• Las remesas hacia América Latina y el Caribe alcanzaron un nuevo récord en 2025, impulsadas por un fuerte crecimiento en la mayoría de las subregiones, con México como principal excepción.
• En 2026, las remesas siguen creciendo, aunque a un ritmo más moderado, a medida que comienzan a diluirse las condiciones excepcionales que explicaron el aumento del año pasado.
• La evolución durante el resto del año dependerá en buena medida de la participación laboral de las personas migrantes en Estados Unidos y de la dinámica de los tipos de cambio en la región.
Las remesas hacia América Latina y el Caribe (ALC) alcanzaron un récord de US$173.733 millones en 2025, lo que representa un aumento del 7,3% con respecto a 2024, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) basadas en datos oficiales de bancos centrales y oficinas de estadística (véase el Recuadro 1). Las cifras preliminares de 2026 sugieren que el crecimiento continúa, aunque a un ritmo más moderado.
Buena parte del aumento de 2025 respondió a un comportamiento excepcional de los migrantes ante un contexto de incertidumbre en torno a las políticas migratorias: envíos adicionales financiados con ahorros, más horas trabajadas y una mayor preocupación por sostener el ingreso de los hogares en los países de destino de las remesas.
En 2026, el margen para ese tipo de crecimiento se ha reducido: los ahorros disponibles se agotan tras varios envíos extraordinarios, las horas trabajadas por quienes permanecen empleados no pueden crecer indefinidamente y el aumento de la fuerza laboral femenina en Estados Unidos no alcanza a compensar la caída de trabajadores masculinos, como veremos más adelante.
Recuadro 1. Fientes de datos sobre remesas
La información concerniente a 2026 publicada aquí se basa en datos oficiales reportados por 14 países acerca de los flujos recibidos durante el primer trimestre (en algunos casos, hasta abril) y estimaciones para los otros 9.
Los países con información actualizada disponible para el primer trimestre son Bolivia*, Brasil*, Chile, Colombia*, El Salvador*, Guatemala*, Haití, Honduras*, Jamaica, México*, Paraguay, Perú, República Dominicana* y Surinam, que representan el 89% del flujo total de remesas a la región.
Las cifras de los países que todavía no difundieron sus números oficiales del primer trimestre (Argentina, Guyana, Uruguay, Ecuador, Belice, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, y Trinidad y Tobago) surgen de una estimación propia, con base en la serie histórica de datos y las correlaciones con los otros países de la región.
* Datos disponibles hasta abril.
El cierre de 2025 confirmó la lectura de noviembre
En noviembre de 2025, con datos hasta agosto, el BID proyectó que las remesas hacia la región alcanzarían US$174.426 millones al cierre del año. El dato oficial definitivo fue de US$173.733 millones, 0,4% por debajo de esa proyección. El crecimiento no fue homogéneo: 2025 fue un año de fuertes contrastes entre países y subregiones.
Centroamérica fue el principal motor del crecimiento regional, con remesas que aumentaron 20,1% y llegaron a US$55.546 millones. Honduras registró el mayor incremento, con 27,1%, seguida por Panamá (20,0%), Costa Rica (19,6%), Guatemala (18,7%), Nicaragua (18,2%) y El Salvador (17,8%). Belice tuvo el aumento más bajo, con 1,9%.
El Caribe creció 10,8%, 1,6 puntos porcentuales por encima de lo proyectado en noviembre. Haití registró un aumento de 22,2%, mayor a las proyecciones previas, en parte por una corrección de la serie de datos de su banco central. República Dominicana, principal receptor de la subregión, creció 9,3% tras recibir US$11.866 millones. Jamaica y Trinidad y Tobago tuvieron aumentos menores: 3,8% y 3,1%.
Sudamérica creció 9,7% y alcanzó US$35.322 millones. Paraguay registró el mayor aumento, con 34,3%, un dato que también incorpora una revisión de su banco central, seguido por Ecuador (18,2%) y Colombia (10,6%). Las remesas hacia la Argentina cayeron 13,4% respecto de 2024, mientras que Brasil y Bolivia cerraron con contracciones leves, de 0,5% en ambos casos.
