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Cómo las ciencias del comportamiento pueden ayudar a promover un consumo de agua sostenible

Investigación para el desarrollo Cómo las ciencias del comportamiento pueden ayudar a promover un consumo de agua sostenible Los enfoques conductuales pueden reducir el consumo excesivo de agua al abordar sesgos y complementar la regulación con pequeños empujones (nudges) y normas sociales. Mar 30, 2026
Cómo las ciencias del comportamiento pueden ayudar a promover un consumo de agua sostenible
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Datos destacados
  • La escasez de agua está aumentando, incluso en regiones abundantes en agua, lo que hace que el comportamiento individual sea tan importante como la regulación y la infraestructura.
  • Sesgos conductuales como la preferencia por el presente y la falta de atención impulsan el sobreconsumo y limitan el impacto de las políticas tradicionales.
  • La evidencia muestra que intervenciones conductuales, como la retroalimentación, las comparaciones sociales, las opciones predeterminadas y los compromisos, pueden reducir significativamente el consumo cuando se adaptan al contexto.

Durante años, hemos escuchado el mismo mensaje: el agua es un recurso limitado, úsala con responsabilidad. Y, sin embargo, nos resultaba fácil ignorarlo. El agua siempre estaba ahí, y no podíamos comprender del todo la idea de que un recurso tan vasto pudiera agotarse alguna vez. Aunque la escasez de agua viene afectando desde hace tiempo a algunas regiones, en muchos casos de manera grave, esa realidad parecía lejana a nuestra vida cotidiana. Por eso, nuestro comportamiento apenas varió.

Sin embargo, en los últimos años, dicho problema se ha vuelto mucho más difícil de ignorar. Incluso América Latina y el Caribe, una región con abundantes recursos hídricos, ha sufrido intensas sequías. Esta situación ha generado inquietud en la ciudadanía y ha impulsado a los gobiernos a buscar soluciones.

El papel del comportamiento en el consumo sostenible de agua

La mayoría de las estrategias existentes para enfrentar el consumo excesivo de agua se han centrado en medidas estructurales y marcos regulatorios, como mecanismos de fijación de precios, inversiones en infraestructura y restricciones al uso del agua. Sin embargo, lograr un uso sostenible del agua no solo implica comprender la disponibilidad de los recursos hídricos, sino que también requiere un paso crucial: prestar atención a los comportamientos que influyen sobre su consumo. Dado que incluso con regulaciones e incentivos bien diseñados, el éxito dependerá en gran medida de las decisiones que las personas toman, por eso, la economía del comportamiento resulta clave.

Consideremos un ejemplo cotidiano. ¿Alguna vez te propusiste ducharte rápido a fin de no malgastar agua, pero una vez que entraste a la ducha olvidaste rápidamente esa intención? ¿Y solo al terminar te preguntaste, aunque fuera por un instante, cuántos litros gastaste? Lo más probable es que ni siquiera lo hayas pensado.

En este ejemplo encontramos al menos dos sesgos de comportamiento muy conocidos. El primero es el sesgo de presente: aunque tengamos buenas intenciones, el confort inmediato de la ducha pesa más que el beneficio a largo plazo de preservar el recurso. El segundo es la sobrecarga cognitiva: probablemente nuestra mente esté ocupada con muchos otros pensamientos, por lo que es poco probable que asociemos los minutos que pasamos bajo la ducha con los litros de agua consumidos. 

En la práctica, rara vez pensamos en el consumo de agua en tiempo real. Tendemos a subestimar el impacto de nuestras acciones, a pensar que los pequeños comportamientos no suman y a percibir situaciones como la escasez de agua como algo lejano.

Diseñar políticas teniendo en cuenta nuestros sesgos 

En este punto, la economía del comportamiento ofrece una perspectiva útil. Para superar los sesgos cognitivos, es importante diseñar políticas e intervenciones que los tengan en cuenta. Por eso, hemos desarrollado una monografía que explora cómo se pueden aplicar las herramientas de la economía del comportamiento a la gestión sostenible del agua, basándonos en evidencia en la región, así como en otros escenarios internacionales.

En distintos contextos, las intervenciones conductuales han ayudado a superar numerosas barreras para la conservación del agua, utilizando herramientas que cambian la forma en que se presenta la información o introducen comparaciones que influyen en las decisiones de los usuarios. En Costa Rica, por ejemplo, añadir una pegatina llamativa en las facturas del agua, en la que se indicaba a los hogares si consumían más o menos que sus vecinos, redujo el consumo en aproximadamente un 5%. En Colombia, reportes que comparaban el consumo de los hogares con el de vecinos más eficientes lograron una disminución del 6,8%. Por su parte, la campaña Target 140 de Australia combinó la retroalimentación con el establecimiento de metas de consumo, y consiguió una reducción del 28% con efectos que se mantuvieron a largo plazo.

La monografía presenta distintas estrategias conductuales. Algunas, como los ejemplos anteriores, buscan aumentar la conciencia sobre el consumo de agua o aprovechar las normas sociales mediante comparaciones con otros usuarios. Otras promueven compromisos públicos a través de iniciativas comunitarias, o aplican técnicas de pequeños empujones (nudges), como configurar opciones de ahorro de agua como predeterminadas en electrodomésticos.

A lo largo de los diversos casos revisados, la monografía expone una serie de medidas basadas en el comportamiento que pueden orientar el diseño de políticas para fomentar un uso más sostenible del agua.

Intervenciones específicas para cada contexto

La diversidad de América Latina y el Caribe, con diferencias marcadas en infraestructura, acceso a la tecnología y dinámicas sociales, requiere intervenciones adaptadas a las condiciones específicas de cada país o región. La monografía describe intervenciones adaptadas al contexto de cada caso, combinando conocimientos de las ciencias del comportamiento, con estrategias regulatorias y políticas tradicionales, ofreciendo herramientas que pueden ayudar a preservar nuestros recursos hídricos, cuya fragilidad y valor son cada vez mayores, para fomentar un futuro más sostenible.    

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