- El Niño es un fenómeno recurrente, pero con impactos desiguales. En América Latina y el Caribe el fenómeno tiende a experimentar sequías prolongadas en el Corredor Seco Centroamericano y los Andes, lluvias extremas e inundaciones en las costas del Pacífico Sur, y olas de calor e incendios forestales en la Amazonía.
- La preparación temprana reduce pérdidas, pero sigue siendo el principal desafío. Anticipar, invertir en resiliencia y proteger los servicios esenciales es clave.
- El aprendizaje colectivo es clave para 2026–2027. El webinar “Monitoreo, perspectivas y preparación ante un potencial El Niño 2026–2027” impulsa el intercambio de información, la coordinación intersectorial y acción anticipada.
El calentamiento cíclico de las aguas del océano Pacífico vuelve a poner a América Latina y el Caribe (ALC) frente a un desafío conocido, pero nunca idéntico: el fenómeno de El Niño. Caracterizado por el aumento de la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico tropical central y oriental, este fenómeno ocurre, en promedio, cada dos a siete años, con tendencia a alcanzar su máxima intensidad entre diciembre y enero.
En este contexto, el BID cumple un rol clave al apoyar a los países de la región en traducir información de riesgo en decisiones de política, inversión y preparación que protejan a las personas y aseguren la continuidad de los servicios esenciales. Junto con socios regionales como Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) y Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), impulsamos herramientas, conocimiento y espacios de coordinación para fortalecer la acción anticipada frente a eventos como El Niño.
Con ese objetivo, la pregunta central hoy es ¿qué anticipan los pronósticos más recientes para 2026? y ¿qué implican para la preparación de la región?
El océano Pacífico está enviando señales claras: El Niño está empezando a formarse frente a las costas de Ecuador y Perú, las temperaturas del mar se mantienen por encima de lo normal y bajo la superficie, una masa de agua cálida, con anomalías de hasta 3°C, avanza hacia el centro del Pacífico. La atmósfera también está respondiendo a este calentamiento de manera característica. Cuando el océano y la atmósfera se "sincronizan" de esta forma, los científicos pueden declarar oficialmente un evento El Niño, algo que podría ocurrir en los próximos meses si la tendencia actual continúa.
Con él, se anticipan en los próximos meses déficits de lluvia que podrían derivar en sequía en Colombia, Perú y el sur de Chile. El calor más intenso, con temperaturas que podrían superar hasta 2.5°C lo normal para la época, se concentraría en el centro de Brasil, la costa de Colombia, Ecuador y Perú, y partes del este de Bolivia. En el norte de Perú y el noroeste de Brasil, se esperan lluvias por encima de lo habitual, con riesgo de inundaciones y deslizamientos.
Por el momento, no hay suficiente evidencia para afirmarlo. Actualmente, la probabilidad de que el evento alcance intensidad extrema en el siguiente semestre se mantiene en un 20%. Sin embargo, los eventos pasados de El Niño, incluso aquellos de intensidad moderada o débil, muestran que sus impactos son recurrentes y diversos. Mientras los países de la costa del Pacífico, como Perú y Ecuador, suelen enfrentar lluvias intensas ocasionando inundaciones y deslizamientos, otras zonas como el Corredor Seco de Centroamérica, la Amazonía o el Cono Sur tienden a experimentar sequías severas, estrés hídrico que conlleva a pérdidas agrícolas significativas. Incluso dentro de un mismo país, los efectos pueden variar considerablemente entre regiones, reflejando diferencias en exposición, vulnerabilidad y capacidad de respuesta.
En América del Sur, esta variabilidad quedó en evidencia en eventos pasados. Desde 1950, los tres “súper niños” (1982–83, 1997–98 y 2014–16) alcanzaron picos del Índice Oceánico de El Niño (ONI, por sus siglas en inglés) superiores a 2.2°C. Sin embargo, sus impactos humanitarios y económicos divergieron notablemente en registros oficiales. El Niño de 1982–1983, provocó 1,656 muertes, afectó a más de 1,69 millones de personas y generó pérdidas estimadas en US$ 3.600 millones. Sin embargo, solo el 14% de los desastres vinculados reportaron pérdidas económicas en los registros EM-DAT. De forma similar, el Niño de 1997–1998 registró 1.240 muertes, afectó a 855.000 personas y ocasionó daños por US$ 853 millones. De manera similar, únicamente el 27% de los desastres vinculados reportaron pérdidas. En contraste, y luego de esfuerzos en fortalecimiento de preparación y respuesta, El Niño de 2014–2016 mostró una reducción significativa en la mortalidad (460 muertes) aunque los impactos siguieron siendo elevados: 579.000 personas afectadas y daños estimados en US$ 2.000 millones.
