- La región de América Latina y el Caribe ha avanzado en participación laboral y educación, con más trabajadores y mayor preparación.
- Pero, persisten desafíos estructurales: informalidad, bajos ingresos y empleo en sectores de baja productividad.
- Adicionalmente, la adopción tecnológica y el envejecimiento exigen reformas para crear mejores empleos y mercados laborales más dinámicos.
De cada 100 centavos que entran en los hogares de América Latina y el Caribe, más de 80 provienen de ingresos laborales. El empleo es un motor de crecimiento, tanto para la región como para las personas. La pregunta es: ¿cómo está funcionando ese motor?
En esta entrada, basado en nuestro libro Hacer que el Mercado Laboral Funcione: Mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe, próximo a publicarse, presentamos un diagnóstico del mercado laboral en la región en las últimas tres décadas: lo que hemos avanzado, dónde nos hemos estancado y los desafíos que tenemos por delante. La conclusión es que el empleo ha aumentado en la región, pero serán necesarias reformas para responder a los desafíos relacionados con la calidad del empleo, la automatización y el envejecimiento poblacional.
Entre 1991 y 2024, la fuerza laboral en la región –es decir, la población en edad de trabajar que esta empleada o activamente buscando empleo– creció de 66% a 70%. Este aumento estuvo impulsado, en gran medida, por la mayor participación laboral femenina, que pasó de 49% a casi 60%.
En paralelo, el acceso a la educación también aumentó. Hoy, los trabajadores cuentan con niveles de escolaridad más altos que nunca. Entre 2006 y 2024, la proporción de trabajadores con secundaria completa pasó de 39% a 56%, y con educación universitaria de 11% a 16%.
Estos avances han sido fundamentales para el crecimiento del PIB per cápita en la región. Sin embargo, en la última década han comenzado a mostrar señales de desaceleración y el crecimiento económico no ha sido lo suficiente alto para elevar la calidad del empleo.
1- Más allá del desempleo. El desempleo ha disminuido de 8% a casi 6% entre 1995 y 2024. Sin embargo, este indicador no captura completamente las limitaciones del mercado laboral. Muchos trabajadores empleados quisieran trabajar más horas, pero no consiguen más oportunidades adicionales; son los llamados subempleados. Otros, conocidos como “desalentados”, se rinden y abandonan la búsqueda. Cuando se suman el desempleo, el subempleo y los trabajadores desalentados, la brecha entre la cantidad de personas que quiere trabajar más y no puede, llega al 13,5% de la fuerza laboral ampliada. Esta cifra es más del doble que en Estados Unidos. En 1995, esta brecha era del 15% lo que refleja avances, aunque aún insuficientes.
2- Menos de la mitad de los trabajadores tiene un empleo formal, con acceso a seguridad social. La formalidad laboral ha aumentado del 38% al 46% entre 2004 y 2024. Sin embargo, el avance ha sido más lento en el sector privado, donde la formalidad paso de 35% a 39%, con señales claras de estancamiento en la última década. Las causas varían, pero las consecuencias no: en muchos países, esto significa no tener cobertura médica, no contar con una jubilación ni con una protección ante imprevistos que puedan impactar el ingreso.
3- El empleo de América Latina se concentra en actividades de baja productividad. El 46% de los trabajadores son independientes o trabajan en empresas pequeñas, con cinco empleados o menos. En otras palabras, casi la mitad de los empleos se concentran en actividades con menor capacidad de crecimiento y generación de ingresos, y esto no ha cambiado en las últimas tres décadas.
Más allá de estos indicadores, el dato del mercado laboral que más le importa al trabajador es simple: ¿cuánto dinero llega a su casa? Desafortunadamente, el ingreso real promedio —es decir, ajustado por la inflación, incrementó apenas 18% entre 1995 y 2024. Esto equivale a cerca de la mitad del crecimiento de los países de la OCDE, donde el ingreso real registró un aumento de más del 30% en el mismo período.
Si bien la pobreza laboral está en sus niveles más bajos desde 1995, 1 de cada 6 trabajadores todavía no gana lo suficiente en su trabajo principal para salir de la pobreza monetaria, y las mujeres aún presentan una tasa de pobreza laboral mucho más alta que la de los hombres.
A estos desafíos estructurales se suman dos tendencias que ya están transformando los mercados laborales. La primera es tecnológica: la exposición de las ocupaciones a la automatización y a la inteligencia artificial aumentará de forma significativa en los próximos años reconfigurando la demanda de habilidades y la forma en que se organiza el trabajo.
La segunda es demográfica: la región envejece a un ritmo acelerado. A partir de 2027, la población en edad de trabajar comenzará a disminuir, poniendo fin a ese impulso de crecimiento que durante décadas provino de la expansión de la fuerza laboral.
En el Día del Trabajo, desde el BID reforzamos nuestro compromiso de apoyar a los países de América Latina y el Caribe en la construcción de mercados laborales más dinámicos y resilientes, en alianza con el sector privado, para que el crecimiento económico se traduzca en mejores oportunidades y mayores ingresos para las personas.
Aprovechar esta oportunidad requiere avanzar en tres frentes clave: en sistemas de protección social que alcancen a todos los trabajadores, en regulaciones que protejan sin excluir y en políticas que impulsen la productividad y faciliten una mejor asignación del talento. Solo así será posible abrir el camino hacia empleos de mayor calidad y un crecimiento más sostenible en la región.
¿Cómo podría la región avanzar hacia mercados laborales más productivos? Muy pronto publicaremos el informe Hacer que el Mercado Laboral Funcione: Mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe, que presenta propuestas concretas de políticas y soluciones. Suscríbete a nuestra comunidad para mantenerte al tanto.