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Mejorar vidas a través de mercados más competitivos

Investigación para el desarrollo Mejorar vidas a través de mercados más competitivos El lento crecimiento regional refleja una baja competencia; reformas procompetitivas impulsarían la productividad, los salarios, la inclusión y el desarrollo sostenible. Feb 23, 2026
Improving Lives Through More Competitive Markets
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Datos destacados
  • América Latina y el Caribe siguen atrapados en una “middle-income trap”, con mercados “far too uncompetitive”, donde la concentración es cuatro veces mayor que en economías avanzadas y consumidores pagan en promedio 15% más.
  • El informe muestra cómo “market fragmentation, regulatory distortions, and weak enforcement limit competition”, pero también que reformas que profundicen la integración y fortalezcan agencias de competencia podrían elevar el PIB per cápita en 11% y reducir la desigualdad.
  • Aunque las reformas enfrentan resistencia, “greater competition allows productive entrepreneurs to enter the market, expand their businesses, hire more people, and pay better wages”, impulsando crecimiento, innovación y empleos de mayor calidad.

En las últimas décadas, los países de América Latina y el Caribe ampliaron el acceso a la educación, redujeron la pobreza y fortalecieron la estabilidad macroeconómica y financiera. Sin embargo, pese a esos avances, la región sigue atrapada en una trampa de ingreso medio, con un crecimiento demasiado bajo, niveles de desigualdad persistentemente altos y una productividad agregada insuficiente para alcanzar un sendero de desarrollo y prosperidad más elevado.

En el centro de este problema hay una realidad difícil de eludir: los mercados de América Latina y el Caribe son poco competitivos. La concentración de mercado es cuatro veces mayor que en las economías avanzadas. En muchos sectores, las empresas tienen poder para fijar precios y salarios, lo que debilita la innovación y el dinamismo. En promedio, los consumidores pagan precios 15 % más altos por bienes y servicios que en los países desarrollados. Los trabajadores, por su parte, reciben apenas 50 centavos por cada dólar de valor que generan, frente a 80 centavos en las economías avanzadas. El crecimiento y la productividad quedan así muy por debajo de su potencial en mercados más justos y abiertos.

Las causas de esta falta de competencia —y las reformas necesarias para revertirla— son el eje del libro Desarrollo en las Américas, recientemente publicado por el BID. Apoyado en un nuevo conjunto de indicadores desarrollados por el banco, CompeteLAC, que permite caracterizar el funcionamiento de los mercados en la región, el informe muestra cómo la fragmentación de los mercados, las distorsiones regulatorias y una aplicación débil de las normas limitan la competencia. También documenta cómo los esfuerzos de los gobiernos por profundizar la integración regional, diseñar regulaciones más procompetitivas y fortalecer las agencias de defensa de la competencia podrían generar beneficios sustanciales para empresas, consumidores y trabajadores. De hecho, el informe sostiene que, si las reformas lograran niveles de competencia similares a los de las economías avanzadas, el PIB per cápita sería 11 % más alto y la desigualdad se reduciría de manera significativa.

Los problemas de la fragmentación de los mercados

Un problema claro es la fragmentación de los mercados. Las grandes distancias y la deficiente infraestructura de transporte dificultan que los emprendedores lleguen a sus clientes, accedan a proveedores o adopten nuevas tecnologías. También limitan la movilidad de los trabajadores entre empleos y sectores. Esta baja conectividad reduce la capacidad de nuevas empresas para desafiar a las firmas establecidas con mejores bienes y servicios, y consolida el poder de estas últimas en el mercado laboral. La falta de estándares armonizados y la debilidad de la infraestructura transfronteriza generan efectos similares sobre el comercio internacional. El resultado es una región dividida en mercados pequeños y desconectados, que sofocan la competencia e impiden que las empresas alcancen escala, reforzando el poder de las firmas establecidas para fijar precios y salarios.

La incompatibilidad tecnológica produce otro tipo de fragmentación. En sectores como las telecomunicaciones y los pagos digitales, las empresas dominantes suelen preservar su poder de mercado a través de sistemas cerrados que elevan los costos de cambiar de proveedor y reducen la interoperabilidad. Durante años, en muchos países de la región los usuarios quedaban “atados” a su operador de telefonía móvil, ya que cambiar implicaba perder el número y los servicios asociados. La introducción de la portabilidad numérica permitió conservar el número al cambiar de empresa. Como resultado, la competencia se intensificó: bajaron los precios de los datos, aumentaron los paquetes ofrecidos y surgieron nuevas opciones para los consumidores.

Otro buen ejemplo es el de Uruguay, donde hasta hace poco las instituciones financieras que procesaban pagos con tarjetas de crédito o débito debían operar mediante una sola red. Esto obligaba a los comercios a mantener múltiples contratos si querían aceptar distintas tarjetas. Una reforma permitió que esas instituciones procesaran varias marcas, lo que redujo la concentración del mercado, facilitó la entrada de nuevos actores y dio lugar a innovaciones como mejores herramientas antifraude y liquidaciones más rápidas. El ejemplo muestra cómo reformas bien diseñadas pueden dinamizar los mercados y mejorar los servicios para los consumidores.

Reformas institucionales para fortalecer la competencia

Si los gobiernos desean impulsar la expansión de los mercados, promover la adopción tecnológica y la innovación, y acelerar el crecimiento mediante una mayor competencia, las reformas institucionales son clave. En muchos países de la región, las regulaciones hacen que iniciar o expandir un negocio resulte innecesariamente costoso y complejo. Los sistemas de licencias suelen ser engorrosos y los regímenes impositivos, a veces diseñados para favorecer a las empresas más pequeñas, terminan desincentivando su crecimiento y afectando al conjunto de la economía. Se requieren reformas respaldadas por evaluaciones regulatorias y tributarias basadas en evidencia.

También es indispensable fortalecer las capacidades de aplicación de las leyes de competencia. Las agencias antimonopolio suelen carecer de recursos, independencia y atribuciones legales suficientes, lo que limita su capacidad para sancionar prácticas como la colusión o las fusiones perjudiciales que restringen el acceso a los mercados y dañan el bienestar de los consumidores.

Superar las resistencias a las reformas

Estas reformas necesarias suelen enfrentar la oposición de sectores con fuertes conexiones políticas, que presentan la competencia como una amenaza para el empleo y el desarrollo. Usualmente se argumenta que una mayor competencia podría destruir puestos de trabajo, en particular en las empresas pequeñas. Sin embargo, aunque algunas firmas de baja productividad pueden reducir su tamaño o salir del mercado, una mayor competencia facilita la entrada y la expansión de emprendedores más productivos, que contratan más trabajadores y pagan mejores salarios. A medida que estas empresas crecen, la informalidad se reduce y, entre otros beneficios, aumenta la recaudación fiscal. También se fortalecen la inversión y la innovación. Para avanzar, los gobiernos deben comunicar con claridad estos beneficios y respaldar las reformas mediante la acción legislativa.

Hoy, América Latina y el Caribe exhibe niveles intermedios de productividad, innovación y crecimiento que no reflejan su enorme potencial humano y productivo. Reformas que garanticen una competencia más justa y reduzcan las barreras de entrada para emprendedores creativos podrían modificar estas dinámicas y dar lugar a empleos de mayor calidad y a mejores bienes y servicios. Esperamos que este libro contribuya a delinear el camino para lograrlo.

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