Estos antecedentes evidencian cómo las mejoras en preparación y respuesta pueden reducir las pérdidas humanas, aun cuando los daños económicos continúan representando un desafío significativo para la región.
Prepararse para El Niño significa anticiparse y reducir sus impactos antes de que ocurran. Algunas prioridades clave para América Latina y el Caribe incluyen:
1) Conocer el riesgo e invertir donde el riesgo es mayor
No todos los territorios ni sectores enfrentan el mismo nivel de riesgo. Contar con información climática y evaluaciones cuantitativas de riesgo permite identificar las zonas y los activos más expuestos, y priorizar inversiones donde El Niño genera mayores pérdidas esperadas.
En este sentido, el CIIFEN pone a disposición un servicio de información que ofrece una síntesis útil y oportuna para tomadores de decisiones, planificadores, agricultores, pescadores, actores del desarrollo, medios de comunicación, científicos y la población en general. Este servicio integra fuentes relevantes para analizar los efectos climáticos asociados a El Niño y La Niña (fenómeno opuesto al de El Nino, causando el enfriamiento de las aguas del océano Pacífico Oriental), desde una perspectiva regional enfocada en el Pacífico Oriental y América Latina, facilitando una toma de decisiones más informada y basada en riesgo.
2) Pasar de la respuesta a la acción anticipada protegiendo los servicios esenciales.
Integrar los pronósticos climáticos en la planificación fiscal, sectorial y territorial permite activar medidas preventivas, por ejemplo, gestión del agua, mantenimiento de infraestructura crítica o refuerzo de servicios de salud, antes de que se materialicen los impactos.
En esta línea, UNDRR co-lidera a nivel global y regional la iniciativa Early Warnings for All (EW4All), cuyo objetivo es garantizar que todas las personas estén protegidas por sistemas de alerta temprana multiamenaza, integrales y centrados en las personas. EW4All busca garantizar que la información de riesgo no se quede en la predicción, sino que se traduzca en decisiones oportunas y acciones tempranas que protejan vidas, medios de subsistencia y servicios esenciales. UNDRR apoya a países de la región en la integración de los sistemas de alerta temprana en la política pública y mecanismos financieros innovadores para su implementación.
En el BID trabajamos para pasar de la respuesta a la acción anticipada, priorizando la resiliencia en sectores clave para proteger los servicios esenciales. Para ello, utilizamos herramientas de planificación y priorización de inversiones, que ayudan a traducir información de riesgo en decisiones concretas para planificación sectores como agua y saneamiento, energía, transporte y salud. Nuestro enfoque pone en el centro la continuidad de los servicios esenciales, combinando infraestructura física resiliente con sistemas digitales y operativos capaces de seguir funcionando durante eventos extremos. Visita nuestras herramientas en RiskHUB.
3) Fortalecer capacidades locales y coordinación interinstitucional.
La gestión efectiva del riesgo requiere gobiernos locales preparados, sistemas de alerta temprana, sistemas de protección social adaptativos y mecanismos claros de coordinación entre sectores, niveles de gobierno y actores humanitarios.
Nuestro programa regional, Preparados y Resilientes en las Americas, reflejan este enfoque integral: articular capacidades técnicas, financieras e institucionales para anticipar riesgos, proteger servicios críticos y avanzar hacia una resiliencia sistémica y sostenida en ALC.
Con el 92% de probabilidad de que se desarrollen condiciones cálidas en el Pacífico en el siguiente trimestre, El Niño no es una posibilidad lejana: es un escenario altamente probable. Lo que aún no sabemos es su intensidad. Y precisamente por esa incertidumbre, la pregunta más importante no es cuán fuerte será, sino qué tan preparados estaremos cuando llegue. Las lecciones del pasado muestran que invertir en preparación, información y resiliencia no solo reduce pérdidas humanas y económicas, sino que también protege el desarrollo, la estabilidad fiscal y el bienestar de millones de personas en ALC.
Con este objetivo, el BID, UNDRR, y CIIFEN/CRC-OSA invitan a participar en el webinar “Monitoreo, perspectivas y preparación ante un potencial El Niño 2026–2027”, que se realizará el viernes 29 de mayo de 2026, con interpretación simultánea en español, inglés y portugués.
Fortalecer el monitoreo, el intercambio de información y el aprendizaje intersectorial es clave para transformar a El Niño de una crisis recurrente en una oportunidad para mejorar la gestión del riesgo. Participar en este webinar es una oportunidad concreta para anticiparse y tomar mejores decisiones frente a El Niño 2026–2027. Regístrate aquí
Palabras clave:
Gestión de Riesgo de Desastres