- El manejo integral del fuego (MIF) en la Amazonía reduce el riesgo de que ocurran grandes incendios forestales descontrolados y fortalece la resiliencia socio-ecológica de las comunidades y sus territorios.
- Los proyectos del BID impulsan la gobernanza y el fortalecimiento de las capacidades regionales, contribuyendo a una gestión del riesgo más coordinada y efectiva frente al riesgo de los incendios forestales.
- La integración de saberes indígenas con la ciencia y la tecnología genera soluciones culturalmente pertinentes y sostenibles para la gestión del paisaje amazónico.
Los incendios forestales en la Amazonía se han intensificado en los últimos años como resultado de eventos climáticos extremos y de presiones crecientes sobre el territorio que plantean riesgos críticos para la biodiversidad, los medios de vida y la resiliencia de muchas comunidades. Frente a esta realidad, resulta cada vez más evidente que las respuestas reactivas o basadas en la supresión del fuego son insuficientes para enfrentar un fenómeno complejo y en expansión.
El Manejo Integral del Fuego (MIF) propone un cambio de paradigma al reconocer que el fuego no es solo una amenaza, sino también una herramienta cultural y ecológica cuando se utiliza de manera planificada y consciente. Los saberes ancestrales de los pueblos indígenas y de las comunidades locales, han demostrado ser fundamentales para prevenir incendios forestales, gestionar el paisaje y fortalecer la resiliencia territorial en la Amazonía.
En este contexto, el BID, a través del programa de coordinación regional Amazonía Siempre, acompaña a los países amazónicos en la transición hacia enfoques más integrales, inclusivos y culturalmente adaptados para la gestión efectiva del fuego. A través de cooperación técnica, alianzas regionales y el apoyo a iniciativas como la Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego (RAMIF), el BID impulsa la integración del conocimiento tradicional, la ciencia y las políticas públicas para avanzar hacia una Amazonía más resiliente y sostenible.
Los incendios forestales en la Amazonía se han intensificado debido a los eventos climáticos severos y las actividades humanas, alcanzando niveles sin precedentes en los últimos años. Sequías extremas, como las que sufrieron los países amazónicos durante 2023 y 2024, y el récord de superficie quemada en Brasil y Bolivia en 2024 reflejan una creciente vulnerabilidad regional que afecta no solo a áreas que históricamente sufren estos incendios, sino también a otras regiones como la Amazonía andina. Esta zona, que incluye áreas de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela, esencial para la biodiversidad global y el sustento de más de 24,5 millones de personas, enfrenta amenazas constantes por la expansión agrícola, la minería ilegal y la deforestación, que entre 2001 y 2020 provocaron una pérdida forestal superior a 98.000 km.
La agricultura y la ganadería extensiva impulsan el uso del fuego para cambios drásticos en el uso del suelo, lo que agrava las sequías e incrementa el riesgo de nuevos incendios al reducir la capacidad de retención de humedad del suelo. Las poblaciones más afectadas son los pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades tradicionales, que dependen directamente del bosque para sobrevivir. A pesar de avances como los sistemas de alerta temprana para múltiples amenazas naturales, la gestión del riesgo de incendios sigue siendo esencialmente reactiva, con escasa coordinación y sin un enfoque integral adaptado al contexto biocultural, territorial y ecológico de la Amazonía andina.
El MIF reconoce que el fuego no es solo una amenaza, sino también una herramienta cultural y ecológica. Integrar los conocimientos de ecología y los saberes tradicionales en la gestión del paisaje fortalece la resiliencia comunitaria y mejora la eficacia de las estrategias de prevención de incendios forestales descontrolados.
El MIF combina la prevención y la supresión de incendios con la comprensión de los atributos clave del fuego en los ecosistemas —ecología del fuego— y las necesidades e impactos socioeconómicos en las comunidades (cultura del fuego).
Esto evidencia la necesidad de que las decisiones se realicen acorde con los contextos ecológicos, socioeconómicos y culturales de los territorios donde ocurren los incendios forestales o de los cuales están siendo excluidos (Myers, 2006).
Comprender la “cultura del fuego” implica reconocer el valor cultural, social y práctico que el fuego tiene para los pueblos indígenas y las comunidades locales tradicionales. El fuego ha sido un aliado en la gestión del paisaje cuando se utiliza de manera planificada y responsable e implica reconocer que la gestión de los incendios forestales no puede basarse únicamente en enfoques reactivos o en enfoques legales de estricta prohibición de su uso. Gestionar el fuego tampoco significa permitirlo indiscriminadamente, sino decidir de manera informada cuándo, dónde y cómo usarlo, en función del pronóstico meteorológico, del contexto del territorio y de los beneficios o riesgos socio-ecológicos asociados.
En este marco, la quema controlada o prescrita es un fuego planificado y de baja intensidad, realizado bajo condiciones específicas para imitar incendios naturales y beneficiosos. Su objetivo es mantener regímenes del fuego ecológicamente adecuados y reducir el riesgo de incendios forestales de gran magnitud. Además, estas quemas contribuyen a la regeneración de pastos naturales, al reciclaje de nutrientes del suelo y a la protección de la vida silvestre.
En la Amazonía, este uso tradicional del fuego tiene una raíz ancestral y durante siglos ha sido una herramienta de manejo del paisaje y seguridad alimentaria para las comunidades. Aunque estas prácticas fueron prohibidas durante décadas, hoy comienzan a ser reconocidas y reguladas. El vínculo entre fuego y fenología en territorios indígenas es profundo: los pueblos indígenas usan el fuego observando cuidadosamente los ciclos estacionales de plantas y animales, aplicándolo en el momento exacto en que el ecosistema responde mejor y la seguridad alimentaria está garantizada. En los ecosistemas dependientes del fuego, la quema controlada crea barreras naturales o cortafuegos que ayudan a frenar la propagación de incendios devastadores durante la estación seca.