México fue el caso más relevante de 2025, no solo por su peso relativo (es el mayor receptor de remesas de la región y el segundo a nivel mundial, solo detrás de India) sino porque se apartó de la tendencia general de crecimiento: recibió US$62.472 millones, una caída de 3,9% respecto de 2024. El informe de noviembre atribuyó esa contracción a la comparación con los picos de 2024, cuando las variaciones del tipo de cambio habían incentivado envíos extraordinarios; a la reducción de la fuerza laboral mexicana en Estados Unidos; y a los cambios en la composición de esa fuerza laboral. Aun así, México concentró el 36% del total regional.
La primera parte de 2026 muestra un cambio de ritmo
Los datos disponibles para los 23 países incluidos en este análisis muestran una desaceleración general de la tasa de crecimiento respecto de 2025. Ese desempeño no muestra, por ahora, un efecto significativo del impuesto de 1% a ciertas remesas enviadas desde Estados Unidos, vigente desde el 1 de enero de 2026. El primer trimestre muestra un crecimiento de 5,7%: las remesas siguen aumentando, pero a tasas más reducidas que el año pasado y que el promedio de la última década.
Cuadro 1. Remesas hacia América Latina y el Caribe por subregión
Millones de dólares estadounidenses y tasa de crecimiento
| Subregión | T1 2025 | T1 2026 | Tasa de crecimiento T1 2025–T1 2026 |
| Sudamérica | 8.221,7 | 8.686,4 | 5,7% |
| Centroamérica | 12.422,2 | 13.553,4 | 9,1% |
| Caribe | 4.934,9 | 5.225,6 | 5,9% |
| México | 14.379,5 | 14.753,3 | 2,6% |
| Regional | 39.958,2 | 42.230,7 | 5,7% |
Fuente: elaboración propia con datos de los bancos centrales, institutos de estadísticas y estimaciones del BID.
México se recupera lentamente
México registra un crecimiento de 2,6%, según los datos hasta abril de 2026. El cambio frente a la caída de 3,9% de 2025 es relevante, pero el ritmo sigue siendo bajo, no solo frente a su trayectoria histórica sino también al 5,7% de la región en su conjunto. La recuperación sugiere que el caso mexicano no responde únicamente al efecto base de la comparación con un 2024 excepcional, sino también a una menor participación de trabajadores mexicanos en el mercado laboral estadounidense, en parte compensada por la apreciación del peso, que impulsa los envíos de las familias que aún dependen de estos recursos. A pesar de su tamaño, México no arrastra a la región a una caída en 2026, pero limitará la tasa agregada de crecimiento.
Centroamérica mantiene el mayor crecimiento
Centroamérica sigue siendo la subregión de mayor expansión. Su crecimiento de 9,1% en el primer trimestre de 2026 se mantiene alto frente al resto de América Latina y el Caribe, aunque queda lejos del 20,1% de 2025, cuando el impulso estuvo asociado a respuestas de corto plazo, como el uso de ahorros, que empiezan a agotarse. Honduras encabeza el crecimiento, con 14,4%. Guatemala, que concentra el mayor volumen, crece 8,0%; Panamá, 10,6%; Costa Rica, 10,4%; Nicaragua, 7,5%; El Salvador, 6,8%; y Belice, 1,0%. La subregión seguirá impulsando el crecimiento regional en 2026, de manera más moderada.
Suramérica combina recuperación y persistencia de caídas
Suramérica registró un crecimiento agregado de 5,7% en el primer trimestre de 2026, inferior al 9,7% de 2025, aunque la desaceleración fue menos marcada que en Centroamérica. El cambio más visible fue Brasil: tras cerrar 2025 con una leve caída, pasó a liderar el crecimiento suramericano, con un aumento de 11,0% en el primer trimestre. También crecieron Guyana (9,2%), Ecuador (7,5%), Uruguay (5,3%), Colombia (5,1%), Perú (4,3%) y Paraguay (3,2%), mientras que Chile avanzó apenas 0,1%.
