa de la demencia. Las personas que concurren al centro de día permanecen cinco horas, con una frecuencia de entre dos y cinco veces por semana. Los grupos están conformados por 15 personas como máximo y se organizan teniendo en cuenta sus necesidades y grado de deterioro.
Diariamente se brindan tratamientos no farmacológicos que combinan rehabilitación neurocognitiva, estimulación física y contacto social con el objetivo de sostener la autonomía y retrasar la dependencia. El financiamiento se sostiene con recursos de bolsillo, donantes, aseguradoras y subvenciones. El costo mensual ronda los US$350 y un 10 % de las personas usuarias asiste de forma gratuita en función de su situación socioeconómica.
Quienes participan reportan mejor estado de ánimo, vínculos sociales más amplios y menos visitas médicas. El modelo posterga (y a veces evita) la institucionalización, fortalece la relación familiar y mejora el umbral de tolerancia de los cuidadores familiares principales. GAMA realiza un abordaje integral de las demencias: acompaña no solo a la persona con demencia, sino también al familiar cuidador principal, brindándole contención, escucha activa y orientación.
Lecciones y camino a seguir
Japón y Argentina tienen distintos puntos de partida: Japón cuenta con un sistema nacional consolidado, y GAMA ofrece un servicio construido por referentes locales. Ambos convergen en un punto fundamental: se enfocan en la persona que vive con demencia, tratando la dignidad y la inclusión como parte de un buen cuidado. Y dejan en claro que un diagnóstico de demencia no pone fin al rol de una persona en su comunidad: simplemente cambia la forma de participar.
Las experiencias presentadas en el seminario permiten identificar algunas prioridades para avanzar en el desarrollo y expansión de estos servicios:
- poner a las personas que viven con demencia en el centro de los sistemas de cuidados de larga duración;
- priorizar los servicios de base comunitaria que les permitan vivir y envejecer en su hogar;
- invertir en las personas cuidadoras familiares que corren riesgo de agotamiento, y
- conectar los centros de día en una red vinculada a los hogares, los sistemas de salud y otros servicios.
Los desafíos son reales, pero no insuperables, y la región ya cuenta con experiencias sobre las cuales construir. Por ejemplo, el BID apoyó el diseño del modelo de atención del primer centro de día del Instituto Mexicano del Seguro Social, donde el 70 % de las personas participantes tiene demencia, y la atención se brinda en torno a la historia de vida y las preferencias de cada usuario.
Poner a la persona en el centro significa mirar más allá del diagnóstico y entender sus necesidades, preferencias y entorno. Los centros de día pueden contribuir a ese objetivo ofreciendo apoyos que favorezcan el bienestar y la autonomía de las personas con demencia y, al mismo tiempo, brindando apoyo y acompañamiento a sus familias y personas cuidadoras.
No partimos de cero. Las experiencias de la región y de otros países ofrecen aprendizajes concretos para avanzar hacia servicios de cuidado de la demencia más accesibles, integrados y centrados en las personas. El BID trabaja con los países para llevar estos aprendizajes a la práctica y ampliar el acceso a este tipo de atención.
¿Quieres saber más? Mira la grabación completa del seminario, coorganizado por el BID, Alzheimer's Disease International (ADI) y la CEPAL.
Un agradecimiento especial a Marco Stampini (BID), Diego Aguilar (ADI) y Simone Cecchini (CEPAL), quienes realizaron aportes muy valiosos durante el seminario virtual.