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Ayudar a los niños pequeños a aprender matemáticas: ¿Deberíamos invertir en los padres o en los maestros?

Investigación para el desarrollo Ayudar a los niños pequeños a aprender matemáticas: ¿Deberíamos invertir en los padres o en los maestros? Un estudio del BID muestra que apoyar a padres y docentes mejora el aprendizaje de matemáticas, pero combinar ambas estrategias no es rentable. Sep 30, 2026
Ayudar a los niños pequeños a aprender matemáticas: ¿Deberíamos invertir en los padres o en los maestros?
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Datos destacados
  • Las habilidades matemáticas tempranas de los niños son esenciales para el éxito educativo y profesional, pero muchos niños de países de ingresos bajos o medios se quedan atrás en el desarrollo de estas habilidades.
  • Los formuladores de políticas públicas han intentado abordar este desafío de aprendizaje mejorando la capacidad de los cuidadores y/o de los docentes para enseñar conocimientos básicos de aritmética, pero hace falta más evidencia para comprender qué estrategia es más rentable.
  • Un estudio del BID en Colombia revela que ambos enfoques mejoran significativamente el aprendizaje de las matemáticas, pero combinarlos no añade beneficios y puede reducir la eficiencia del gasto.
  • Este hallazgo ofrece una lección importante para los sistemas escolares con recursos limitados que buscan diseñar políticas rentables.

Cuando un estudiante empieza a rezagarse en matemáticas, ¿conviene orientar a los padres para que apoyen el aprendizaje en casa o capacitar a los docentes para mejorar la enseñanza en el aula?

Un nuevo estudio del Banco Interamericano de Desarrollo en Colombia (disponible en inglés) ofrece una perspectiva sorprendente: implementar ambos enfoques simultáneamente podría no ser la estrategia más rentable, particularmente cuando las inversiones en maestros y padres están diseñadas para abordar la misma limitación de aprendizaje.

Las habilidades matemáticas tempranas son un indicador muy fiable del éxito académico posterior e incluso de los ingresos en la edad adulta. Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medios, los niños se quedan muy rezagados. En Colombia, solo alrededor del 17% de los alumnos alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemáticas al finalizar la escuela primaria en 2019.

Mediante un ensayo controlado aleatorio, realizado en la ciudad de Manizales, se hizo un seguimiento a estudiantes desde el último año del preescolar hasta el segundo grado para determinar si el apoyo a los padres o la capacitación a los docentes generaba un mayor impacto en el aprendizaje de las matemáticas. Los estudiantes fueron asignados de manera aleatoria a uno de cuatro grupos: un programa de apoyo para padres, uno de capacitación docente, una combinación de ambos o ninguno.

El estudio evaluó estas intervenciones específicas y midió los resultados en matemáticas de los niños hasta el segundo grado.

Dos caminos hacia un mismo destino

La primera intervención se dirigió a los padres durante el verano anterior al primer grado. Las familias recibieron un cuaderno de actividades lúdicas basadas en objetos cotidianos, como clasificar tapas de botellas para contar o poner la mesa para aprender la correspondencia uno a uno. Además, se les enviaron tres mensajes de texto semanales con un dato sobre el desarrollo infantil, un consejo práctico y una nota alentadora.

La segunda intervención capacitó a los maestros de los dos primeros grados de la escuela primaria mediante seis talleres, asesoramiento semanal en el aula y apoyo en línea. La capacitación se implementó de forma escalonada: los docentes de primer grado la recibieron el primer año y los de segundo grado al año siguiente, lo que garantizó que los estudiantes se beneficiaran de docentes mejor capacitados durante dos años consecutivos. La capacitación impulsó a los maestros a dejar de poner énfasis en la memorización mecánica para centrarse en un aprendizaje activo y práctico, conectando las intuiciones matemáticas de los niños con los conceptos formales.

Pese a estar dirigidos a públicos totalmente distintos, ambos programas compartían una misma filosofía: los niños aprenden mejor las matemáticas mediante la exploración activa de patrones y cantidades.

Los programas resultaron efectivos por separado, pero no generaron beneficios adicionales en conjunto

Ambos programas, por sí solos, generaron avances significativos en los resultados de las pruebas de matemáticas en comparación con el grupo de control. La magnitud de los avances fue comparable a la de otras intervenciones educativas exitosas.

El resultado más llamativo fue que, al combinar ambos programas, no se observó ningún beneficio adicional. Los niños que recibieron ambos programas mejoraron más o menos en la misma proporción que aquellos que recibieron solo uno de los programas. En este estudio, los dos programas funcionaron como sustitutos, no como complementos con respecto a los resultados en matemáticas medidos. 

Los avances fueron mayores justo allí donde eran más necesarios: en tareas matemáticas difíciles, como secuencias, ecuaciones y problemas de palabras, donde solo el 26% de los niños del grupo de control respondió correctamente. En este caso, invertir en maestros o en padres produjo una mejora casi igual de grande en las calificaciones de matemáticas, lo que sugiere que fueron particularmente eficaces para ayudar a los niños a desarrollar un pensamiento matemático más avanzado.

En habilidades básicas como la escritura de números, los niños del grupo de control ya respondían correctamente el 87% de las preguntas, lo que dejaba poco margen de mejora en el marco de la intervención.

La decisión presupuestaria

Para los formuladores de políticas públicas que se preocupan por cada dólar gastado, las cifras de costos son reveladoras. El programa para padres costaba solo US$20 por niño, mientras que el programa para maestros ascendía a US$78 por niño; es decir, era aproximadamente cuatro veces más caro. Dicho de otro modo, cada dólar invertido en el programa para padres generó más del triple de aprendizaje que un dólar destinado al programa para maestros. 

Pero los maestros capacitados siguen enseñando a nuevos alumnos año tras año. Al distribuir ese costo entre las cohortes futuras, el programa para maestros resultó ser al menos tan rentable como el programa para padres. Sin embargo, el programa combinado costó más, pero no generó mejoras adicionales en los resultados de matemáticas medidos por el estudio.

Una lección de enfoque

El mensaje central es práctico y algo contraintuitivo: concentrar los recursos en una sola restricción que limita el aprendizaje —ya sea el hogar o la escuela— maximiza el aprendizaje por cada dólar invertido. La razón más probable por la que la combinación no funcionó es que ambos programas abordan la misma restricción subyacente.

Esto no significa que no existan sinergias entre las inversiones del hogar y de la escuela; podrían surgir complementariedades entre habilidades cognitivas más amplias o en horizontes más a largo plazo. Además, un amplio conjunto de investigaciones en materia de educación destaca la importancia tanto de la participación familiar como de la calidad docente, y pueden surgir beneficios adicionales cuando las intervenciones abordan diferentes necesidades, resultados o etapas de desarrollo.

Pero el estudio sugiere que hay una lección clara para los gobiernos que deben decidir con presupuestos limitados: ya sea que se empodere a los padres o se transforme la enseñanza, cualquiera de los dos caminos funciona, y hacer bien una sola cosa puede ser la inversión más inteligente de todas.

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