- El BID ha publicado una nueva versión de la Base de datos de instituciones políticas (DPI), una referencia de vanguardia sobre el funcionamiento de las instituciones y los sistemas políticos en hasta 180 países.
- La base de datos evalúa los controles y equilibrios, el mandato ejecutivo, la estructura legislativa y otros factores fundamentales relacionados con las instituciones políticas y los resultados electorales.
- Algunos investigadores han utilizado esta nueva base de datos para arrojar luz sobre cuestiones fundamentales para las democracias, incluida la polarización política.
Se acaba de publicar una nueva edición de la Base de Datos de Instituciones Políticas (DPI), un conjunto de datos transnacional destinado a analizar el funcionamiento de los sistemas políticos en todo el mundo, que pone de manifiesto los crecientes desafíos a los que se enfrentan las democracias.
Alojada y financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde un equipo de expertos coordina y supervisa la recopilación de datos, se encarga de su difusión y brinda orientación intelectual, la DPI constituye una de las bases de datos más completas de su tipo. Evalúa los controles y equilibrios de poderes, la duración del mandato ejecutivo y la afiliación partidaria, así como la ideología y la estructura y composición del poder legislativo en hasta 180 países.
La última edición, que abarca hasta 2023 y que se ha compilado en colaboración con el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), amplia el alcance de la DPI a 50 años de datos internacionales sobre instituciones políticas y resultados electorales, al tiempo que provee evidencia sobre temas de relevancia académica y de discusión pública como la polarización política.
Investigadores que utilizaron este nuevo conjunto de datos descubrieron que la polarización política en América Latina y el Caribe ha aumentado, impulsada cada vez más por dinámicas de «establishment frente a actores externos» en lugar de por la ideología.
Evaluación de las democracias en un momento crítico
Dada la intensificación de las reacciones adversas hacia la globalización y el sentimiento global de pérdida de soberanía cultural y estabilidad económica, la nueva edición resulta especialmente oportuna. Mientras algunos expertos advierten sobre un retroceso democrático, otros pierden la esperanza ante la intensificación del rechazo, la desconfianza o la distancia ideológica entre individuos y grupos en las sociedades.
Entre muchos otros índices que incluye, la DPI aborda estas y otras cuestiones, poniendo de manifiesto la concentración de diversos partidos en el poder legislativo de un país, la probabilidad de que dos legisladores elegidos al azar pertenezcan a partidos diferentes y la distancia ideológica entre el partido en el poder y los partidos de la oposición. Todas estas mediciones están relacionadas con la polarización y son de gran utilidad para los investigadores.
Polarización en América Latina
A partir de esos datos y otras fuentes, Horacio Larreguy del ITAM y Ernesto Tiburcio de Tufts University concluyen que la polarización ha aumentado en América Latina, donde son habituales la creciente desconfianza, las distorsiones en la percepción de los hechos y el estancamiento legislativo.
Esta polarización no siempre es ideológica. Como señalan los autores, los partidos de la región suelen tener una orientación ideológica cambiante. Las tradicionales divisiones ideológicas desempeñan ahora un papel menor, a medida que la competencia política se centra cada vez más en el sentimiento antisistema y en candidatos que se posicionan en contra de las élites políticas. Sin embargo, a medida que se pone en tela de juicio el consenso democrático; se están afianzando la inestabilidad política, el debilitamiento de los controles institucionales y el creciente dominio del poder ejecutivo, especialmente en aquellos países donde las garantías democráticas ya de por sí son frágiles. Las razones de esto no están del todo claras. Sin embargo, los autores señalan como posibles causas las "cámaras de eco", alimentadas por las redes sociales; los medios de comunicación sesgados, y los mensajes cada vez más polarizantes de las élites políticas.
La preocupación por la polarización suele ir de la mano de la percepción de un retroceso democrático. De hecho, existe la creencia generalizada de que el autoritarismo gana terreno en todo el mundo. Sin embargo, en este aspecto, hay un rayo de esperanza. Los datos objetivos, como los que figuran en la DPI, no parecen respaldar las afirmaciones de que, en general, el mundo se encamina hacia una deriva antidemocrática. Los expertos en análisis de datos —académicos, especialistas en la materia y otros observadores— suelen argumentar que se está produciendo una regresión de los valores democráticos, y los artículos académicos sobre el tema han aumentado en los últimos años. Pero, como lo sostienen Andew Little, de la Universidad de California, Berkeley y Anne Meng de la Universidad de Virginia, “la afirmación que comúnmente se hace de que nos encontramos en un periodo de declive democrático generalizado a nivel mundial no está claramente respaldada por la evidencia empírica”.
A partir de datos sobre elecciones y libertad de asociación extraídos de la base de datos "National Elections Across Democracy and Autocracy" (NELDA) y de la DPI sobre partidos, elecciones y legislaturas, los autores concluyen que, en general, los líderes en el poder y sus partidos no están impidiendo el relevo electoral. Los líderes antidemocráticos pueden intentar mantenerse en el poder prohibiendo los partidos de la oposición, controlando los medios de comunicación y asumiendo las riendas de los entes electorales. Pero, en general, están fracasando en el intento. Además, según los autores, no se ha registrado un aumento generalizado de líderes que intenten eludir los límites de mandato ni un debilitamiento de las normas constitucionales que limitan el poder ejecutivo.
De hecho, a nivel mundial, la DPI indica que el número de países que celebraron elecciones competitivas en 2023 fue el mismo que en 2015. Y, a pesar de las claras señales de polarización en algunos países, en general, los países que celebraron elecciones competitivas en 2015 no estaban más polarizados ideológicamente en 2023 de lo que lo estaban en 2015.
La ventaja de las mediciones objetivas
Todos estos hallazgos apuntan a las ventajas relativas de las mediciones objetivas, como la DPI, frente a las conclusiones más subjetivas de los expertos. Los expertos y otros observadores cercanos están en una posición privilegiada para percibir los cambios en la retórica y detectar signos de estrés en los individuos. Sin embargo, el criterio personal desempeña necesariamente un papel importante, ya que la bibliografía ofrece poca orientación sobre cómo identificar estos cambios y valorar su importancia. En este contexto, los indicadores objetivos resultan útiles para determinar si los cambios son fenómenos pasajeros o precursores de un declive democrático.
En medio de este diálogo constante entre lo subjetivo y lo objetivo, la DPI constituye una herramienta fundamental; sus tres últimas versiones (2015, 2017 y 2020), elaboradas en el BID, han sido utilizadas y citadas en más de 1000 publicaciones académicas. Al ser una de las bases de datos transnacionales más completas para analizar el funcionamiento de la política tanto en democracias como en autocracias, la DPI ofrece información fundamental para responder a las preguntas de los investigadores sobre la salud democrática, incluyendo el liderazgo, la representación, la rendición de cuentas y el diseño institucional. Esto resulta fundamental para evaluar la situación actual de cada país, así como del panorama global. También es fundamental para diseñar medidas correctivas en materia de políticas públicas.
Palabras clave:
Investigación y Desarrollo