La Argentina y Bolivia cayeron 8,8% y 0,3%, respectivamente. En la Argentina, la estabilización del mercado cambiario y la eliminación de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo redujeron los incentivos para enviar más allá de los gastos fijos del hogar; en Bolivia, la incertidumbre cambiaria sigue afectando el valor de los flujos en dólares. La subregión no muestra un patrón homogéneo, y su transición del salto de 2025 a la moderación esperada en 2026 luce más gradual que en el resto de la región.
El Caribe desacelera, con Haití como principal excepción
El Caribe registró un crecimiento anual de 5,9% en el primer trimestre, muy por debajo del 10,8% de 2025. Haití mantiene el mayor crecimiento de la subregión, con 12,0%. República Dominicana, principal receptor, crece 4,2%; Jamaica, 4,1%; y Trinidad y Tobago, 2,1%. La subregión mantiene una trayectoria positiva, aunque con menor impulso, sostenida en buena medida por Haití y por la estabilidad de los envíos a los demás países.
La fuerza laboral migrante en Estados Unidos y perspectivas para el resto del año
En los primeros meses de 2026, los cambios en la participación de los migrantes de la región en el mercado laboral de Estados Unidos ayudan a explicar la tendencia hacia tasas de crecimiento más bajas que en años anteriores.
Según el Current Population Survey de la Oficina del Censo de Estados Unidos, el tamaño promedio de la fuerza laboral migrante mexicana en ese país cayó en 730.000 trabajadores en los primeros cuatro meses de 2026 frente al mismo período de 2025: unos 710.000 hombres y 20.000 mujeres.
La fuerza laboral del resto de la región, en cambio, creció en torno a 360.000 personas en el mismo período, sobre todo por la incorporación de mujeres: unas 280.000, frente a 80.000 hombres. Los países cuyas diásporas mantuvieron o ampliaron su participación en el mercado laboral estadounidense conservan tasas de crecimiento de remesas más altas.
De todas maneras, el comportamiento de las remesas no sigue de manera mecánica la evolución del empleo migrante. Pese a la disminución de los trabajadores mexicanos y al crecimiento moderado de los del resto de la región, el flujo agregado sigue aumentando, en parte porque la apreciación de varias monedas latinoamericanas frente al dólar reduce el monto en moneda local que reciben los hogares, lo que lleva a los migrantes a enviar más para proteger ese poder adquisitivo.
El empleo migrante y el tipo de cambio son, por lo tanto, los dos factores principales que moldearán los flujos en lo que resta del año. Como muestra México, cambios específicos en el origen nacional o la composición por género de la fuerza laboral pueden producir trayectorias muy distintas, y un episodio cambiario que eleva los flujos un año puede generar efectos de base al siguiente.
En un entorno de depreciación del dólar como el actual, con el peso mexicano un 15% por encima de su nivel de enero de 2025 y 10 de 13 países de tipo de cambio flexible con apreciaciones desde entonces, los migrantes tienden a aumentar sus envíos en dólares para mantener su valor en moneda local. Si el dólar se estabiliza, ese efecto podría agotarse y la contracción de la fuerza laboral pasaría a primar como factor, con un crecimiento de las remesas aún menor.
El escenario base para 2026 combina crecimiento y moderación. Las remesas seguirán aumentando y probablemente alcanzarán un nuevo máximo, pero el margen para repetir el salto de 2025 es menor: los envíos financiados con ahorros pierden peso y el aumento de horas trabajadas encuentra límites, de modo que el tamaño de la fuerza laboral migrante vuelve a ser el determinante principal.
El nuevo récord debe leerse con cautela. Los cambios en las tasas de crecimiento no modifican lo que las remesas significan para millones de hogares de la región, pero la capacidad de seguir acelerando hoy parece más acotada.