Marceleide Mota, una brigadista indígena de la Brigada Kumoruora (Brasil), reafirma esta visión ancestral: "El fuego es bueno. Nos da vida. Pero hay que saber usarlo bien”. En su testimonio resalta el fuego como una herramienta vital que, usada con conocimiento y adaptada a la nueva realidad climática, contribuye a un manejo más eficaz, respetuoso y sostenible del territorio.
De forma similar, el jefe indígena Saúl Vega Samuel, vicepresidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE-Asháninca), lo resume así: "El fuego es mi hermano, está conmigo desde mis abuelos y estará con mis nietos.” El líder indígena también añade que, en el marco de su estrategia PAAMARI (“Fuego”), ya se vienen implementando acciones de análisis de riesgo, prevención, preparación, respuesta y restauración, con el objetivo de llegar a 2030 con cero incendios forestales en su territorio.
El uso tradicional del fuego ha sido históricamente marginado en los marcos de gestión ambiental.
En este contexto, proyectos de Brigadas Indígenas en Brasil (IBAMA-PREVFOGO), Colombia (DNBC) o Perú (PAAMARI “Fuego”) se presentan como ejemplos exitosos con resultados tangibles, buscando integrar saberes indígenas, tecnología y el manejo integrado del fuego contemporáneo.
Rodrigo Falleiro, experto del Ministerio de Pueblos Indígenas de Brasil, destaca que, a pesar de siglos de técnicas modernas, “faltan referentes claros que reconozcan y apliquen los saberes ancestrales acumulados durante miles de años.” Falleiro hace referencia al caso de Brasil y al proceso de transición de políticas de “fuego cero” a “Manejo Integral del Fuego”.
Uno de los aspectos a destacar en este proceso es la sistematización de más de 700 aportes indígenas, aplicando su conocimiento ancestral de uso del fuego en más de 20 millones de hectáreas mediante quemas prescritas. Una década después, como se muestra en la siguiente figura, los resultados son contundentes: reducción significativa de incendios forestales de gran magnitud en los territorios indígenas que han trabajado en el manejo integral del fuego junto con el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de Recursos Naturales Renovables (IBAMA), el Centro Nacional para la Prevención y Combate de Incendios Forestales (PREVFOGO) y otras instituciones del gobierno.
La Amazonía enfrenta una encrucijada crítica. El cambio de uso del suelo y los eventos climáticos extremos amenazan con llevar al bioma a puntos de inflexión ecológica irreversibles, lo que exige reconocer e integrar los saberes ancestrales en las políticas públicas para avanzar hacia una gestión integral, inclusiva y sostenible del fuego.
Incorporar la cultura del fuego en el MIF implica un cambio de paradigma: de verlo como enemigo a entenderlo como parte del paisaje y de la vida comunitaria, basado en el diálogo intercultural, el respeto por los conocimientos locales y la adaptación de las políticas públicas (ver figura).
Frente a estos desafíos, los países amazónicos están dando pasos importantes como la conformación de la Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego (RAMIF), impulsada por la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). La RAMIF emerge como un espacio clave para articular esfuerzos regionales con el objetivo de fortalecer la cooperación entre los países amazónicos para prevenir, monitorear y enfrentar los incendios forestales, integrando tecnología, saberes tradicionales y conocimiento científico.
En ese marco, iniciativas impulsadas por GIZ (CoRAmazonia), FAO (FiRe), Amazonía+, Red Tropenbos, a los que se sumó el BID a través de una cooperación técnica regional “Fortalecimiento de Gestión de Incendios Forestales en la Amazonía Andina”, han unido esfuerzos en un proceso que busca fomentar:
- El diálogo entre conocimientos técnicos y tradicionales.
- La inclusión de mujeres y jóvenes en la gestión comunitaria del fuego.
- La gobernanza territorial adaptativa.
- La valorización del fuego como herramienta ancestral, espiritual y ecológica.
Ya se han organizado tres encuentros regionales en Perú, Colombia y Brasil, con la participación de representantes de pueblos indígenas, comunidades tradicionales, científicos y funcionarios del sector público vinculados al manejo integral del fuego.
Los pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades locales tradicionales de la Amazonía nos invitan a cambiar el paradigma del “supresión o combate” por el de la convivencia y el cuidado con el fuego. Algunos de sus mensajes:
- El fuego es un amigo, una memoria viva de la tierra, es un bien común: parte de la solución, no del problema.
- El fuego cultural protege, produce y equilibra el territorio. Regula la vegetación, previene plagas, restaura suelos y se adapta a los ciclos de la naturaleza.
- Se debe revitalizar el manejo tradicional del fuego, revalorando la identidad, el conocimiento ancestral y la sabiduría tradicional.
- Los pueblos indígenas son guardianes de los bosques, del fuego, y del clima de la Amazonía, pero los recursos rara vez llegan directamente a ellos.
- En los territorios amazónicos, las comunidades practican el manejo cultural del fuego con conocimiento y cuidado.
Fortalecer el MIF con enfoque intercultural no solo protegerá los bosques y a quienes los habitan, sino que abrirá el camino hacia una Amazonía más resiliente, justa y viva.
Desde el BID, junto con socios estratégicos como GiZ, la FAO, la Unión Europea, COSUDE y la Red Tropenbos, acompañamos los esfuerzos de la Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego (RAMIF) de la OTCA para poner en valor la cultura del fuego como un pilar fundamental en los esfuerzos de los países amazónicos para gestionar el riesgo in-crescendo de los incendios forestales, fortaleciendo un enfoque de manejo integrado del fuego.
Palabras clave:
Gestión de Riesgo de Desastres